El país de los dioses
Las incidencias en el sincretismo caribeño, casi siempre, se arriesgan a quedar fuera de cualquier análisis sociológico certero. Sobre todo en Puerto Rico, que parece una sociedad simple de una pequeña isla de apenas 3.8 millones de almas y de una extensión territorial donde no existen selvas ni desiertos, y donde las carreteras nos conducen a cualquiera de sus lugares. Sin embargo, y parafraseando a un colega de los 70´s, "somos chiquitos pero complejos".
Tómense por ejemplo los últimos acontecimentos, acaecidos en nuestro bendito país en los últimos dos años, a raíz de los pasados comicios electorales. Sucede que, de aquel tiempo a esta parte, en Puerto Rico ha nacido un nuevo mecías y ha reencarnado el Hijo de Dios, Jesucristo. Si se considera que ya contábamos desde los 40´s con una Diosa, la Mita, entonces nuestro país ha sido bendecido- como me han asegurado muchos hermanos caribeños- por los dioses. Así, en plural, significa que Puerto Rico es quizás el único país en el mundo que todavía practica el politeísmo. Dios- permítaseme ponerlo en mayúscula- es relatado en nuestro país por personalidades ambiguas, contradictorias, enfermas, delincuentes, obsesivas, esquizofrénicas, psicóticas, homofóbicos, pederastas, enfermos y desviados sexuales. Cada uno tiene a su propio Dios, de quien dicen es el verdadero y hay que adorarle. Entonces no hay otra alternativa que creer que hay muchos dioses o simplemente no hay ninguno.
El otro día una académica experta en la historia de la Iglesia en Puerto Rico me confesó que nuestro arzobispo era gay. Que ella conoce a su pareja y todo; un joven y esbelto sacerdote. No me tomó por sorpresa. Ya yo lo había sospechado desde su primera conferencia de prensa, a raíz de su nombramiento desde una diócesis desconocida, allá en Texas. En la ocasión, apareció en la tele con sus cejas impecablemente afeitadas y acicaladas.
No es ningún secreto que la homosexualidad siempre ha existido en la vida religiosa, por muchas y variadas razones. Suele ser maravillosa sublimación para "bregar"con los pecados de la carne. También surge como mecanismo compensatorio y como una gran excusa para no tener que lidiar con una sacramento antipático como el matrimonio, "como Dios manda". No soy homofóbico. Pero lo que realmente molesta es que una vez estos altos jerarcas dejan saber la práctica de su preferencia sexual, no tengan el valor suficiente para ofrecerle a su grey una interpretación distinta de la persona de Cristo y su paso por la vida, como tal parece que tienen.
Lo anterior viene al caso porque el Cristo reencarnado de Ponce viene a abonar al caos interpretativo de Dios una nueva y aberrante modalidad. No sólo es un Cristo, extecato, exmujeriego, poseedor de lujosas mansiones y automóviles, cuentas de banco y pare Ud. de contar, sino que predica aquel famoso eslogan de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, en Los hermanos Karamasov, "todo está permitido". Incluso la fornicación, porque Dios es infinitamente bueno y lo permite igualmente todo. Este neoCristo no parece estar muy lejos de la interpretación que hacen de las Escrituras, por lo bajito, algunos jerarcas de la iglesia oficial. La única diferencia es que este esperpéntico personaje es, lamentablemente, más sincero que aquellos.
Hago toda esta reflexión a comienzos de la temporada navideña de este año del Señor de 2006. Quizás por todo lo expuesto es que en Puerto Rico no pasa lo que pasa en cualquier otro lugar y sólo es posible lo inaudito.