Fantasmas y Realidades (2006)
Este poemario- mi tercero- está pensado, como implica su título, desde dos espacios; desde los muertos de mi felicidad y sus secuelas, y desde las cotidianidades, sus maldiciones o bendiciones que el poeta hace de éstas. Pensares y desires de poetas colegas y otros pensadores ya idos son los inspiradores para la primera parte del poemario, titulado, Los fantasmas. Las Realidades no son otras que las que palpitan en la cotidianidad del poeta, su trabajo como comunicador y las maldiciones que siempre se entrometen a causa de los tropiezos, ya fortuitos u ocasionados por la inmensa imbecilidad y deshonestidad de los prohombres y mujeres que rigen el país. A continuación una muestra de
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FANTASMAS Y REALIDADES.
Héctor Torriente
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Para mis amigos de adolescencia,
los verdaderos.
Algunos hoy… son fantasmas.
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“Es hermoso mirarte por los huecos de tu ausencia
y saber que la memoria también reparte su milagro”
Félix Córdova Iturregui
(militancia contra la soledad;1987).
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Los Fantasmas
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“Queda la posibilidad de que todo sea
una alucinación de la culpa”.
Borges, prologa a Cortázar.
Y me sirve de consuelo
para no desbocarme en la carretera
ni amartillar el gatillo en mi sien
por todos los cantazos
dados y recibidos,
“El prodigio requiere esos pormenores”.
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Hay que aguantarse y resistir
hasta que llegue la hora.
Alguien cantó: “No vale la pena
por ningún motivo
cortarse las venas”,
ni mucho menos colgarse
a escondidas del guardarropa
sin importar los que se quieren,
los que nos quieren
y se quedan perplejos
por el rollo de dar explicaciones
de la sinrazón.
Tampoco valen las lamentaciones
por los tropezones y fracasos
de las utopías…
Es mejor celebrar
y burlarnos de la estupidez
y comprometer las lágrimas
y los festejos
con nuestras subjetividades…
Mueve a pena y mucha tristeza
que te consuele ahora,
después de la desgracia…
Pero por favor,
si volvieras
y te diera por reincidir,
avísame antes,
probablemente no te deje ir tan solo…
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Qué pena.
Quien le conoció
nunca pensó que terminaría de esa manera.
Nunca dijo nada sobre la muerte,
todo lo contrario,
celebraba la vida
a aguardientazo limpio
cotidianamente.
Nunca dijo nada sobre las sombras,
todo lo contrario,
se paseaba soleándose en las azoteas.
Nadie nunca sospechó de su vida clandestina,
todo lo contrario,
publicó siempre sus acciones.
Nunca demandó al poder por perseguirle
todo lo contrario,
colaboró con él porque no pudo evitarlo…
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De colegial, le caracterizó la curiosidad felina.
Seleccionaba materias por sus títulos
y no porque enseñaran nada, necesariamente.
Me cuenta que la mejor que tomó
fue Introducción a la felicidad
y su requisito; haber dejado de amar para siempre.
Se hablaba allí
de lidiar con el rencor y el odio,
con la envidia y el desprecio,
la antipatía y el desdén,
con la venganza y la infamia…
en fin, con todas las bajas pasiones.
Me contó, además que al cabo del curso
se sintió renovado para empezar de nuevo,
preparado para no volver a llorar
y reemprender, aunque fuera solitario,
el bello camino de la libertad.
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Al cabo de tres lustros
del enigma de su ausencia voluntaria,
me cansé de buscarle.
Sospechaba lo peor.
Me había dicho,
cuando comenzó su pena,
después del último cantazo,
que quería desaparecer,
como las liebres de mago,
sin que nadie supiera o sospechara
que lo hizo adrede
o que se suicidara.
Me confesó también
que sentía que nunca hizo falta
que nadie le echó de menos
ni en los desiertos,
y que pasó por la vida
como la sombra de una célula.
Y le encontré en el lugar menos sospechado,
al otro lado del asfalto
que dividía el manglar de la playa,
a los pies de un liquen sembrado en el fango,
debajo de un cobo que emergía del lodo,
tan pequeñito que me cupo en la yema
de mi índice derecho.
Le reconocí y le dije que le felicitaba,
que al fin había logrado
lo que siempre deseó
desde el comienzo de sus tristezas.
Le dije adiós
después de depositarle en el lugar de su utopía.
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Lares 2005
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Cuando vuelvan a querer matarte,
compañero Comandante
no les será tan fácil.
No estaremos ocupados
celebrando a nuestros muertos
ni nuestras derrotas,
ni nos distraeremos
en discursos estridentes
o en apologías huecas del pasado,
frente a una iglesia
desde donde Dios
parece vigilar a los rebeldes…
Esta vez los emboscaremos nosotros.
Cavaremos trincheras
alrededor de tu casa
y las cubriremos de tierra,
de nuestra tierra,
con nosotros adentro
armados hasta los dientes.
Y cuando ellos decidan asaltar tu morada
resurgiremos todos
del corazón de la tierra,
de nuestra tierra,
y les dispararemos por la espalda,
como se merecen los asesinos
que huyen cobardes
después de su matanza…
Cuando regresen a ultimarte,
compañero Comandante,
no te dejaremos solo,
no les será un ñame,
no les resultará nada de fácil…
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Las realidades
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Desde que nos emboscaron
los duendes de la soledad
un poco más adelante
nos atacaron
las brujas de oráculos malditos
y de la mala leche.
Precisamente,
cuando determinamos no maldecir por nada
ni volver a escribir por la desolación…
Pero no se tiene el talento de mago
para inventar otra mejilla,
como conejo de chistera,
cuando hemos sufrido,
en las únicas dos que tenemos,
el bofeteo.
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Nunca quise ni busqué
que fueras parte de mi carne.
Si acaso,
poco de eso asomó
fue algo así
como trauma de hospital
o de camposanto…
Sin embargo,
todos creyeron lo contrario,
que me enamoré como felino
o como poeta adolescente.
Nadie nunca imaginó,
ni se creyó jamás
que fuiste tú
la que me sedujo y sonsacó de mi soledad
y me obligó a olvidar el amor
y sus bacterias.
Y luego de que empezaran a odiarme,
todos me abandonaron
y tú,
para coronar mi desgracia,
muy cobarde,
desapareciste.
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Quiero estar más viejo y más cansado
para volver,
que me quede varado en el camino
a mil kilómetros de distancia,
que los conocidos de ayer no me reconozcan
por lo agrietado de mi cara
y lo cansado de mi voz,
que de todos los que me odiaron por abandonar
ya hayan sustituido el rencor
por el perdón o la misericordia…
o quizá, la lástima.
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Al otro lado del sol,
donde no descubren aún tibios manantiales,
te encontré…
Intentabas encender en la noche una fogata
con las chispas que caían del otro lado.
En dónde se encontrará la frontera
del enojo y la tristeza.
Uno descubre lo auténtico
al final de la autopista
por donde manejan los infieles.
A veces la poesía se desviste,
nos juega pesadas bromas
y pasa desnuda y fugaz
entre la ridiculez y la necedad.
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Causa la tristeza
que enseñemos utopías
sin ningún referente a la vista,
que suframos celos y humillaciones
por las estupideces del poder,
que emprendamos la marcha
por los caminos de la confianza
y nos embosquen adelante
los bandidos de la sorpresa o del espanto…
Y que lo más triste sea
que no tengamos ni un alfiler
para defendernos.
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Esta noche
se impone la belleza de la luna.
Un inmenso queso de bola amarillento,
como los que hacía la abuela,
se posa sobre mi techo.
He puesto mi silla frente a ella
y al pie con la botella de vino
paso a contarle algunos secretos.
Ojalá que nadie escuche,
para no pasar por demente…
aunque en realidad, qué importa.
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Tu adiós
de lápiz labial en el espejo,
tuvo visos de bolero de vellonera,
no por la nostalgia del melodrama del texto,
sino por el recuerdo fugaz
de las voces que se fueron
y que tanto reproducimos con la nuestra
en las bohemias callejeras de Navidad.
Más tarde,
un amigo que te vio pasar
y se espantó con tu belleza
tampoco se sorprendió porque no dije nada
(sabe muy bien de mi discreción de piedra).
Sólo mi silencio me oyó susurrar:
yo ya estuve en esa fiesta.
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Casi siempre la soledad
te lanza por caminos insospechados:
te interrumpe la marcha,
hace que te bajes,
que patees el bulto que obstruye
para que experimentes
de las cosas y la vida
su banalidad …
U otras, no te interrumpe:
deja que manejes por la libre
porque sabe
que no tienes que dar cuentas a,
ni compromisos con,
nadie,
ni menos llegar temprano a ninguna parte.
Otras veces juega
con tu desesperado hastío
y te vigila,
sobre todo cuando estás acodado
en los puentes sobre las autopistas
o de pie al borde de los acantilados
para mandatar duendes maldadosos
a que te empujen
y te ayuden a acabar con todo…
Te inyecta cecés de insomnio cuando te distraes
para obligarte a dar vueltas cada noche,
dos, tres, cuatro horas en la cama
y huye luego mofándose
cuando te abofetea el sol de la mañana.
En fin,
después de todo es preferible
invitarla un día a un trago
para con ella negociar entendidos
o, simplemente,
para emboscarla…
maleni dijo
que no enten di de los fantasmas
3 Junio 2008 | 09:41 PM