Celebremos a un poeta y pintor carolinense
XXV Baquinoquio'
Sábado 18 de septiembre de 2010
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Antiguo Cementerio de Carolina
Por esas calles de RIo Piedras
Pot: Hector Sepúlveda
Siempre que me detengo en el semáforo que interseca la Gándara con la Ponce de León, en Rio Piedras, no puedo dejar de recordar a "El Boquio", de quien tanto y bueno se ha escrito y hablado. Precisamente porque no puedo dejar de mirar hacia donde ubicaba, en los años 70, el famoso café "La Torre". Hoy se yergue allí un arquetipo de Ia modernidad de nuestros tiempos: un "Kentucky Fried Chiken".
ConocI a "El Boquio" a principios de los años 70. Específicamente en "La Torre", cuando se reunía con sus compañeros, poetas y bohemios de Ia generación del 60, en cualquier mesa del café mientras la vellonera tocaba "Natalie", interpretada pot los hermanos Arriagada, de Chile. Debo decir, en honor a Ia verdad, que nunca nos conocimos mutuamente. Es decir, él nunca me conoció, pues yo era apenas un imberbe universitario de algunos 20años y él era ya un intelectual cuarentón que se pasaba filosofando poéticarnente en cualquier esquina de RIo Piedras. (La única vez. que lo vi fuera de nuestra ciudad universitaria fue en una discoteca, propiedad del hijo de nuestro inolvidable Bobby Capó, lidiando con un ataque de hipo). Hoy, para ml, decir RIo Piedras, es decir "Boquio".
Parece que lo veo en todas las esquinas, tanto que puedo parafrasear un poco a Marx y decir: "Un fantasma recorre toda Rio Piedras: el fantasma de ‘El Boquio'."
DE "LA TORRE" A "EL ESTUDIANTE"
No obstante, en realidad, no es necesariamente nuestro poeta-pintor el objeto de estos apuntes; ya han habido muchas y mejores plumas que la mía que han hablado de su inmensidad artIstica-, sino los espacios que tanto amó,sirnbolizados por esas calles riopedrenses tan lienas de todo. Sin embargo, lo cierto es que el café, "La Torre", pareció morir a medida que también moría su bohemio más insigne. Una vez cerró, hubo muchos incautos que caímos en una especie de mezcla de nostalgia y rabia; y perdirnos las esperanzas de que volviera a aparecer un lugar tan popular y poético corno aquél.
Mediante una especie de observación participativa o de participación observadora me fui por esas calles de RIo Piedras, durante varias noches del mes de diciembre para ver lo que había. Para mi fue una experiencia maravillosa, ya que hacla cerca de 20 años que habIa abandonado Ia bohemia. Fue de esta manera que descubri "El Estudiante"; que no es otra cosa que una ‘Torre" para estudiantes de estos tiempos. Aunque, a decir verdad, se parece tanto a aquél que siempre que puedo acudir me topo con los mismos "jóvenes" de los 70 y los adultos de los 60; encodificando casi exactamente el mismo discurso: "que la música ya no es la misma; que los jóvenes no son iguales; que hoy a nadie le gusta la poesla, etc."
Cualquier cantante frustrado va allí con su guitarra a entonar canciones de los 70; aquellas de Silvio o de Roy Brown o de cualquier cantautor de aquella generación protestataria que hoy parece que solo existe en Cuba. En cambio en Puerto Rico nos ha arropado -maldita sea- esa cosa que comenzó en yankilandia: la industria de la nostalgia. Sin embargo, pienso que "El Estudiante" rnismo es una contradicción a eso; una especie de signo postmodernista, pues patentiza el pasado en el presente; de que no hay que estar ni tristes, ni nostálgicos por nada. Da fe de que un gran sector de nuestra generación joven de hoy sabe revivir aquellos espacios espectaculares de ayer, quizá con tanto calor y gusto a café puertorriqueflo.
Todo esto fue precisamente lo que pensé en varias ocasiones que acudI el pasado diciembre a esta nueva ‘Torre",donde volví a vivir la alegría aquella de mis 70. Lo único que eché de menos fue a mis dos entrañables amigos de la adolescencia, Charlie y Elías, y, obviamente, la figura de El Boquio", pensando y fumando en un rincón. Alli degusté unas cuantas "Medallas' con el poeta y bohemio sempiterno, Eric Landrón, con un revolucionario profesional, como Leon y me reí a mandíbula batiente con el mejor humorista que he conocido desde José Miguel Agrelot; mi compueblano Abel Montes. Compartí también con estudiantes extraordinanios de Comunicación, tanto varones como mujeres, que a decir verdad, son los que dan sabor particular a "El Estudiante", pues hablan por un tubo y siete ilaves, bailan rnejor que los trompos y vacilan que se acabó. (Lo mismo cantan un rock en español de Franco de Vita o Ricardo Montaner, como tarnbién se tiran un ramillete de canciones de los Panchos y Los Condes). Es verdad que uno ilega a extrañar la vellonera de La Torre. No obstante, en El Estudiante, está disponible a todos una pequeña radiola y discos del ayer para hacemos acompañar de los recuerdos y aquella bohemia sin par del pasado. El Cobo, su dueño, un jIbaro del barrio Zarzal de Rio Grande, es querido y respetado por todos, aunque parezca que, a veces, le cuesta regalar una sonrisa. Su jibarismo "castao" lo explicita todos los diciembres cuando en plena acera prepara un cajón de bloques muy ingenioso donde procede a asar el lechón tradlicional para obsequiarle a sus cientes en lo que constituye su Fiesta de Navidad, que extiende a todos los que all se detienen.
Pero, no todo fue tan ameno. Nada, lo de siernpre: todo el mundo alguna vez se ha encontrado a un puertorniqueño que, por los palos que tiene en la cabeza, se cree más patriota que nadie. Siempre he condenado, aunque no se puede evitar, que el puertorriqueño hable de política cuando está borracho. (Esto con todo el respeto que se merece toda esa gente humilde que le encanta tomar y que gusta de pegar en el parachoque trasero de su auto un letrero que dice: "los borrachos somos gente decente.")
Además de estos incordios que uno siempre se encuentra en todos lados, no podia faltar la policIa que, al filo de la madrugada, siempre hacía su aparición. Como en todos los paIses nuestros, la policía parece que se hizo para interrumpir el proceso hacia la felicidad de la gente, sobre todo si se trata de jóvenes que pueden ser responsables de sus propios actos y pero que una vez se emborrachan, son capaces de cualquier locura. Y me pregunto: De dónde se saca ésta que los jóvenes borrachos son más desastrosos que los adultos en el mismo estado?
Pienso lo anterior porque nunca he sabido que la policía va a reprimir a los adultos que beben- y vacilan hasta la madrugada. Sin embargo, siempre tienen que aparecerse por esos lugares donde la juventud acude a disfrutar hasta la amanezca, como el Viejo San Juan y "El Estudiante". Es verdad que el lugar ya no da abasto para dar cabida a tanta gente que acude, especialmente los jueves en la noche. Tanta que cierran los autos la avenida y la gente se sitúa en la caile y acera con su cerveza y su tertulia. Sin embargo, dentro de todo pareció haber habido una intención de vigilancia política. Pues mucha gente en Rio Piedras sabe, que El Estudiante es un nido de independentistas y rebeldosos de todos los colores, que acuden allí especialmente los jueves en la noche, bajo las banderas de Puerto Rico y Lares que ondean orgullosamente en el comité del Partido Nacionalista, sita en segundo piso del edificio.
Apenas a 25 metros de nuestro lugar, en la avenida Universidad, existe otro rincón compuesto por un billar, "El Ocho de blanco" y una licoreria, aledaña a un lugar de juegos de video. Precisamente, un sábado en la noche, que parece ser el día más flojo de El Estudiante acudí a dicho lugar. Recuerdo que, uno o dos días antes, la radio nos participaba la triste noticia de la muerte de Chucho Navarro, co fundador del famosísimo trio Los Panchos.
LOS PANCHOS Y UNA GUITARRA
Ese sábado en la noche, tuve que parar en dicha licorerla, pues encontré mucho movimiento. Sin embargo, cuando me bajo ‘ acudo a consumir algo, las caras con las que me topo nunca las he visto en El Estudiante. Son otras creo que distintas. Dos de ellas lograron que me quedara un buen rato. Se trataba de este muchacho que ya conoclarnos desde los 70 como uno de los gays más famosos de RIo Piedras; y este otro, ya casi en sus cincuenta, que un poco dulzón, se empeñaba en cantar a capela canciones de Los Panchos. (Yo no pude evitarla sensación de recordar mi adolescencia y la vellonera del barrio en donde me crié y aprendi a cantar con tin muchacho algo mayor que yo. Ironlas nos juega la vida. Ese niismo muchacho luego se hizo policla y aparecló varias veces cumpliendo su función en mi carpeta. Nunca ie he recriminado absolutamente nada de aquello. Siempre que acudo al mismo barrio, en donde todavIa vive la vieja, sigo buscándolo y recordando nuestros momentos de berreo y correrias de bohemias felices). Por tal razón se me salia el eco detrás del tarareo del borracho y a veces Io corregía con toda is buena intención del mundo. No fueron pocas las veces que mezclaba canciones de Los Panchos con las de nuestra Sylvia Rexach, inventando versos y paiabras. Aiguien con ínfulas de comediante se nos unitó Parece que era muy amigo o frecuentador dci lugar; pues comenzó a hacer chistes y bromas con una produccitn extraordinaria que hacla casi mearme de la risa.
Creo que fue éi mismo quien sugirió al borracho que buscara la guitarra y se pusiera a cantar mejor. Parece que nuestro amigo bromista conocía las dotes de músico del borracho y ahora lo retaba para que nosotros conocléramos sus habilidades con el instrurnento. Ni corto ni perezoso el borracho desapareció del lugar para iuego volver en rnuy poco tiernpo con su gultarra. No sé porqué, pero en menos de medio minuto comenzó a entonar bastante bien, y dirigida al amigo gay, la famosa canción: "Jamás, jamás, jamls" de Los Panchos:
"Si quieren separar muestro destino
ya rnunca me verán en tu camino..."
Pero, después de terminada Ia cancón, sucedió un enojo de nuestro amigo gay con el bromista de marras, supuestamente porque éste había dicho aigo que le disgustó. Después de pedir excusas a nuestro amigo y de éste asegurarie que éi no habia sido el culpable de su enojo, todo pareció quedar ahI. De todas maneras, aquel incidente me alertó un tanto y decidí continuar mi noche de ronda.
"LOS COMPADRES" Y LOS DOMINICANOS
Asl fue que fui a parar, ya de madrugada, ai barrio riopedrense pot exceiencia: Capetilio. Ese espacio tan cerca tan lejos de nuestra Universidad. Una vez all no puede uno evitar detenerse en "Los Compadres", una especie de bar de maia muerte, pero con un olor a libertad extraordinario. Yo habla ilegado después del gran bembé. Lo mismo le sucedió a TavIn Pumarejo, "Hlgado de ganso", y a Nydia Veiázquez quienes también se allegaron hasta ci lugar. Lo único que quedaba era una barra llena de borrachos y un biliar jugado por un puertorriqueño y una mujer dominicana. Sucedió que ella le ganó la mesa en buena lid. Luego ambos desaparecieron del lugar, imagino, a reanudar otro juego en otra parte.
Me acerqué a la barra y un hombre dominicano, bastante bebido, empezó a hablarme incoherencias. Pidió una cerveza ai mismo tempoque yo pidiera la mla. Cuando nos hubieron servido él dijo que yo pagaba y el puertorriqueflo al otro lado de la barra montó en cólera sin esperar mi respuesta y le exigí que él pagara lo que habla pedido. Me sentí incómodo por aquel incidente, pues io que percibi fue una especie de prejuicio racista del puertorriqueñoo hacia nuestro hermano dominicano. Esto me llevó a las siguientes reflexiones: tanto Memmi como Fanon hablan del desdobiamiento del colonizado en la personalidad del coionizador. Muchos puertorriqueios, quiéranlo o no, se han contagiado con el virus del racismo norteamericano. Olvidan estos incautos blanquitos que lo que hacen ellos con los dominicanos humildes y trabajadores que llegan a nuestras playas es exactamente io mismo que hacen los norteamericanos WASP con los puertorriqueños desde mediados de este siglo en los EE.UU... Cierto es que hay dominicanos indeseabies en nuestro pals; pero también hay puertorriqueños de la misma calaña. Además nosotros no somos los únicos que hacemos chistes de otros nacionaies. También en Miami los cubanos se vacilan a los puertorriquenos y casi en toda America Latina se burian constanternente de nosotros por nuestra relación "curiosa" con los EE.UU. y por nuestro español híbrido y fonéticarnente "defectuoso" según ellos. La alternativa es sencilla, aunque a iargo plazo: si queremos detener las burlas que hacen de nosotros, debemos nosotros hacer lo propio con las que hacemos de nuestros hermanos caribeños y latinoamericanos. En última instancia, recomiendo a estos puertorriqueñoos blanquitos que si no pueden evitar el discrimen contra los dominicanos en nuestro país, que desistan de ser los norteamericanos del Caribe y se atrevan a ser, al menos, los caribeños de Norteamérica.
De lo anterior, pienso: qué dirla El Boquio de todo esto, de toda esta situación; qué poema o cuadro pintaría? De una cosa estoy seguro: él seguirla frecuentando esos recovecos de Río Piedras, seguiría bohemiando con sus amigos poetas y trasnocheros, sin importar mucho las nacionalidades, aunque deseando, claro está, la hermandad y ia solidaridad de nuestra caribeñidad latinoamericana.
Pot esa misma razón, siempre que entro a El Estudiante, veo a al Boquio sentado en una esquina, con la pierna cruzada, su camisa arremangada, su inseparable cigarnilo, sus impenetrables gafas negras, su trago sobre la mesa y pareciendo contar una hilera interminable de duendes interplanetarios...
El autor es profesor en is Escuela de Comunicación, UPR.
Tornado de: CIar idad 18 al 24 de marzo de 1994.
El cartel alusivo al XXV Baquinoquio será diseñado por ci artistaJuan Ibáñez Blondett.
lwuyot dijo
Nice article. Hope to read such beautiful words again. Would you help to promote my blogs?
25 Noviembre 2010 | 10:09 PM