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Pensar Comunicación

Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.

27 Mayo 2007

Lo cultural-popular mediático

“Todos producimos cultura popular y construir cultura popular es un ejercicio de poder cultural… De modo que lo “popular” en la cultura popular realmente significa que los impulsos e imágenes culturales se originan en los ámbitos cotidianos para luego ser acogidos, interpretados y usados por la gente común- a veces, aunque no siempre, de manera muy opositora- después de pasar por el proceso de mercantilización y circulación al que los someten las industrias culturales y los medios” (James Lull, 1997; 100 y 102).

“Academics who have embraced a cultural approach try to understand how media and culture are tied to the actual patterns of communication in daily life… Cultural research focuses on the investigation of daily experience, especially on issues of race, gender, class and sexuality, and on the unequal arrangements of power and status in contemporary society…” (Campbell, Fabos y Martin, 2006; 531 y 533).

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La primera vez que se vincula la cultura popular con la comunicación en la academia no fue de parte de los ingleses ni de los posmodernistas latinoamericanos, como muchas veces se piensa, sino de parte de todos aquellos intelectuales estadounidenses que, a partir de los años 30 del siglo pasado tuvieron que atender el boom de la prensa, la telefonía y la radio como medios insurgentes en la cotidianidad de la sociedad civil. Durante la década anterior, los años veinte, había salido a la luz el primer gran texto sobre un aspecto de la comunicación de masas que, luego y todavía, viene desembocando grandes polémicas sobre su tesis fundamental. Un judío estadounidense de nombre Walter Lippmann, publica Public Opinion, en el que se atreve a plantear que la función más importante de la prensa- el único medio masivo de más visibilidad del momento- es la de gestar la opinión pública. (Retomaremos más adelante, algunos de los debates que, como secuela, provocara dicho planteamiento). Es bueno también recordar- en este tour de force histórico- que la lingüística a través de los trabajos del sueco Ferdinand de Saussure a finales del 19, habría las brechas para lo que sería la primera gran vinculación seria de la comunicación y la cultura mediante la lingüística estructural y la semiología; protagonistas del debate cultural en la comunicación en gran parte de las décadas de los 50, 60 y los 70 del siglo pasado.

Pero volvamos al inicio del asunto. Dijimos que los primeros intelectuales que vincularon la comunicación de masas como disciplina epistemológica o como saber a la cultura fueron los académicos estadounidenses reunidos en lo que la historia de la disciplina ha llamado, los Mass Communication Research. Como ha ocurrido con otros grandes descubrimientos, este grupo de académicos probablemente se aburrió de venir investigando los mismos fenómenos tradicionales como objetos de estudios de sus diversas disciplinas y se arriesgaron a mezclar o a hibridar- como se dice hoy- tales recetas con los nuevos escenarios que ahora presentaban los medios, la época de oro de la radio y, luego de la Segunda Guerra, la irrupción de la televisión.

El grupo de los Mass Communication Research estuvo conformado por lingüistas, sociólogos, politicólogos, psicólogos, psicoanalistas, antropólogos, físicos e incluso, matemáticos. Fue así que se suceden los primeros textos emblemáticos de la disciplina y los que vuelcan la atención intelectual hacia las formas que las culturas populares consumían la comunicación. Aquella academia vino a descubrir el fenómeno de la comunicación como algo nuevo luego de que ya era incidencia cotidiana en las culturas populares de la nación norteamericana. Es, precisamente en la hibridez de aquellos diversos saberes donde se inaugura la identidad comunicacional. Sin embargo, aquellos académicos no se esmeraron en fundar una nueva ciencia sino que cada saber “jalaba para su lado” y consideraban la comunicación como una rama de su propio territorio, tal y como testimonian sus investigaciones. Es decir, la parcelación categorial o disciplinar de dichas investigaciones vino a obstaculizar la articulación de la comunicación como una ciencia autónoma y más bien la ubicó como una disciplina híbrida, como se ha planteado. Es precisamente la hibridez lo que personaliza a la comunicación, cualidad que le viene directamente de su objeto de estudio,o materia prima: la cultura popular.

No obstante, como suele suceder en los debates académicos, siempre hay quien o quienes encuentran esqueletos en el guardarropa. Esta vez los disparos de la crítica provinieron desde el viejo continente. Un grupo de teóricos, marxistas, salidos de la Universidad de Frankfurt pero irónicamente elitistas, acusaban a sus colegas estadounidenses de no decir toda la verdad; de ocultar más de lo que descubrían. Y entonces se lanzaron a dicha tarea; a decir y analizar todo lo contrario a lo que sus colegas del nuevo mundo planteaban e investigaban. O por lo menos, a decir lo que sus colegas norteamericanos omitían, ya adrede o involuntariamente. Lo del elitismo le provenía de la propia concepción europea de la cultura, de anclaje en su percepción museológica y renacentista. Frente al concepto de “popular culture is mass culture” esgrimido por los estadounidenses, estos plantaban la anticultura o el embrutecimiento cultural de las masas de parte de los medios de comunicación. Su producto no era otro que el hombre unidimensional; en otras palabras, el hombre mediático construido por la gestión de la empresa capitalista o corporacionista comunicacional. Por lo tanto, para estos europeos los medios no eran capaces de aculturar a las masas sino todo lo contrario. Precisamente por el carácter mercantil de éstos y por su interés principal de vender más que educar o aculturar. En otras palabras, la cultura en Norteamérica revestía las características de una industria capitalista como otra cualquiera y, según estos europeos, la cultura no tenía nada que ver con dicha concepción empresarial de las artes. Según su óptica, los medios o la cultura de masas era un fenómeno intrínsecamente norteamericano, por tanto, revestido de la ideología capitalista en todos sus órdenes y manifestaciones ,incluso en el de democracia y cultura. Era una “falsa conciencia” hablar de que los medios representaban la opinión pública o de las masas, como también de que estos las aculturaban, creándoles una falsa ilusión de su representación. La llamada opinión publica no era tal sino aquella que la clase dueña de los medos querían entronizar en el imaginario de las gentes. La libertad de selección de entre sus textos mediáticos-seguían diciendo los frankfurtianos-, más que contribuir a la diversión “liberadora y cultura”l de las masas (Terrou, 1970) lo hacían para su propia enajenación y evasión de la realidad de la explotación de su trabajo de parte del gran capital. corporacionista, dueño de las empresas mediáticas.

Frente a ese escenario de “razón dualista”- según la categoría de Martín Barbero- surge entonces, a mediados de los años 80, el abordaje culturalista de la comunicación. En realidad su origen, aunque en Birmingham, Inglaterra a mediados de los 60’s, se viene a desarrollar de manera acelerada durante las dos décadas siguientes y encuentra su máximo esplendor durante los noventa en Nuestra América , al decir de Martí. Los exponentes ingleses como Hoggart, Thompson, Fiske y, un caribeño que brillará entre ellos, Stwart Hall, vienen a ser las figuras emblemáticas de la nueva moda intelectual.

Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini vienen a fungir de emblemas de la nueva moda de la investigación mediática para nosotros acá en Latinoamérica. El primero con su aportación de la relectura de Antonio Gramsci y su resemantización de lo cultural- popular, y el segundo con la suya con investigaciones antropológico-etnográficas sobre el vasto mundo de la hibridez de las culturas populares de Nuestra América

No tenemos mucho espacio pero es necesario unas reflexiones finales a modo de recapitulación sobre estas dualidades en las que dichos abordajes culturales de la comunicación se debaten hoy día. Me refiero a las nuevas socialidades o identidades culturales que se trabajan y coexisten en y debido a los medios.

Martín Barbero (2002), expone en su más reciente obra, Oficio de cartógrafo, lo siguiente:

…comunicación es hablar de procesos cargados de sentidos profundamente antagónicos. De un lado, comunicación significa hoy el espacio de punta de la modernización, el motor mismo de la renovación industrial y las transformaciones sociales que nos hacen contemporáneos del futuro, ya que asociada al desarrollo de las teorías de información la comunicación nos proporciona la posibilidad de alcanzar al fin el tren de la definitiva modernización industrial, de la eficacia administrativa, de las innovaciones académicas y hasta del avance democrático que entrañan las virtualidades descentralizadoras de la informática. Pero de otro lado, comunicación es también hoy sinónimo de lo que nos manipula y engaña, de lo que nos desfigura políticamente como país y de lo que nos destruye culturalmente como pueblo…Asimismo, las posiciones de indiferencia o de rechazo de la elite intelectual a tomar en serio las transformaciones culturales que se producen desde los medios encubre una obstinada y “útil” idea de cultura con la que legitiman el derecho a decidir lo que es cultura. La distancia, que en el mundo desarrollado ha mantenido la intelligentsia frente a la industria cultural, se ha convertido con frecuencia en nuestros países, periféricos y dependientes, en una esquizofrenia que resulta de responder al imperialismo norteamericano con un reflejo-complejo cultural de europeos, y se expresa en un extrañamiento profundo de los mestizajes y las dinámicas culturales que viven las mayorías hoy (pp.,146-47).

En otras palabras, la investigación, el análisis y la reflexión de la comunicación no pueden prescindir del protagonismo cotidiano en ella de las culturas populares, y, sobre todo, el protagonismo forcejeante de estas en nuestras sociedades con los poderes hegemónicos, que constantemente las convocan pero que igualmente las amenazan.

Un recuerdo necesario. Decíamos al comienzo de estas notas que la primera vez que se vincula la cultura popular con la academia comunicacional fue durante los años 30 en los EEUU. Pues bien, la modernidad de la comunicación popular mediática en Puerto Rico irrumpe también con la radio en los años 30, y sus textos musicales, principalmente. Es durante esa década depresiva que las masas populares nuestras se ponen a pensar escuchando a través de la radio las primeras dos piezas musicales de protesta de nuestro cancionero:“Lamento borincano” y “Sin bandera” de nuestros Rafael Hernández y Pedro Flores, respectivamente. Es también la década más convulsa en la política del país, que tiene como protagonista principal el nacionalismo revolucionario de Albizu Campos. Más de 70 años después los medios nos muestran, cotidianamente, una situación nacional que sigue siendo lamentosa y, aunque flotan dos banderas a lo largo y ancho del país, una de ellas no parece ser exclusivamente nuestra.

Fuentes

Campbell, R., Fabos, B. y Martin, C.R. (2007). media & culture. an introduction to mass communication. New York: Bedford/St. Martin’s.

De Hostos, E. M. (1990). Moral Social. Puerto Rico: Edil.

García Canclini, N. (1988). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la Modernidad. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Goldfarb, J. C. (2000).Los intelectuales en la sociedad democrática. Cambridge: University Press.

Lippmann, W. (1922, 1965). Public Opinión. New Cork: The Free Press.

Lull, J. (1997). Medios, comunicación y cultura. New York: Columbia University.

Martín Barbero J. (1987). De los medios a las mediacione. Comunicación , cultura y hegemonía. México, Gustavo Gili.

Martín Barbero, J, (2002). Oficio de cartógrafo. México: Fondo de Cultura Económica.

Martín Barbero, J. (2000). Los géneros mediáticos y la identidad cultural de los pueblos. En Cultura y Medios de Comunicación. III Congreso Internacional (, pp., 105-131). Salamanca: Publicaciones Universidad Pontificia.

Mattelart A. (25.01. 2003). 'Comunicación: hegemonía e contrahegemonía'. Conferencia en el Foro Social Mundial, Porto Alegre.

Terrou, F. (1970). La información. Barcelona: Oikos-tau.

Vizer, E. (2003). La trama (in)visible de la vida social. Buenos Aires: La Crujía.

* El Dr. Sepúlveda es Catedrático de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico

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Norenid

Norenid dijo

Te seleccioné para un juego que se llama meme. Por favor visita mi blog.

Saludos!

6 Julio 2007 | 10:10 PM

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Sobre mí

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Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.

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