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Pensar Comunicación

Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.

17 Abril 2008

La identidad en-cinta. A propósito del cuento de nunca acabar.*

Definitivamente, Amilcar Tirado, Pedro Juan Soto y José Miguel Agrelot, en una especie de Santísima Trinidad, nos han dado la cinta cinematográfica más boricua de la segunda mitad del siglo XX; El cuento del gallo pelón (1961). Los tres, podríamos decir, son relevo de otros tantos que le antecedieron en esos mismos haberes; Amilcar, de Llorens- quien fue nuestro primer cineasta y poeta nacional; Soto, de Marqués- quien carga la Víspera del Hombre en La Carreta de la identidad; y Agrelot, de nuestro primer comediante y actor de cine, Ramón Ortiz del Rivero, el gran Diplo. La División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) no pudo reunir a un mejor junte para regalarnos esta cinta de hace 47 años.

Hablar de cada uno de los primeros no es el objeto de estas notas, sino destellar la borinqueñidad - o puertorriqueñidad, si se quiere, aunque parezca un concepto comodín- y algunas periferias que encontramos en la cinta que hemos disfrutado.

Precisamente esa pragmática esquiva, quimérica para algunos y cotidiana para muchos, que se llama puertorriqueñidad es el corazón del rollo de esta cinta. Esa identidad que entra y sale de lo local para enraizarse en lo nacional y negociar con lo foráneo que nos viene de afuera- perdón por la redundancia- (la tecnología); esos acentos que nadie emite excepto los que han nacido, crecido y desarrollado en la boricuidad; esa suspicacia enmascarada del jíbaro llorenstorresiano del “unju”; esa picaresca que nos viene de las maldades clandestinas del cimarrón; esas formas en que lo político infame es a la larga descubierto por la suspicacia de la curiosidad bondadosa borincana; en fin, parece que nuestro guionista- Soto- no pudo escribir alejado de lo que caracterizó a su generación; mostrar, ventear y patentizar la identidad puertorriqueña en todos los textos y discursos posibles.

Vimos en la cinta que la identidad no se amenaza por el afecto a la tecnología foránea sino que su consolidación puede darse el lujo de consumir y negociar con ella. Es decir la identidad atraviesa ideologías tecnológicas, sin inmutarse. Porque siempre se carga en la mochila, cuando se desterritorializa y viaja hacia lo global desde lo local. Y además, por aquello de la difusión cultural y porque hoy todas las culturas precian mucho sus hibrideces. Sin embargo, no es la tecnología foránea la que amenaza la paz y la convivencia de la civilidad sino la política de mala leña- Cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia-.Lo que nos impulsa a ubicar el sentido de esta cinta en los tiempos que corren. Es decir, su temporalidad está hoy más vigente que nunca.

Nos recuerda además la cinta a una borinqueña sin igual, Doña Margó, madre de nuestro cantor cimarrón, Ismael Rivera y su plena contextual “Maqinolandera”, inspirada en las primeras máquinas de lavar que llegaron a PR, marca Olán según testimonios de la propia doña Margó.

La cinta también expone ese carácter utopista del borinqueño, el de querer traspasar situaciones difíciles con el afán del progreso. Ese progreso que a veces se enmascara con la ilusión y la apariencia. Y que más de las veces viene convoyado con las promesas de políticos baratos, que tanto abundan en nuestro suelo, para ilusionarnos y cogernos de bobos. Pero lo que esconden, casi siempre, son las tramoyas y las trampas para salirse con las suyas y dejarnos en la estocada.

Y hay que decirlo, es una cinta utopista. Es decir, que busca construir mejor la realidad. Aquello de que “hay que ir criando el pollo para cuando sea gallo”, dicho en par de ocasiones, implica también, además de su intrínseca denotación, un esperar para cuando llegue el momento; albergar siempre la esperanza de que si trabajamos hoy el futuro será mejor que el presente.

Y en esto del trabajo, también hay que decirlo; es una cinta hecha por trabajadores de la cultura (la DIVEDCO), la mejor corporación de cine que ha existido en PR hasta hoy, para una comunidad de trabajadores, como era Puerto Rico en el albor de la modernidad de los cincuenta. No nos debe extrañar por tanto ese acento tan propio de nuestra cultura popular; de nuestras culturas barriales. Y mucho más en los momentos en que PR comienza un verdadero movimiento de alfabetización de las masas, con la entronización de los medios.

A esta generación audiovisual-que ha devenido en digital- y que a veces se olvida de sus orígenes identitarios, nuestro Amilcar Tirado no pudo legarle mejor regalo. Vaya un aplauso a su memoria.

*Ponencia presentada en la celebración de la Semana de la Biblioteca en el Salón de Actos de la Escuela de Comunicación el 17 de abril de 2008.

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Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.

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