De huelgas estudiantiles y necedades estúpidas
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Agosto de 2011
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                                                                                                        Dr. Héctor Torriente- Catedrático
Ha dicho un historiador canadiense:
La rebelión juvenil contemporánea clásica...tuvo lugar en ParÃs el 3 de mayo de 1968. Alrededor de quinientos estudiantes que representaban diversos colores del espectro polÃtico, desde el comunismo hasta el anarquismo, se reunieron en el patio principal de la Sorbonne para protestar del cierre de la universidad de ParÃs en el suburbio de Nanterre (decisión que habÃa tomado el decano en vista de las manifestaciones que allà se celebraban y del desasociego reinante). Los estudiantes no eran una masa informe, sino un conglomerado de dirigentes del extremismo francés estudiantil. La mayor parte de la tarde la pasaron discurseando, llamando la atención de los curiosos, de los estudiantes sin afiliación polÃtica y de los grupos estudiantiles derechistas que con anterioridad amenazaron a los radicales con agredirlos fÃsicamente a manera de represalia. (Cantor, N. La era de la protesta. 1973. p. 402).
Lo de "clásica" seguramente se refiere a que todas las protestas estudiantiles universitarias tienen las mismas causas y sus protagonistas los mismos atributos. Sin embargo, no por dicha razón, se debe pasar por alto la importancia sociocultural y polÃtica de cada una de ellas.
La huelga estudiantil universitaria del 2010 del sistema universitario público puertorriqueño ha sido una de trascendencia histórica.  Por mucho superó a aquellos conflictos similares del ParÃs de 1968, el México del mismo año, la de Kent, Ohio en el 1970, y la del 1971 y 1980 de Puerto Rico. Alguien podrá pensar que decir lo que afirmo es un poco aventurero, pero veamos.
Dirigida por un sector de amplia conciencia social, diverso, articulado y de concepciones y acciones auténticamente democráticas, el proceso del 2010 aludido develó una nueva utopÃa de luchas estudiantiles y juveniles. Además de su lógica proyección y simbiosis en las luchas populares y comunitarias del paÃs.
Los caracteres sociales y culturales de la susodicha huelga no tuvieron antecedentes. Y por tanto, estuvieron invisibles en las anteriores. El apoyo amplio de los sectores populares, artÃsticos, comunitarios, sindicales y polÃticos no se habÃa dado con igual magnitud. Incluso, contó con el apoyo de los sectores más alertas del otro partido que se turna el poder colonial, quienes se movilizaron dÃa a dÃa en la lÃnea de piquetes. Dicho apoyo, a mi mejor recuerdo, tampoco se habÃa dado en las huelgas anteriores de nuestro Primer Centro Docente. La excelente labor de los jóvenes comunicadores que cubrieron el proceso, tanto de radio, prensa escrita y televisión, se dejó sentir de manera particular. La mayorÃa de ellos estudiaron en esas mismas aulas y no podÃan hacerse de la vista gorda, ante una situación que no era ajena y que volvÃa a repetirse, desbordándose. ("La colonia es una náusea que se repite hasta el vómito", como ha dicho alguien).
Los nuevos iconos de las culturas juveniles nacionales, tanto los famosos como los no tanto, convergieron tan pronto supieron que sus admiradores de generación necesitaban ese apoyo artÃstico y cultural que las resistencias juveniles y populares convocan.
Las tecnologÃas de comunicación, especÃficamente las nuevas redes sociales, tuvieron el protagonismo principal en esta jornada. Me refiero a que sin esa función virtualmente difusora y globalizadora de las nuevas redes sociales, la huelga no hubiera tenido el relativo éxito que indudablemente tuvo. Y digo "relativo", porque desde el lugar del cual miramos, no podemos negar que el Primer Centro Docente no es ni será jamás lo que fue, después de dicha experiencia huelgaria, que también fue cibernética.
La globalización del conflicto sedujo a los universitarios españoles e ingleses a tirarse a la calle por las mismas motivaciones. De esa manera los estudiantes borincanos pusieron en el mapa global la resistencia universitaria del nuevo siglo y fueron detonante de la de sus colegas alrededor del mundo. En el momento que escribimos, un año después, los estudiantes de Chile se enfrentan al poder neoliberal del gobierno de Piñera, que pretende asaltar su sistema educativo público.
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El pueblo entero tuvo la oportunidad de desbordarse en solidaridad mediante la extraordinaria Marcha Todos Queremos a la UPR. Jamás en 28 años de mi cátedra universitaria habÃa presenciado tanto apoyo de padres, madres, vecinos, amigos  y parientes de toda la isla, venir a marchar y  pregonar su apoyo a los estudiantes en huelga. Asimismo, los campamentos que las diversas organizaciones sindicales, culturales, comunitarias y sociales que ayudaron a resguardar dÃa y noche los portones, durante todo el proceso demostraron su compromiso insobornable con el proyecto de una universidad pública más inclusiva, gartuita y, sobre todo, democrática.
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Claro que hubo errores, desaciertos y metidas de pata por los utopistas durante el trayecto. No faltaba más. Procesos tan complejos, no pueden ser perfectos. Pero en la sumatoria y en el imaginario popular, la lucha estudiantil por la educación pública siempre retuvo la simpatÃa primera. Patadas policÃacas, gases lacrimógenos, empujones, gases pimienta, macanazos eléctricos y citaciones cortesanas se convirtieron, increÃblemente, en detonantes intensivos de resistencia y combatividad estudiantil.
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"La felicidad es la lucha", ha dicho el viejo Marx. Por eso muy pocos nos explicábamos en lo que consistÃa la felicidad que experimentaban los estudiantes cuando tuvieron que dejar la comodidad de sus hogares y el calor de su familia y optar por cerca de dos meses en vela nocturna y cotidiana en barricadas, detrás de los portones de los diferentes recintos. Por eso, no importa que los más incautos pregonen que todo ese esfuerzo fue en vano, pues la victoria la marcó la lucha misma y la resistencia frente a un aparato universitario impuesto desde las más oscuras tramas de un gobierno neoliberal y desarraigado. Que nadie se llame a engaño, los estudiantes universitarios más conscientes han venido resistiendo desde los años 30´ en nuestra universidad y lo seguirán haciendo, mientras consideren que un mejor paÃs y una mejor universidad siempre son posibles.
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A pesar de aquella bondadosa máxima de B. Brecht sobre el valor de los hombres que luchan, aunque sea un poquito, hay que lamentar el agotamiento de colegas que comenzaron la ruta de solidaridad con el proceso y terminaron aliados de forma lamentable con el poder académico impuesto. Éste sabe muy bien que con el ofrecimiento de algunas prebendas de puestos y cargos académicos puede dividir lo suficiente como para causar la disensión y tirantez entre los colegas.
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Los nuevos regentes impuestos, a pesar de la resistencia, tendrán que cargar con la tara de ser borrados y estigmatizados por la academia honesta cuando triunfe la utopÃa, porque la historia siempre la escribe el poder. Su necia obsequedad, dirigida desde lugares remotos y por personajes de cuestionable moralidad en el palacio de Santa Catalina, se impuso mediante la fuerza, la represión y la sinrazón antiuniversitaria. Aquello de "sacar a patadas" de los campus  a estudiantes y profesores, jamás se habÃa escuchado por ningún personero del poder en el pasado.
Desde la óptica de la comunicación cultural, viene al tiro el parafraseo de aquella máxima del luchador antifascista Julius Fucik, cuando decÃa; "Muéstrame un periódico de tu paÃs y te diré cómo está tu paÃs". Hoy podemos decir algo similar pero con la universidad pública como sujeto de dicha máxima.
En última instancia, la huelga universitaria del 2010 y su secuela ha develado, además de todo lo antedicho,  que nuestro Primer Centro Docente no puede ser dirigido por la necedad ni, mucho peor, por la estupidez.
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