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La Coctelera

Pensar Comunicación

Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.

9 Abril 2008

La utopía que incomoda

Buenos Días a todos y todas. Gracias por regalarnos un poco de su tiempo para escucharnos. Espero que no se arrepientan. Bienvenido nuevamente el Dr. Mattelart a Borinquen. Nos sentimos muy honrados con su visita por tanto tiempo deseada por quienes le conocemos desde los 70´s del siglo pasado.

He titulado mis cortas reflexiones a raíz de lo magistralmente expuesto por el compañero Mattelart como;

Prensa y periodistas. La incómoda utopía de todos los días*

“¿Por qué es tan difícil que los periodistas nos entiendan cuando hablamos del periodismo? ¿Por qué no podemos escribir nada acerca de esa profesión sin tener que justificarnos…?... ¿Por qué quienes detentan casi un monopolio de la difusión masiva de la información no toleran el análisis de los mecanismos que rigen la producción de la información y, menos aun, la difusión de la menor información al respecto?...¿Quién negó jamás que hubiera eminentes periodistas más bien del lado de los periodistas de encuesta y de investigación que de los editorialistas o animadores?…¿Por qué los más sensibles e íntegros de los periodistas, inquietos por la imagen real e ideal del periodismo, defienden al conjunto de la profesión y por lo tanto a los más indefendibles…de sus colegas?”

Las interrogantes anteriores no son mías, aunque hubiera querido. Pertenecen a un conciudadano de nuestro invitado magistral. Pierre Bourdieu, reflexionó de esa manera en su último trabajo que nos llega traducido como, Pensamiento y acción (2002). En dicho texto, entre otras cosas, hace una crítica visceral del periodismo de su país, Francia, especialmente el del espectáculo televisivo y sus desencuentros con los intelectuales y su trabajo, como él mismo. Para Bourdieu, el periodismo se analiza más desde la posición del mediador, del periodista, que de las condiciones mercantiles de la producción de las industrias mediáticas y culturales. El periodismo aparece como un 'campo', esto es, como un universo con autonomía, cuyo capital simbólico, su identidad profesional, le reviste de una ética y una función social que no se corresponde con la conducta de la propia práctica profesional.

No parecen estas reflexiones de Bourdieu muy ajenas a las que se pueden hacer sobre el periodismo en otros países, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, y en función con lo expuesto por el Dr. Mattelart, me interesa reflexionar sobre los desafíos que se le presenta a la prensa en estos tiempos en que todo lo sólido parece desvanecerse en el aire, en lo que respecta a su contribución para construir una mejor sociedad, léase su carácter utópico. Cuando hablamos de lo sólido nos referimos a las luchas materiales que hay que dar para construir y patentar la participación auténtica de los sujetos sociales en la diversidad de la sociedad que busca ser pluralista.

Así pues, si hacemos un ejercicio parecido al de Bourdieu, y sopesando las reflexiones del colega Mattelart, hay espacio para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo dialoga hoy en PR la prensa con su propio trabajo y con otros campos?¿Qué puede esperar el pueblo receptor del trabajo de los comunicadores sociales en su lucha cotidiana contra los vendavales de las políticas oficiales de exclusión, discriminación y vasallaje? ¿Cuál es la expectativa que tienen los consumidores mediáticos de su representación a través del trabajo de la prensa, aún proviniendo dicho trabajo del espacio privado?, y, por último, ¿Cuál es la utopía, que se propone desde el espacio del pensamiento mediacional una vez se expide la crítica del déficit, de las fallas?

Hoy lo comunicacional parece diluirse en otros campos y el mayor desafío, tanto para los profesionales como por los intelectuales mediáticos, parece ser el distinguirlo y rescatarlo. Bourdieu diría que el sociólogo es sociólogo porque lo es y no sólo porque hace sociología. De la misma manera todo el que hace comunicación no es comunicador ni menos comunicólogo. Es necesario el entrenamiento y compromiso con la investigación en la disciplina para merecer el título. Heriberto Muraro le añadía el compromiso con la agenda de cambió y la construcción de utopías. Pero no sólo se trata de la reconstrucción de las utopías de otros tiempos, sino las que aparentemente emergen desde la convocatoria cultural. El desafío grande que se le presenta al comunicador social va por ahí: contribuir con la producción de sus textos a elevar el nivel cultural de sus públicos, apartar la paja del trigo y no caer en la chapucería del relato vulgar, “Light”, fácil y sensacionalista. Es decir, ofrecer a sus públicos vías alternas de educación y liberación cultural (Fernand Terrou., 1971) en su negociación con lo comercial y pedestre. Me refiero, claro, a la prensa como parte de la industria de la cultura.

Si algo detona desde el 9-11 es la urgencia de la inclusión de las culturas discriminadas y olvidadas en la convocatoria consensual de la democracia planetaria.

Otro desafío utópico que hay que enfrentar- aunque en verdad, siempre estuvo ahí- es detener las fuerzas que atentan a favor de lo que Mattelart llama “reducción de la democracia”. Un patriota estadounidense del siglo 18 llegó a decir, “prefiero un país sin gobierno a uno sin periódicos”. Pareciera que lo que implicó fue que la democracia es un ejercicio, una práctica cotidiana y no una forma de gobierno. Es decir, la democracia hace los gobiernos y no a la inversa. No puede ser dirigida sino vivida y compartida. Es la comunicación la ficha más importante en ese juego gramsciano porque es la que principalmente se encargará de vigilar, denunciar y contribuir a enjuiciar a esas fuerzas que impulsan la agenda de la reducción de la democracia. Y en lo que nos compete, hacer lo propio con esos poderes capacitados de mucha estupidez política que se confabulan con sus pares de cristiana estupidez para adelantar engendros tales como la Resolución 99.

Y había que decirlo, y el Dr. Mattelart lo ha dicho con suma claridad:

no puede haber diversidad cultural sin diversidad mediática. Mas, no puede haber políticas culturales sin políticas de comunicación. Y recíprocamente”.

Por ello es obvio el desafío para los comunicadores sociales en su negociación con el poder; investigar la diversidad cultural del país, fomentar su respeto e inclusión y abogar porque el poder haga lo propio.

Hay académicos de otros saberes que subestiman el trabajo de la prensa en nuestra democracia, tanto en su forma como en su contenido. Sobre todo el del periodismo comercial, que no pocas veces se autoerige como representante de la opinión pública. Muchos de ellos no pueden entender la aparente contradicción que reside en representar lo público desde lo privado (recuérdese aquí la polémica del exgobernador Rosselló con Danilo Arbilla, éste último directivo de una asociación de dueños de periódicos). He ahí uno de los grandes desafíos privilegiosos de la prensa en nuestras democracias- aunque sean éstas coloniales- vigilar y aprovechar las oportunidades que se presenten para asumir la representación popular, aunque sus intereses los dicte el capital privado. Para ello, a mi juicio se necesitan tres ingredientes por lo menos e inseparables; la honestidad, la capacidad y la valentía. Recuerdo en este espacio a Evaristo Izcoa Díaz, Nemesio Canales, Juan Antonio Corretjer, César Andréu Iglesias, Néstor Concepción, Tomás Stella y Manny Suárez. En el caso de la empresa, no parece haber otra salida que el forcejeo que se daría entre poder y poder. Es decir, más allá de la responsabilidad individual del periodista, la empresa también puede asumir ese espacio de representación toda vez que el poder político se aleja del cumplimiento de su proyecto electoral y sea denunciado por la prensa y darle voz a las mayorías defraudadas. Creo que fue el maestro Martín Barbero que hablaba de aprovechar esos “intersticios de representación” de parte de la comunicación.

Existe una justificación universal popularizada de los errores que reza; “nadie es perfecto”. Pero también hay errores muy costosos. Y si suceden en el trabajo comunicacional, todavía peor. Siempre he sostenido- y perdón a mis estudiantes por la necedad- que trabajar con la información no es un trabajo cualquiera, y mucho menos desde la colonialidad. El desafío utópico final no parece ser muy difícil. Lo hemos señalado en otras fuentes: transformar la información en comunicación, con el fin de, como apunta Mattelart “producir un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión (en este caso de acción social y cultural) de la sociedad

No hacerlo sería, concluye el Maestro que nos visita, dirigirnos “hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación de los derechos”.

Muchas gracias.

* Ponencia presentada el 6 de marzo de 08 con motivo de IV Jornada José Rafael Echevarría del recinto de Bayamón de la UPR, como reacción a la Conferencia Magistral del Dr. Armand Mattelart.

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ale

ale dijo

dsffgbgvafb

9 Octubre 2009 | 02:42 AM

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Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.

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