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Pensar Comunicación

Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.

22 Septiembre 2009

Comunicación y colonialidad. Mestizaje que incomoda *

 

 

 

 

Mayo de 09

 

 

                                                                                                                                             Por Héctor Sepúlveda**

Crítica a la crítica

"¿Por qué es tan difícil que los periodistas nos entiendan cuando hablamos del periodismo? ¿Por qué no podemos escribir nada acerca de esa profesión sin tener que justificarno?... ¿Por qué quienes detentan casi un monopolio de la difusión masiva de la información no toleran el análisis de los mecanismos que rigen la producción de la información y, menos aun, la difusión de la menor información al respecto?...¿Quién negó jamás que hubiera eminentes periodistas más bien del lado de los periodistas de encuesta y de investigación que de los editorialistas o animadores?...¿Por qué los más sensibles e íntegros de los periodistas, inquietos por la imagen real e ideal del periodismo, defienden al conjunto de la profesión y por lo tanto a los más indefendibles...de sus colegas?"

            Las interrogantes anteriores no son mías, aunque hubiera querido. Pierre Bourdieu, reflexionó de esa manera entre los ensayos que recogen su último trabajo que nos llega traducido como, Pensamiento y acción (2002). En dicho texto, entre otras cosas, hace una crítica visceral del periodismo de su país, Francia, especialmente el del espectáculo televisivo y sus desencuentros con el trabajo de los intelectuales, como él mismo. Para Bourdieu, el periodismo se analiza más desde la posición del mediador, del periodista, que de las condiciones mercantiles de la producción de las industrias mediáticas y culturales. El periodismo aparece como un 'campo', esto es, como un universo con autonomía, cuyo capital simbólico, su identidad profesional, le reviste de una ética y una función social que no se corresponde con la conducta de la propia práctica profesional.

            No parecen estas reflexiones de Bourdieu muy ajenas a las que se pueden hacer sobre el periodismo en otros países, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, me interesa reflexionar sobre los desafíos que se le presenta a la prensa en particular, y a la comunicación social en general, en estos tiempos en que todo lo sólido parece desvanecerse en el aire (Bergman 2004), en lo que respecta a su contribución para construir una mejor sociedad, léase su carácter utópico. Cuando hablamos de lo sólido nos referimos a las luchas materiales que hay que dar, más allá de las simbólicas, para construir y patentar la participación auténtica de los sujetos sociales en la diversidad de la sociedad que se ufana de ser pluralista, como la puertorriqueña.

            Así pues, si hacemos un ejercicio parecido al de Bourdieu, hay espacio para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo dialoga la comunicación hoy en PR con su propio trabajo y con otros campos?¿Qué puede esperar el pueblo perceptor del trabajo de los comunicadores sociales en su lucha cotidiana contra los vendavales de las políticas oficiales de exclusión, discriminación y vasallaje? ¿Cuál es la expectativa que tienen los consumidores mediáticos de su representación a través del trabajo de la información, aún proviniendo dicho trabajo del espacio privado? Y, por último, ¿Cuál es la utopía, que se propone desde el espacio del pensamiento mediacional una vez se expide la crítica del déficit, de las fallas?

            Hoy lo comunicacional parece diluirse en otros campos y el mayor desafío, tanto para los profesionales como por los intelectuales mediáticos, parece ser el de distinguirlo y rescatarlo. Bourdieu (1990) diría que el sociólogo es sociólogo porque lo es y no sólo porque hace sociología. De la misma manera todo el que hace comunicación no es comunicador ni menos comunicólogo. Es necesario el entrenamiento y compromiso con la investigación en la disciplina para merecer uno u otro título. Y más aún con la agenda de fiscalización del poder producto de  una investigación responsable.  Heriberto Muraro (1988) le añadía a la comunicación, el compromiso con la agenda de cambio y la construcción de utopías. Pero no sólo se trata de la reconstrucción de las utopías de otros tiempos, sino las que aparentemente emergen desde la convocatoria cultural. El desafío grande que se le presenta al comunicador social va por ahí: contribuir con la producción de sus textos a elevar el nivel cultural de sus públicos, apartar la paja del trigo y no caer en la chapuza o chapucería- como dicen en Borinquen- del relato vulgar, "light", fácil y sensacionalista. Es decir, ofrecer a  sus públicos vías alternas de educación y liberación cultural (Fernand Terrou., 1971) en su negociación con lo comercial y pedestre. Me refiero, claro, a la prensa y la comunicación en general como parte de la industria de la cultura.

            Si algo detona desde el 9-11 es la urgencia de la inclusión de las culturas discriminadas, vejadas y olvidadas en la convocatoria consensual de la democracia planetaria. 

            Otro desafío utópico que hay que enfrentar- aunque en verdad, siempre estuvo ahí- es detener las fuerzas que atentan a favor de lo que Mattelart (2008) llama "reducción de la democracia". Un patriota estadounidense del siglo 18, Jefferson, llegó a decir, "prefiero un país sin gobierno a uno sin periódicos". Pareciera que lo que implicó fue que la democracia es un ejercicio, una práctica cotidiana y ciudadana y no una forma de gobierno. Es decir, la democracia hace a los gobiernos y no a la inversa. No puede ser dirigida sino vivida y compartida. Es la comunicación la ficha más importante en ese juego gramsciano porque es la que principalmente se encargará de vigilar, denunciar y contribuir a enjuiciar a esas fuerzas que impulsan la agenda de la reducción de la democracia. Y en lo que nos compete, hacer lo propio con esos poderes capacitados de mucha estupidez política que se confabulan con sus pares de cristiana estupidez para adelantar engendros tales como la discriminación de género y la exclusión y marginación de los sectores más pobres de la convocatoria social (Sepúlveda, 2005).

            Y había que decirlo: 

            "no puede haber diversidad cultural sin diversidad mediática. Mas, no puede haber  políticas culturales sin políticas de comunicación. Y recíprocamente" (Mattelart, 2008)

            Por ello es obvio el desafío para los comunicadores sociales en su negociación con el poder; investigar la diversidad cultural del país, fomentar su respeto e inclusión y abogar y presionar desde las luchas materiales y simbólicas para que el poder haga lo propio.

 La mirada del otro

            Hay académicos de otros saberes que subestiman el trabajo de la comunicación mediática en nuestra democracia, tanto en su forma como en su contenido. Sobre todo el del periodismo comercial, que no pocas veces se autoerige como representante de la opinión pública, léase del pueblo. Esto no es nuevo. Muchos de estos académicos no pueden entender la aparente contradicción que reside en representar lo público desde lo privado (Recuérdese aquí la polémica del exgobernador Rosselló con Danilo Arbilla, éste último directivo de una asociación de dueños de periódicos, en la que, lamentablemente el gobernador anexionista le ganó la polémica, meramente con gritarle que era él el auténtico representante del pueblo y no la prensa del país. Argumento este último que defendía Arbilla). He ahí uno de los grandes desafíos privilegiosos de la prensa y la comunicación social en nuestras democracias- aunque sean éstas coloniales- vigilar y aprovechar las oportunidades que se presenten para asumir la representación popular, aunque sus intereses los dicte el capital privado. Para ello, a mi juicio, se necesitan tres ingredientes por lo menos e inseparables; la honestidad, la capacidad y la valentía. La primera, para no caer e los peligros del relato por encargo o la corrupción del pensamiento. La segunda, porque la investigación para develar el misterio requiere la competencia o formación que trascienda la mera curiosidad. Y la valentía, porque los objetos o personajes investigados muchas veces vienen armados con todo el poder.

Combatientes mediáticos en la colonialidad           

            Recuerdo en este espacio de capacidad, honestidad y valentía mediáticas a aquellos comunicadores sociales más emblemáticamente ejemplares de PR: Evaristo Izcoa Díaz, Nemesio Canales, Juan Antonio Corretjer, César Andréu Iglesias, Néstor Concepción, y el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez.

            Izcoa Díaz fue el primer periodista puertorriqueño encarcelado y vejado, tanto por el régimen colonial español como por el estadounidense, prácticamente por el mismo delito; publicar en su periódico editoriales que condenaban la colonialidad de uno y otro régimen. Al día siguiente de la invasión de la marina de guerra estadounidense a Borinquen publica en su periódico, La Bomba, el editorial, ¿Bandidos o soldados?, el cual le costó un tiempo detrás de los barrotes (Picó 1988).

            Canales es el primer periodista puertorriqueño formado en los EEUU que viene al país a combinar su carrera de abogado con la práctica del periodismo durante el primer cuarto del siglo 20 en PR. Origina un estilo único en el periodismo puertorriqueño que mezcla magistralmente lo popular (coloquial) con lo culto, mediante unas dosis de humor e ironía que, a la fecha de hoy, no ha podido ser igualado en la prensa escrita puertorriqueña. Además,  es también el primer periodista que hace profesión de fe comunista en la prensa, en pleno régimen estadounidense durante el periodo mencionado. Su texto más emblemático, Paliques, recoge las primeras columnas cultas, humorísticas y populares del periodismo puertorriqueño.

            Juan Antonio Corretjer, antes de erigirse como poeta nacional por los sectores más alertas puertorriqueños, fue militante y dirigente nacionalista y socialista. Fue también editorialista en la prensa comercial y fundador de quincenarios, donde desde sus profundas reflexiones históricas, sociales y culturales marcó a toda una generación de las luchas estudiantiles de los años 60 y 70 en PR.

            Andréu Iglesias, es quizás el mejor discípulo o seguidor del poeta. Desde uno de los mejores periódicos puertorriqueños de la segunda mitad del siglo xx, El Imparcial, origina el periodismo literario puertorriqueño, primero que los que comúnmente se le adjudica tal movimiento. Novelista premiado por la primera institución cultural puertorriqueña, El Ateneo, desarrolló una columna de alta lectoría popular y en la que se atrevió a fiscalizar implacablemente al gobierno de más poder y sin oposición significativa en la colonia; el gobierno de LMM. Además fue organizador y delegado sindical y fundador del Partido Comunista Puertorriqueño (PCP). Su texto, Cosas de Aquí, todavía no constituye texto obligado en los cursos de periodismo en ninguno de los currículos de comunicación en PR, lamentablemente.

            Ernesto Concepción es el primer periodista encarcelado por la modernidad política puertorriqueña en los años 70­. Sólo porque se negó a revelar la fuente de una información que publicó y que involucraba al gobierno anexionista de turno. Por lo tanto es el primer ejemplo de lo que sería la valentía de la comunicación frente al poder político anexionista en PR.

            Finalmente, el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez representan quizás el primer ejemplo de un trabajo periodístico colectivo sobresaliente de la prensa en PR. La mejor investigación periodística que ha realizado esa profesión en PR y muy difícil de igualar. La misma probó, fuera de toda duda razonable para el pueblo, que el gobierno anexionista, capitaneado por Carlos Romero Barceló, conspiró, tramó y ejecutó el entrampamiento y asesinato de dos jóvenes independentistas en un monte de la sierra puertorriqueña. Lamentablemente su brillante investigación no produjo el resultado final que todos esperaban: el enjuiciamiento y condena del personaje principal de la infamia, el gobernador anexionista mencionado, quien todavía transita impune por nuestras calles y le regalan espacio en los medios cuando quiere. Pero si probó esta investigación que los discípulos anexionistas del poder colonial estadounidense han aprendido más de sus chapuzas que de sus ejemplaridades.

Empresa mediática y colonialidad                

            En el caso de la empresa y su prédica, muchas veces comodín, de representar al pueblo, no parece haber otra salida de interpretación que el forcejeo que se daría entre poder y poder. Es decir, más allá de la responsabilidad individual del comunicador, la empresa también puede asumir ese espacio de representación toda vez que el poder político se aleja del cumplimiento de su proyecto electoral y sea denunciado por la prensa y, de esa manera, se puede erigir en la voz de las mayorías defraudadas. Creo que fue el maestro Martín Barbero que hablaba de aprovechar esos "intersticios de representación" de parte de las mediaciones.

            Existe una justificación universal popularizada de los errores que reza; "nadie es perfecto". Pero también hay errores muy costosos. Y si suceden en el trabajo comunicacional, todavía peor. Siempre he sostenido- y perdón a mis estudiantes por la necedad- que trabajar con la información no es un trabajo cualquiera, y mucho menos desde la colonialidad.

 Digitalidad y Ubicuidad: la resurrección del autor

            Hoy el comunicador social en general, y el que trabaja con la información en particular, se enfrenta al desafío más seductor, pero también más delicado. Mediante las tecnologías digitales se convierte sin querer en representante transcultural. Pues la internacionalización de los textos comunicacionales se produce casi gratuita y obligadamente en el escenario preludiado por McLuhan (1967). El desafío no es otro que escribir para un nuevo sujeto seducido por un mundo en que se prima lo audiovisual, lo hipertextual y lo multidimensional o convergente. Y no resulta de poca importancia la representación cultural que se le presenta al comunicador de cada entorno y espacio nacional. Pero para los comunicadores puertorriqueños resulta doble el desafío, dada la esquizofrenia en el debate de nuestra identidad nacional.

            Hoy asistimos también a una especie de paradoja barthesiana (1977), a la resurrección del autor. Ya el comunicador social no cabalga solitario por las vigilancias e interpretaciones de la realidad. Las tecnologías digitales permiten al lector conectado o al transeúnte digital transformarse en autor, escritor, mostrador, interpretador e interlocutor con la realidad misma que le rodea, sin esperar que el profesional de la comunicación le cuente algo o nada. El ciudadano se convierte en autor de sus propios textos participando espontánea y momentáneamente en el ciberespacio bloguero. Se convierte también en vigilante del orden social y cultural con su tecnología móvil en el bolsillo, la que desenfunda para denunciar, grabar e intervenir desde el lugar mismo de los hechos. Ya traspasó aquello del periodista con fichas de teléfono de Eco, como también se le ha escabullido a la vigilancia exclusiva del Hermano Grande, de Orwell. Es decir, el estado moderno no tiene la exclusividad de la vigilancia de sus ciudadanos, sino que sabe que estos lo vigilan igual o de forma más efectiva, por lo menos en las democracias supuestamente más abiertas. Y en las que no el ciudadano se las arregla para vigilar e informar desde la clandestinidad, de lo que hace o deja de hacer el poder.

 Camino a la utopía

            Pero a pesar de todo lo anterior el desafío utópico final no parece ser muy difícil. Lo hemos señalado en otras fuentes: transformar la información en comunicación, con el fin de- como apunta Mattelart- "producir un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión (en este caso de acción social y cultural) de la sociedad".

            Colonialidad y comunicación son antinomias. La primera implica dominación y vasallaje mientras que la segunda se refiere a compartir en comunidad. De ahí que en Puerto Rico, para los comunicadores sociales que se respetan se trata de un mestizaje que incomoda. Comunicar para compartir y no para dirigir o dominar sería la utopía a perseguir.

No hacerlo sería dirigirnos "hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación de los derechos"(Mattelart, 2008).

 

 

Referencias

 

 

Andréu Iglesias, C. (1975). Cosas de aquí : una visión de la década del '60 en Puerto Rico. San Juan: Atenea.

 ASPPRO. César Andréu, Iglesias. Periodismo vital. San Juan: Casa de Periodistas.

 Barthes. R.(1977). Image-Music-Text. London: Fontana Press

 Bourdieu, P. (1990). Sociología y cultura. México: Grijalbo.

Bourdieu, P. (2002). Pensamiento y acción. Buenos Aires: Libros del zorzal

 Canales N. R. (1974). Paliques. Barcelona: Vosgos, S.A.

Martín Barbero, J. (2000). Los géneros mediáticos y la identidad cultural de los pueblos. En Cultura y Medios de Comunicación .III Congreso Internacional. Universidad Pontificia de Salamanca. pp.,105-126.

Mattelart A.(Marzo, 2008). El pluralismo de la prensa : imperativo o utopia ?. Conferencia Magistral. IV Jornadas José Rafael Echevarría. Bayamón: UPR

 McLuan, M. y Fiore, Q. (1971). Guerra y paz en la aldea global. Barcelona: Ediciones Martínez Roca,

 Muraro, H. ( Ed. ). ( 1977 ).  La comunicación de masas.  Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

Picó, F. (1987). 1898. La guerra después de la guerra. Río Piedras: Huracan

 Sepúlveda, H. (2003). Bajo asedio. Comunicación y exclusión en residenciales públicos de San Juan. San Juan: tal cual.

Sepúlveda, H. (2005). Suaves dominaciones. Críticas y utopías de los medios en Puerto Rico. San Juan: Plaza Mayor.

 

** El Dr. Sepúlveda es Catedrático e investigador y autor de Comunicación y Literatura en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

 

 

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Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.

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