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La Coctelera

Pensar Comunicación

Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.

Categoría: Ensayos y ponencias

22 Septiembre 2009

Comunicación y colonialidad. Mestizaje que incomoda *

 

 

 

 

Mayo de 09

 

 

                                                                                                                                             Por Héctor Sepúlveda**

Crítica a la crítica

"¿Por qué es tan difícil que los periodistas nos entiendan cuando hablamos del periodismo? ¿Por qué no podemos escribir nada acerca de esa profesión sin tener que justificarno?... ¿Por qué quienes detentan casi un monopolio de la difusión masiva de la información no toleran el análisis de los mecanismos que rigen la producción de la información y, menos aun, la difusión de la menor información al respecto?...¿Quién negó jamás que hubiera eminentes periodistas más bien del lado de los periodistas de encuesta y de investigación que de los editorialistas o animadores?...¿Por qué los más sensibles e íntegros de los periodistas, inquietos por la imagen real e ideal del periodismo, defienden al conjunto de la profesión y por lo tanto a los más indefendibles...de sus colegas?"

            Las interrogantes anteriores no son mías, aunque hubiera querido. Pierre Bourdieu, reflexionó de esa manera entre los ensayos que recogen su último trabajo que nos llega traducido como, Pensamiento y acción (2002). En dicho texto, entre otras cosas, hace una crítica visceral del periodismo de su país, Francia, especialmente el del espectáculo televisivo y sus desencuentros con el trabajo de los intelectuales, como él mismo. Para Bourdieu, el periodismo se analiza más desde la posición del mediador, del periodista, que de las condiciones mercantiles de la producción de las industrias mediáticas y culturales. El periodismo aparece como un 'campo', esto es, como un universo con autonomía, cuyo capital simbólico, su identidad profesional, le reviste de una ética y una función social que no se corresponde con la conducta de la propia práctica profesional.

            No parecen estas reflexiones de Bourdieu muy ajenas a las que se pueden hacer sobre el periodismo en otros países, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, me interesa reflexionar sobre los desafíos que se le presenta a la prensa en particular, y a la comunicación social en general, en estos tiempos en que todo lo sólido parece desvanecerse en el aire (Bergman 2004), en lo que respecta a su contribución para construir una mejor sociedad, léase su carácter utópico. Cuando hablamos de lo sólido nos referimos a las luchas materiales que hay que dar, más allá de las simbólicas, para construir y patentar la participación auténtica de los sujetos sociales en la diversidad de la sociedad que se ufana de ser pluralista, como la puertorriqueña.

            Así pues, si hacemos un ejercicio parecido al de Bourdieu, hay espacio para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo dialoga la comunicación hoy en PR con su propio trabajo y con otros campos?¿Qué puede esperar el pueblo perceptor del trabajo de los comunicadores sociales en su lucha cotidiana contra los vendavales de las políticas oficiales de exclusión, discriminación y vasallaje? ¿Cuál es la expectativa que tienen los consumidores mediáticos de su representación a través del trabajo de la información, aún proviniendo dicho trabajo del espacio privado? Y, por último, ¿Cuál es la utopía, que se propone desde el espacio del pensamiento mediacional una vez se expide la crítica del déficit, de las fallas?

            Hoy lo comunicacional parece diluirse en otros campos y el mayor desafío, tanto para los profesionales como por los intelectuales mediáticos, parece ser el de distinguirlo y rescatarlo. Bourdieu (1990) diría que el sociólogo es sociólogo porque lo es y no sólo porque hace sociología. De la misma manera todo el que hace comunicación no es comunicador ni menos comunicólogo. Es necesario el entrenamiento y compromiso con la investigación en la disciplina para merecer uno u otro título. Y más aún con la agenda de fiscalización del poder producto de  una investigación responsable.  Heriberto Muraro (1988) le añadía a la comunicación, el compromiso con la agenda de cambio y la construcción de utopías. Pero no sólo se trata de la reconstrucción de las utopías de otros tiempos, sino las que aparentemente emergen desde la convocatoria cultural. El desafío grande que se le presenta al comunicador social va por ahí: contribuir con la producción de sus textos a elevar el nivel cultural de sus públicos, apartar la paja del trigo y no caer en la chapuza o chapucería- como dicen en Borinquen- del relato vulgar, "light", fácil y sensacionalista. Es decir, ofrecer a  sus públicos vías alternas de educación y liberación cultural (Fernand Terrou., 1971) en su negociación con lo comercial y pedestre. Me refiero, claro, a la prensa y la comunicación en general como parte de la industria de la cultura.

            Si algo detona desde el 9-11 es la urgencia de la inclusión de las culturas discriminadas, vejadas y olvidadas en la convocatoria consensual de la democracia planetaria. 

            Otro desafío utópico que hay que enfrentar- aunque en verdad, siempre estuvo ahí- es detener las fuerzas que atentan a favor de lo que Mattelart (2008) llama "reducción de la democracia". Un patriota estadounidense del siglo 18, Jefferson, llegó a decir, "prefiero un país sin gobierno a uno sin periódicos". Pareciera que lo que implicó fue que la democracia es un ejercicio, una práctica cotidiana y ciudadana y no una forma de gobierno. Es decir, la democracia hace a los gobiernos y no a la inversa. No puede ser dirigida sino vivida y compartida. Es la comunicación la ficha más importante en ese juego gramsciano porque es la que principalmente se encargará de vigilar, denunciar y contribuir a enjuiciar a esas fuerzas que impulsan la agenda de la reducción de la democracia. Y en lo que nos compete, hacer lo propio con esos poderes capacitados de mucha estupidez política que se confabulan con sus pares de cristiana estupidez para adelantar engendros tales como la discriminación de género y la exclusión y marginación de los sectores más pobres de la convocatoria social (Sepúlveda, 2005).

            Y había que decirlo: 

            "no puede haber diversidad cultural sin diversidad mediática. Mas, no puede haber  políticas culturales sin políticas de comunicación. Y recíprocamente" (Mattelart, 2008)

            Por ello es obvio el desafío para los comunicadores sociales en su negociación con el poder; investigar la diversidad cultural del país, fomentar su respeto e inclusión y abogar y presionar desde las luchas materiales y simbólicas para que el poder haga lo propio.

 La mirada del otro

            Hay académicos de otros saberes que subestiman el trabajo de la comunicación mediática en nuestra democracia, tanto en su forma como en su contenido. Sobre todo el del periodismo comercial, que no pocas veces se autoerige como representante de la opinión pública, léase del pueblo. Esto no es nuevo. Muchos de estos académicos no pueden entender la aparente contradicción que reside en representar lo público desde lo privado (Recuérdese aquí la polémica del exgobernador Rosselló con Danilo Arbilla, éste último directivo de una asociación de dueños de periódicos, en la que, lamentablemente el gobernador anexionista le ganó la polémica, meramente con gritarle que era él el auténtico representante del pueblo y no la prensa del país. Argumento este último que defendía Arbilla). He ahí uno de los grandes desafíos privilegiosos de la prensa y la comunicación social en nuestras democracias- aunque sean éstas coloniales- vigilar y aprovechar las oportunidades que se presenten para asumir la representación popular, aunque sus intereses los dicte el capital privado. Para ello, a mi juicio, se necesitan tres ingredientes por lo menos e inseparables; la honestidad, la capacidad y la valentía. La primera, para no caer e los peligros del relato por encargo o la corrupción del pensamiento. La segunda, porque la investigación para develar el misterio requiere la competencia o formación que trascienda la mera curiosidad. Y la valentía, porque los objetos o personajes investigados muchas veces vienen armados con todo el poder.

Combatientes mediáticos en la colonialidad           

            Recuerdo en este espacio de capacidad, honestidad y valentía mediáticas a aquellos comunicadores sociales más emblemáticamente ejemplares de PR: Evaristo Izcoa Díaz, Nemesio Canales, Juan Antonio Corretjer, César Andréu Iglesias, Néstor Concepción, y el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez.

            Izcoa Díaz fue el primer periodista puertorriqueño encarcelado y vejado, tanto por el régimen colonial español como por el estadounidense, prácticamente por el mismo delito; publicar en su periódico editoriales que condenaban la colonialidad de uno y otro régimen. Al día siguiente de la invasión de la marina de guerra estadounidense a Borinquen publica en su periódico, La Bomba, el editorial, ¿Bandidos o soldados?, el cual le costó un tiempo detrás de los barrotes (Picó 1988).

            Canales es el primer periodista puertorriqueño formado en los EEUU que viene al país a combinar su carrera de abogado con la práctica del periodismo durante el primer cuarto del siglo 20 en PR. Origina un estilo único en el periodismo puertorriqueño que mezcla magistralmente lo popular (coloquial) con lo culto, mediante unas dosis de humor e ironía que, a la fecha de hoy, no ha podido ser igualado en la prensa escrita puertorriqueña. Además,  es también el primer periodista que hace profesión de fe comunista en la prensa, en pleno régimen estadounidense durante el periodo mencionado. Su texto más emblemático, Paliques, recoge las primeras columnas cultas, humorísticas y populares del periodismo puertorriqueño.

            Juan Antonio Corretjer, antes de erigirse como poeta nacional por los sectores más alertas puertorriqueños, fue militante y dirigente nacionalista y socialista. Fue también editorialista en la prensa comercial y fundador de quincenarios, donde desde sus profundas reflexiones históricas, sociales y culturales marcó a toda una generación de las luchas estudiantiles de los años 60 y 70 en PR.

            Andréu Iglesias, es quizás el mejor discípulo o seguidor del poeta. Desde uno de los mejores periódicos puertorriqueños de la segunda mitad del siglo xx, El Imparcial, origina el periodismo literario puertorriqueño, primero que los que comúnmente se le adjudica tal movimiento. Novelista premiado por la primera institución cultural puertorriqueña, El Ateneo, desarrolló una columna de alta lectoría popular y en la que se atrevió a fiscalizar implacablemente al gobierno de más poder y sin oposición significativa en la colonia; el gobierno de LMM. Además fue organizador y delegado sindical y fundador del Partido Comunista Puertorriqueño (PCP). Su texto, Cosas de Aquí, todavía no constituye texto obligado en los cursos de periodismo en ninguno de los currículos de comunicación en PR, lamentablemente.

            Ernesto Concepción es el primer periodista encarcelado por la modernidad política puertorriqueña en los años 70­. Sólo porque se negó a revelar la fuente de una información que publicó y que involucraba al gobierno anexionista de turno. Por lo tanto es el primer ejemplo de lo que sería la valentía de la comunicación frente al poder político anexionista en PR.

            Finalmente, el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez representan quizás el primer ejemplo de un trabajo periodístico colectivo sobresaliente de la prensa en PR. La mejor investigación periodística que ha realizado esa profesión en PR y muy difícil de igualar. La misma probó, fuera de toda duda razonable para el pueblo, que el gobierno anexionista, capitaneado por Carlos Romero Barceló, conspiró, tramó y ejecutó el entrampamiento y asesinato de dos jóvenes independentistas en un monte de la sierra puertorriqueña. Lamentablemente su brillante investigación no produjo el resultado final que todos esperaban: el enjuiciamiento y condena del personaje principal de la infamia, el gobernador anexionista mencionado, quien todavía transita impune por nuestras calles y le regalan espacio en los medios cuando quiere. Pero si probó esta investigación que los discípulos anexionistas del poder colonial estadounidense han aprendido más de sus chapuzas que de sus ejemplaridades.

Empresa mediática y colonialidad                

            En el caso de la empresa y su prédica, muchas veces comodín, de representar al pueblo, no parece haber otra salida de interpretación que el forcejeo que se daría entre poder y poder. Es decir, más allá de la responsabilidad individual del comunicador, la empresa también puede asumir ese espacio de representación toda vez que el poder político se aleja del cumplimiento de su proyecto electoral y sea denunciado por la prensa y, de esa manera, se puede erigir en la voz de las mayorías defraudadas. Creo que fue el maestro Martín Barbero que hablaba de aprovechar esos "intersticios de representación" de parte de las mediaciones.

            Existe una justificación universal popularizada de los errores que reza; "nadie es perfecto". Pero también hay errores muy costosos. Y si suceden en el trabajo comunicacional, todavía peor. Siempre he sostenido- y perdón a mis estudiantes por la necedad- que trabajar con la información no es un trabajo cualquiera, y mucho menos desde la colonialidad.

 Digitalidad y Ubicuidad: la resurrección del autor

            Hoy el comunicador social en general, y el que trabaja con la información en particular, se enfrenta al desafío más seductor, pero también más delicado. Mediante las tecnologías digitales se convierte sin querer en representante transcultural. Pues la internacionalización de los textos comunicacionales se produce casi gratuita y obligadamente en el escenario preludiado por McLuhan (1967). El desafío no es otro que escribir para un nuevo sujeto seducido por un mundo en que se prima lo audiovisual, lo hipertextual y lo multidimensional o convergente. Y no resulta de poca importancia la representación cultural que se le presenta al comunicador de cada entorno y espacio nacional. Pero para los comunicadores puertorriqueños resulta doble el desafío, dada la esquizofrenia en el debate de nuestra identidad nacional.

            Hoy asistimos también a una especie de paradoja barthesiana (1977), a la resurrección del autor. Ya el comunicador social no cabalga solitario por las vigilancias e interpretaciones de la realidad. Las tecnologías digitales permiten al lector conectado o al transeúnte digital transformarse en autor, escritor, mostrador, interpretador e interlocutor con la realidad misma que le rodea, sin esperar que el profesional de la comunicación le cuente algo o nada. El ciudadano se convierte en autor de sus propios textos participando espontánea y momentáneamente en el ciberespacio bloguero. Se convierte también en vigilante del orden social y cultural con su tecnología móvil en el bolsillo, la que desenfunda para denunciar, grabar e intervenir desde el lugar mismo de los hechos. Ya traspasó aquello del periodista con fichas de teléfono de Eco, como también se le ha escabullido a la vigilancia exclusiva del Hermano Grande, de Orwell. Es decir, el estado moderno no tiene la exclusividad de la vigilancia de sus ciudadanos, sino que sabe que estos lo vigilan igual o de forma más efectiva, por lo menos en las democracias supuestamente más abiertas. Y en las que no el ciudadano se las arregla para vigilar e informar desde la clandestinidad, de lo que hace o deja de hacer el poder.

 Camino a la utopía

            Pero a pesar de todo lo anterior el desafío utópico final no parece ser muy difícil. Lo hemos señalado en otras fuentes: transformar la información en comunicación, con el fin de- como apunta Mattelart- "producir un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión (en este caso de acción social y cultural) de la sociedad".

            Colonialidad y comunicación son antinomias. La primera implica dominación y vasallaje mientras que la segunda se refiere a compartir en comunidad. De ahí que en Puerto Rico, para los comunicadores sociales que se respetan se trata de un mestizaje que incomoda. Comunicar para compartir y no para dirigir o dominar sería la utopía a perseguir.

No hacerlo sería dirigirnos "hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación de los derechos"(Mattelart, 2008).

 

 

Referencias

 

 

Andréu Iglesias, C. (1975). Cosas de aquí : una visión de la década del '60 en Puerto Rico. San Juan: Atenea.

 ASPPRO. César Andréu, Iglesias. Periodismo vital. San Juan: Casa de Periodistas.

 Barthes. R.(1977). Image-Music-Text. London: Fontana Press

 Bourdieu, P. (1990). Sociología y cultura. México: Grijalbo.

Bourdieu, P. (2002). Pensamiento y acción. Buenos Aires: Libros del zorzal

 Canales N. R. (1974). Paliques. Barcelona: Vosgos, S.A.

Martín Barbero, J. (2000). Los géneros mediáticos y la identidad cultural de los pueblos. En Cultura y Medios de Comunicación .III Congreso Internacional. Universidad Pontificia de Salamanca. pp.,105-126.

Mattelart A.(Marzo, 2008). El pluralismo de la prensa : imperativo o utopia ?. Conferencia Magistral. IV Jornadas José Rafael Echevarría. Bayamón: UPR

 McLuan, M. y Fiore, Q. (1971). Guerra y paz en la aldea global. Barcelona: Ediciones Martínez Roca,

 Muraro, H. ( Ed. ). ( 1977 ).  La comunicación de masas.  Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

Picó, F. (1987). 1898. La guerra después de la guerra. Río Piedras: Huracan

 Sepúlveda, H. (2003). Bajo asedio. Comunicación y exclusión en residenciales públicos de San Juan. San Juan: tal cual.

Sepúlveda, H. (2005). Suaves dominaciones. Críticas y utopías de los medios en Puerto Rico. San Juan: Plaza Mayor.

 

** El Dr. Sepúlveda es Catedrático e investigador y autor de Comunicación y Literatura en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

 

 

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26 Enero 2007

Salsa Comunicación y Utopía: Encontrando al Sr. Blades en Puerto Rico

EL Dia Nacional de la Salsadel 18 de marzode 2002 se le dedicó al cantautor y salsero panameño, Rubén Blades. Fue la primera vez que asistí a un concierto de este tipo, aunque soy seguidor y estudioso de ese género musical popular. El bembé de la ocasión se llevó a cabo en el estadio Hiram Bithorn de Hato Rey. Había más gente que en culquier juego de beisbol que jamás se haya celebrado allí. De entrada me impresionó que hubiera al lado de la boletería una persona repartiendo gotas para los ojos de forma gratuita. Alguien me dijo luego que se usan mucho por lo yerberos que acuden a estos conciertos.Es decir, la yerba pone los ojos rojos y las gotas los aclaran y no delatan.

A continuación mis impresiones de la ocasión. Las mismas fueron publicadas en el semanario Claridad, de Puerto Rico.

Salsa, Comunicación y Utopía: Encontrando al Sr. Blades en Puerto Rico

El 17 del mes de marzo del año que transcurre decidí acudir al estadio sanjuanero Hiram Bithorn a disfrutar por primera vez en mi vida de El Día Nacional de la Salsa. Desde la semana antes sospechaba que sería el día más concurrido de todos los susodichos que se han celebrado por una sola razón: jamás se le había dado tanto despliegue en toda la prensa del país, tanto impresa como electrónica. Y no era para menos. Se le dedicaba al probablemente mejor exponente de ese género- híbrido en todo sentido, llamado salsa- el panameño Rubén Blades. Ver llorar a este excandidato presidencial de su país en fotografías de prensa en el reconocimiento que le rindiera la Legislatura de Puerta de Tierra (Albizu) auguraba que allí acudirían aun personas como yo, que de un tiempo a esta parte he desarrollado cierta fobia a las multitudes. Y así parece haber sido.

La diversidad de grupos y clases

Obviamente, de las primeras caras conocidas que me topé fueron las de la prensa escrita: tres egresados de comunicación, hoy periodistas en dos de los diarios más importantes del país. Después de los saludos de rigor supe, a diferencia de mi caso, que no era su primera experiencia, aunque ninguno de ellos está asignado a dicho ¨beat¨ en sus respectivos periódicos. Al parecer habían acudido con el ¨cráneo¨ de comer, bailar y beber hasta volcarse, a juzgar por sus alientos que invitaba a los tragos.
Después de caminar casi todas las gradas del estadio no sin antes tropezar mil veces y pedir permiso otras tantas, me escurrí hacia la parte oeste de los palcos, para guarecerme del candente sol. Me senté lo más cómodamente que pude y saqué mi libreta de apuntes. Esperaba hacer un ejercicio monsivaisiano (Los rituales del caos) con el espectáculo y sus connotaciones. En las gradas se aglomeraba el tipo de público que gusta de escuchar la salsa mientras degusta tragos, especialmente de cerveza que pareció ser la auspiciadora más importante del evento.
Vi gente de todo tipo y podia asegurar, de todas las clases y grupos sociales. Frente a mí en la fila de salchichas me topé con varias gorras grafiteras: Libertad para los presos politicos, !Ni una bomba más! (Vieques), etc. Jóvenes y viejos descamisados. Otros con camisas de hilo y planchados hasta la nuca. Mujeres elegantemente vestidas y maquilladas como si la cita fuera en un hotel de lujo. Y claro la vestimenta y los usos de los más jóvenes que eran los numerosos. En fin, toda esa mezcla o menjurje cimarronero (Quintero Rivera). Un periodista radial me comunicó luego que nuestro Día Nacional de la Salsa es un acontecimiento ya cosmopolita, pues a él concurren gentes de afuera de nuestro país: Nueva York, el Caribe, Europa, África… Confieso que hasta hoy no lo creía tan importante.
Como dije, la función comenzó a las 2:30 con ese heredero de Maelo que se llama Cano Estremera, interpretando Canta mi gallo . Aquello se quería caer . Frente a mí, parejas de jóvenes y viejos saltaban la valla que divide el diamante de los palcos para entregarse al baile en la pista abierta pero repleta a teste. Un viejo sesentón, bastante frágil y menudito, y quien al parecer le salía muy difcil la voltereta del brinco- más por sus tragos que por su agilidad- se quedó frente a mi asiento bailando con un tumbao que no es el ¨que tienen los guapos al caminar¨ (Blades), sino aquél propio de los viejos bailaores de la salsa gorda. Así estuvo durante casi los 10 minutos que duró el soneo del Cano.
Luego, y después de 30 minutos de espera, le tocó el turno al ¨niño (que ya no lo es tanto) bonito de la salsa¨, Ismael Miranda. Cuando entonó Cipriano Armenteros aquello se quería volver a caer. Y sobre todo cuando el homenajeado del Día se trepó a cantar con él, fue el acabóse.

El talentoso Mr. Blades

Rubén Blades ya no es un panameño cualquiera que se encontró con los puertorriqueños en Nueva York, Cheo y Wilie Colón, quienes le enseñaron lo que aprendió a hacer de forma magistral y quien con el tiempo superaría a sus maestros. Algo que siempre le he admirado es su sinceridad de hombre de cultura popular, aunque no proviene de dicha clase necesariamente. Allí dijo que ¨Puerto Rico no tiene que importar talento de ninguna parte, pues aquí hay de sobra¨. Que alguien como Blades diga tal cosa es demasiado importante para mí. Pues se trata de una persona que ha estudiado en una de las instituciones universitarias más prestigiosas de la nación estadounidense, que ha protagonizado en el cine con talentos excepcionales de ese país, que ha conocido gentes de todos los rincones de la Tierra a través de su labor en las Naciones Unidas como delegado internacional contra el racismo en el globo. Sus palabras, por tanto, no son de poca monta, pues provienen de un artista talentoso de verdad.

Patria y bandera

Su composición ¨Patria¨- una de las mejores que se haya escrito en dicho género- es una pieza netamente latinoamericana. Su concepto no existe ni existirá en el ¨melting pot¨ estadounidense. Este no se refiere al concepto ¨nación¨, pues ¨no es lo mismo ni es igual¨ (Juan Luis Guerra). Los latinoamericanos tenemos ambas cosas y ambas son distintas pero inseparables. La patria implica amor, corazón, sentimiento, identidad; mientras que la nación implica un proyecto politico social. Ambas conforman nuestro carácter cultural, identitario y pasional. Por eso se nos hace tan dificil no llorar de nostalgia patria (¨homesickness¨) cuando nos ausentamos por mucho tiempo o cuando no tenemos otro remedio. De ahí que En mi viejo San Juan (Noel Estrada) sea nuestro segundo himno nacional. Que pena que no sea una salsa.
Por razones que no vienen al caso tuve que abandonar el estadio durante la actuación del niño bonito. Después me enteré que fueron Richie Rey y Bobby Cruz, y su pieza Mi bandera los que asfaltaron el camino para la interpretación de la reina de la noche: Patria. La prensa del otro dia informaba que definitivamente, fueron las dos piezas más identitarias y características de la velada y de la gente que allí se lo disfrutó.

Salsa identitaria y distintiva

Si acaso quedaba alguna duda de que la salsa constituye la expresión musical y artística más genuina e identitaria de nuestras clases populares, el domingo 17 de marzo del 02 quedó completamente despejada. Para ellas, el merengue, aunque se le respeta y se le quiere como un género musical caribeño y característico, no parece ser otra cosa en Puerto Rico que una moda bailable de algunas modelos construidas metidas a merengueras, sin que este género llegue a constituir una apropiación identitaria del disfrute y del verdadero gusto y oido musical de las clases que se dan cita en este festival. Pero esta salsa también tiene apellido, es salsa puertorriqueña. Pregúntele a cualquier cubano en La Habana para que Ud. vea. Por lo menos eso me afirmaba un joven habanero en abril del 1991, cuando escuchábamos salsa en la Escuela Internacionalde Cine y Televisión en San Antonio de los Baños.

Hacia la utopía de un Festival Nacional de la Salsa

En este concepto de festival , precisamente, estriba la utopía. Imaginamos no un día nacional de la salsa, sino un Festival Nacional de la Salsa. Las condiciones están echadas para organizar un festival de varios días, al estilo del de Río o Mardi Grass, o aún el de Claridad, en el que todo ese público, pueda dar rienda suelta a sus inhibiciones cimarroneras y musico-identitarias y quien seguramente respaldaría el evento todos los días, sin la prisa ni el hacinamiento que conlleva celebrarlo en un solo día. Se sugiere nuestro verano caliente. Es muy posible que la actividad así planificada sería un éxito cultural y económico, pues es mucha la gente que acudiría de todos los confines con mucho tiempo de ocio que invertir y desde todas esas zonas de las que me hablaba el periodista radial.
Después de abandonar el estadio y de todas estas reflexiones me sobra espacio para decir lo siguiente: pequé de ingenuo cuando fuí a este encuentro con Mr. Blades a tomar notas y a hacer un trabajo comunicológico del acontecimiento. A este tipo de actividad no se acude a eso, sino a beber, comer, bailar, a la joda (jóvenes de hoy) y a la gozadera de verdad, como cualquier hijo de vecino…

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20 Junio 2006

Ensayos, ponencias y análisis mediáticos

17 de marzo de 05

Los mercaderes de sueños. Mediaciones y mercaderías en el Puerto Rico del nuevo siglo
----------------------------Por Héctor Sepúlveda*
"Los polticos siempre mienten"
_________________Howard Zinn, 2002

"Se comprendió más por medio de la sociología clásica, desde Smith, a través de Marx a Weber, que la distribución de los recursos sociales no era natural, sino que resultaba de una lucha política". Nicholas Garnham, 1998.
____________________________

Me reuní con mis estudiantes graduados de Comunicación las noches del 9 y 16 de marzo de los corrientes para ver y analizar los mensajes del nuevo gobernador o primer mandatario puertorriqueño, Anibal Acevedo Vilá. (Es bueno aclarar lo de primer mandatario. Aunque la prensa y demás comunicadores sociales en Puerto Rico se han creido ese título y hasta lo difunden con cierto desparpajo e ingenuidad, es muy difcil aceptarlo en una nación que todavía no goza de soberanía y la que es gobernada por un poder ajeno a ella misma. Sería ms conveniente hablar del primer mandadero, o primer ejecutivo).

El primer día se dio el mensaje de situación del país y el segundo el de presupuesto. El curso que les dicto lleva por título Estructuras de propiedad y poder, y se encuadra en el marco de la sociología cultural o sociología de comunicación. Transitamos por los teróicos de la comunicación y del poder desde Foucault, pasando por Lumann y todos los marxistas, culturalistas y birminghamianos que se incluyen en la bibliografía del curso y que han tratado la disciplina comunicacional desde sus diferentes marcos conceptuales.

El ejercicio se me ocurrió como uno del tipo de currículo emergente, como plantean algunos teóricos de la educación. Les asigné cuatro preguntas para el análisis, a saber:
¿Cuáles son los elementos nuevos del discurso del poder?, ¿Cuáles son sus proyectos o políticas de comunicación?, ¿Cuál es la respuesta del otro poder (En este caso, la mayoría legislativa)?, y ¿Cómo lo popular mira al poder?. En este cuarto renglón me refería a cómo lo mediático cubre la opinión ciudadana sobre el discurso del mandatario, incluso la opinión de los intelectuales de la información o la editorialización periodística o comunicacional. En otras palabras, cuales son las mediaciones que se suscitan a raíz de dicho discurso. Por último, les dije que era se su examen de mediados de semestre y les daría una semana para que me lo entregaran.

En la reflexión que sigue no voy a hablar necesariamente de la retrocomunicación estudiantil sino de lo que me pareció a mí tal evento, que ya es un ritual político en nuestro país. Es decir, algo viejo y manoseado pero todavía con cierto poder de convocatoria y sobre todo, mediática.

Por lo menos de algo me ha servido la comparescencia de otro político más que parece que empieza a tirar por la borda los sueños de todos aquellos incautos que le regalaron una victoria casi pírrica sobre el peor político- pero mejor contrincante- que ha pasado por la competencia de la colonialidad puertorriqueña. Un nuevo ejecutivo joven que no llega a los 45 años pero con una gran experiencia política desde sus tempranos veinte y que ha logrado convencer hacia su victoria en los pasados comicios de noviembre del 2004 a los sectores más alertas de la sociedad civil puertorriqueña.

Novedades del discurso del poder

No sorprendió para nada la escasez de elementos nuevos del discurso del mandatario. Se pueden enumerar algunos pero pocos: "hablar de verdades, aunque sean dolorosas", acepta la responsabilidad total del futuro de Puerto Rico, Convocar a la academia en la "economía del conocimiento", "Construir la ciudad red", y "Reducción del aparato gubernamental". Aunque algunos de estos no resultan tan nuevos- por ejemplo este último- sí se puede decir que resultaba nueva la forma que el mandatario dijo que los iba a manejar.
"Nunca es triste la verdad..."
Hacía tiempo que no escuchaba a ningun político hablar de verdades aunque sean dolorosas. ( La última vez que lo experimenté fue cuando Fidel Castro reunió a su pueblo en la plaza de La Habana para anunciarles el tiempo de las vacas flacas del llamado período especial, a comienzos de los 90 del siglo pasado). Sino todo lo contrario, hablar de mentiras para hacer reir o para ilusionar con el imaginario de la felicidad. Sin embargo, a quienes más dolieron las verdades que dijo el mandatario no fue a aquellos que causaron la crisis sino a los que la padecen. Consolidar agencias públicas para achicar el gobierno y ahorrar costos públicos, significaría hoy en nuestro país tener que echar a la calle a más de cinco mil personas, según los propios datos oficiales. Irónicamente más o menos por una cantidad similar de votos se dio la victoria del gobernador. Decir que le compete al sector privado llenar el vacío del desempleo de esos trabajadores es doblegarse una vez más ante los proyectos privatizadores de la economía neoliberal que nos arropa. A la misma vez dice que su embestida económica va en aras del apoyo al de aquí. Lo cierto es que a poco de asumir el poder, el primer ejecutivo exhortaba a la multinacional Wall Mart, a que entronizara en Puerto Rico su centro de distribución del Caribe. En este asunto no puedo estar del todo de acuerdo con aquel poeta catalán quien ha dicho que "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". En nuestro caso puertorriqueño, además de parecer que nunca ha de tener remedio, la verdad es doblemente triste.

Resulta quijotesco, por no decir una estupidez demagógica, reclamar responsabilidad por algo que todavía no ha acontecido. A la misma vez es una contradicción, a seguidas, plantear que el futuro tiene que ser una responsabilidad compartida por todos. Se es más valeroso cuando se señalan a los verdaderos culpables sin ambages y sin falsas pretensiones de generosidad inusitada o inculpatoria..

Polticas de comunicación

Convocar a la academia en la sociedad del conocimiento (de la información) puede resultar ir a bailar en la casa del trompo sin ser invitado. Sin embargo, se puede pensar que en este renglón el poder negocia con uno de sus ayudantes de su propia generación- quien se desempeña como profesor en la universidad pública- y quien hoy funge como su asesor educativo y académico por excelencia. No faltaba más que un primer ejecutivo joven pasara por alto este renglón, cuando hace bastante tiempo se está hablando de la sociedad de la información y la economía del conocimiento (Mattelart, 2003; Castells, 1996). Este aspecto tampoco resulta tan nuevo pero sí pertinente. Si revisitamos la historia de la modernidad puertorriqueña podemos pensar que el padre ideológico y pragmático del que hoy habla, Luis Muñoz Marín, lo hizo para desarrollar su proyecto cultural, sobre todo en la DIVEDCO (División de Educación de la Comunidad), donde reunió mucho de lo mejor de la "intelligentsia" liberal puertorriqueña. Generalmente, el populismo vulgar tiende a ser todo lo contrario; alejarse de aquellos espacios de los que sólo puede recibir crítica epistemológica. Los persigue, los acosa y los margina. De todas maneras, habrá que esperar a ver hasta donde se hace realidad esta promesa, que a su vez promete un sueño.

Poder contra poder

El poder legislativo de la colonialidad democrática puertorriqueña hoy se opone al poder ejecutivo en el imaginario ideológico. Por tanto era de esperarse la respuesta de aquél al mensaje ritualista del segundo. Y las oposiciones transitaron por los argumentos que se esperaban, a saber: "Fue un mensaje vacuo"; "el recuento de muchos problemas y pocas soluciones"; "el pueblo es el que siempre paga los platos rotos"; "su palabra no vale un centavo". Otra vez la demagogia cuando se está en la oposición. Pero lo importante de este discurso del otro poder, del opositor, es que no reconoció en ningún momento que el ejecutivo no quiso echarle culpas de las causas de toda la debacle y el apocalipsis que éste relataba y que un poco más de la mitad en la Isla lo reconoció, a juzgar por los resultados de los pasados comicios. El otro poder se afana ahora en lo que se afanó antes el incumbente desde la oposición; tratar de capturar los descontentos que se vayan generando desde los tropezones de la administración turnante y el tráfico de sueños para seducir a un futuro cambio cuatriañero que conducirá a la misma noria de la colonialidad democrática que se resiste a sucumbir.

"Los políticos siempre mienten", decía Howard Zinn (2002) cuando relataba las mentiras ejecutivas que los presidentes estadounidenses han utilizado como artefacto principal de su poder y para mantener a sus seguidores embelezados con su carisma y su discurso. Decía el académico de Boston que la única alternativa que tiene el ciudadano para salir de la encerrona de la mentira de los políticos no es otra que recurrir a la verdad histórica. O lo que es lo mismo, tener a la mano el libro de historia para corroborar ese discurso enmascarado y tergiversador del que gustan muchos los políticos del poder. Y aunque hablaba de su país, parece retratar toda la realidad de los países de nuestra América.

Lumann (1975, 1995) hablaba del poder como medio de comunicación. Y en la democracia puertorriqueña parece ser una verdad. Sin embargo habrá que añadir que dicho poder es todavía más comunicante cuando es mediático, cuando se materializa y se hace social a través del medio de comunicación masiva. Es por eso que el poder busca tanto al medio, se deja y gusta ser seducido por éste porque sabe que se hace más grande y más poderoso.

El poder y lo popular
Resulta curioso- por no decir espantoso- cuando el poder habla desde el poder. Muchas veces diametralmente distinto de cuando habla desde la utopía o desde la propuesta. Su discurso, lo sabemos todos, va en aras de agenciarse el apoyo popular. En nuestras democracias, aunque sean coloniales, la gente es la que importa, pero sólo cuando se necesita para llegar al poder. Después que se logra ese primer objetivo a la gente se le intenta atender y calmar con el llamado derecho al pataleo, disfrazado de participación.

Los estudiosos de las mediaciones en Puerto Rico no han logrado todavía articular el pensamiento con la acción ciudadana (Bourdieu, 2002). O lo que es lo mismo, puede que haya habido intentos de ello pero la comunidad no se entera aún o no lo ha hecho suyo. No hemos podido desde los medios articular con una sola voz nuestras propuestas a la crisis tipo porteña que ya ha anunciado el poder y que todavía la gente no acaba de entender ni comprender. El País carga una deuda multimillonaria. Las salidas no son otras que la reducción del aparato gubernamental, el despido de millares de trabajadores- la mayoría jóvenes que comienzan su vida productiva- y la consabida alza en los impuestos, y en los servicios públicos que siempre parece ser la única y mágica solución a las crisis fiscales del sistema colonial.

Intentar convencer al sector de la población que apoyó al poder de turno para que adopte posiciones críticas de las ejecutorias del incumbente es casi una tarea imposible. Pues el fanatismo y el lastre nauseabundo que dejara el gobierno anterior nubla el ejercicio claro de la razón para emprender nuevas interpretaciones y oposiciones.

García Márquez relataba sobre alquilarse para soñar, pero aquí se trata de soñar a cambio de nada, porque los mecenas que una vez prometieron justicia y recompensas a los soñadores, dejaron a estos en la estocada. Prometieron bajar el costo de la vida, los servicios públicos como la electricidad, el agua- somos quizás la isla en donde más costoso en el mundo es el servicio de agua potable- las contribuciones, el costo de los servicios de salud y sume y siga. Todo eso prometió el gobierno que alcanzó la victoria con el voto de los sectores más alertas del país, pero ha hecho todo lo contrario, con la imbatible excusa de que los gobiernos anteriores nunca confesaron la verdad al pueblo. Esa verdad no era otra que la colonia estuvo arrastrando una gran deuda fiscal y nadie se atrevió nunca a plantearla públicamente, ni mucho menos a tomar medidas antipáticas para meterle el pecho al problema. Pero lo curioso del caso es que el candidato que ahora se monta en esa excusa desde el poder fue parte del gobierno en los últimos 14 años y nunca dijo nada sobre la crisis; y lo peor, en los pasados comicios calló al respecto y hablaba con el acento de mostrar todo lo contrario. De ahí, el sembrado de sueños que hizo a sus simpatizantes y a los de su periferia.

Hacia la huidiza utopía

Los candidatos políticos de nuestros países, en donde "existe una gran abundancia de escasez", una vez irrumpen en el poder, nos hacen recordar el pasaje bíblico que relata la instancia en que el hijo del descendiente del Rey David embistió contra los vendedores que tomaron el templo de mercado. Estos de hoy son igualmente mercaderes, pero de sueños.

Más triste an es tener que reconocer que entre tales politicastros posmodernos se ha extraviado irremediablemente la utopía de otros tiempos. Aquella que nos impulsaba a tomar las calles y la ciudad para demandar derroteros de igualdad y justicia verdaderas. La que nos arriesgaba a repeler los disparos y los rótenes de los "mister con macana" para lograr pequeñas victorias que hoy se espejisman. Hay quienes piensan que las utopías son como el amor; nunca se acaban, sino que cambian de lugar y de tiempo (Sepúlveda, 2005). Sin embargo, se puede también pensar que las utopías de hoy se resemantizan. La búsqueda y construcción de sentido (Vizer, 2003) y su encuentro son hoy, además, translocales, transculturales y poliformes; gobernadas por las subjetividades. Ejemplo de esto son las culturas juveniles que resultan ser hoy ambientalistas pero contradictoriamente más desorganizadas y aventureras que las de ayer. Predican nuevas líricas en que las metáforas se riñen con lo poético. Claman por igualdad y justicia pero sin vulnerar el sistema de clases en donde encuentran diversión, reconocimiento e identidad (Reguillo, 2002). Marx parece ser para ellas una tarea de lectura de algún curso introductorio o remedial y no el pensador modernista más inquisitivo y propuestario de la historia con quien hay que a atreverse a encontrarse (Berman, 2002). La posmodernidad parece ser la excusa epistémica novedosa para subestimar lo histórico y no buscar allí los senderos del futuro. Los nuevos intelectuales predican con mucha soberbia y desparpajo las distopías y los nuevos entramados culturales sin un orden lógico ni riguroso (Reynoso, 2000). No mencionan ni citan a los utopistas de otros tiempos ni por cortesía, quizás por no tener que agradecerles mucho del desarrollo de su propio pensamiento, o simplemente por puro miedo a ese fantasma del comunismo que aun insomne recorre el mundo todavía. La vuelta al sujeto (Mattelart y Mattelart, 1987) parece hoy cautivar toda la importancia en menosprecio de la agenda de lucha por la felicidad del colectivo. Estas modas epistemológicas y creativas se confunden con las mediáticas- al menos en Puerto Rico- y se afanan en conquistar los medios para posicionarse en imaginarios intelectuales, pero que no muestran ningún compromiso de proyecto social con lo popular. En palabras de un comunicólogo velga; "la crisis delas grandes utopías políticas emancipadoras (han sido) reemplazadas por la utopía de la prótesis cibernética(Mattelart, 1998;123).

Aquella máxima marxiana que da cuenta de que "la felicidad es la lucha" parece ser la única salida para lidiar, y quizás detener, el irremediable pesimismo que presenta el escenario político del Puerto Rico de hoy. El pedido que hiciera un sociólogo y militante utopista europeo para que se comprometiera el pensamiento y el trabajo intelectual con la acción militante en las calles junto a las organizaciones populares y amplias (Bourdieu, 2002) está en orden en el país. Juntar hombros y sueños con los que sufren los desmanes del poder- trabajadores, estudiantes, mujeres y grupos sexualmente marginados- es, o debe ser en última instancia, la agenda insoslayable de la investigación y reflexión intelectual. Ese es el desafío que nos reclama para acabar con el mercadeo manipulador y barato de nuestros sueños.

Referencias

Berman M. (2002). Aventuras marxistas. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.
Bourdieu, P. (2002). Pensamiento y acción. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
Castells, M. (1996). La sociedad de la información, Buenos Aires: Paids.
Denning, M. (2004). Culture in the Age of Three Worlds. New York: Verso.
Garnham, N. (1998). Economía política y la práctica de los estudios culturales. En M. Ferguson y P. Holding (Eds.). Economía política y estudios culturales. Barcelona: Bosch, pp 121-144.
Luhmann, N. (1995). Poder. México: Anthropos.
Mattelart A. (Septiembre 2003). Sociedad de la información: El enfrentamiento entre proyectos de sociedad. Diálogos de la comunicación 67,pp. 19-28.
Mattelart, A. (1998). La mundialización de la comunicación. Barcelona: Paidós.
Mattelart, A. y M. (1987). Pensar sobre los medios. San José: FUNDESCO.
Reguillo, R. (2002). Emergencia de las Culturas Juveniles. Estrategias del Desencanto. Mxico: Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicacin
Reynoso, C.(2000). Apogeo y decadencia de los estudios culturales. Una visión antropológica. Barcelona: gedisa.
Sepúlveda, H. (2005). Suaves dominaciones. Críticas y utopías de los medios en Puerto Rico. San Juan: Plaza mayor.
Vizer, E. (2003). La trama (in)visible de la vida social. Comunicación, sentido y realidad. Buenos Aires: La Crujía.
Zinn, H. (2002). Terrorism and War. New York: Seven Stories Press.
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Con motivo de la toma del teatro de la Universidad de Puerto Rico de parte de los estudiantes la noche del sábado 16 de septiembre de 2006
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En todo este proceso lo que pienso se resume en una metáfora de un poeta uruguayo. Alfredo Zitarrosa, solía decir "la justicia es una vaca pastando en la democracia". Significa que tanto la justicia como la democracia tienen su dueño. Este no es otro que el poder. Este define la democracia, y cuando ve en peligro sus propiedades, entonces decide echárselas al bolsillo o apropiárselas. De ahí que voces que uno creía hasta ayer que eran de vanguardia y respetuosas de la diversidad y la disidencia hoy sacan las uñas, precisamente por sus intereses con el poder. Tildar de fascistas a estudiantes utopistas que creen luchar por un orden mejor de las cosas, me parece muy desatinado. En todas las universidades del mundo siempre habrá estudiantes de carácter utópico que aprovecharán su tránsito por la universidad para pensar mejor la realidad que le han legado los mayores. La universidad que disfrutan hoy nuestros hijos e hijas es, en términos relativos, mejor que la que nosotros tuvimos. Y se debe, en gran parte, precisamente a aquellas luchas que costaron dolor y sangre a cierto tipo de estudiantes que se sacrificaron por ello.
Por otro lado es cierto también que los públicos receptores del espectáculo no deben tener la culpa de las sinrazones del pugilato con el poder. Siempre he creído que una de las fallas grandes de las luchas estudiantiles es su improvisación y su espontaneidad. Quizás porque no pueden darse de otra manera y porque la utopía estudiantil tiende a ser homogénea y trasciende las geografías. Pero como he dicho en otros foros," urgen nuevas estrategias para nuevas utopías". Me refiero a que al poder hay que golpearlo en donde más le duele y no en donde más resiste. Es decir, golpear a los civiles que consumen el poder no es lo mismo que golpear al poder mismo en su frente o su cabeza. Hubiera sido más simpático y meritorio para el avance estudiantil ir y tomar las oficinas de la J de S en lugar de interrumpir la labor de artistas puertorriqueños que nada tienen que ver con los chanchullos del poder. Sin embargo también hay que reconocer que los procesos se dan como se dan y no como a uno le hubiera gustado. Es decir con sus reparticiones de simpatía y antipatía entre los públicos.
Mientras tanto, tendremos que seguir preparándonos en el camino de la stopía universitaria. En la construcción, aunque sea a veces a fuerza de cantazos, la verdadera "comunidad universitaria", que no se inscribe sino mediante la tolerancia y el respeto a la diversidad de caracteres, y en la auténtica comunicación.

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29 de julio de 1992
La ideología nuestra de cada día *
Por: Héctor Sepúlveda

Se me ocurre que hablar de ideología es como hablar del Espiritu Santo : todo el mundo lo menciona pero pocos saben de lo que realmente se trata . Precisamente estas notas van en esa tónica; tratar de inmiscuirme en ese laberinto de la ideología a la que han finado tantas veces.
Cuando el francés Destut de Tracy inventó el término a finales del siglo 18 probablemente no se imaginó nunca que su concepto pariera tantas páginas tan contradictorias. En aquel momento el francés no quiso implicar otra cosa con su concepto que el estudio de las ideas o ‘ciencia de las ideas”. Sin embargo, es en Platón en donde encontramos la génesis de la cuestión , cuando planteaba que la perfección de las cosas estaba en las ideas y no en la realidad.
Napoleón llamó ideólogos a sus enemigos políticos dentro de la misma Francia posrevolucionaria. Implicaba el Emperador que sus adversarios estaban más enajenados que él de la realidad . Así empezaba el uso peyorativo del término.
Marx, luego, en el siglo 19, se encarga de darle otro giro a la polémica., en cierto sentido con más profundidad. Tenía 28 años cuando termina de escribir La ideología alemana. Georg Luckacs, entre otros, ha dicho que dicha obra del pensador alemán no era una madura si se compara con las demás. De hecho, el mismo Engels dijo en cierta ocasión que tanto él como Marx habían destinado la obra, una vez escrita a la “crítica roedora de los ratones “. Quizás esto fue razón suficiente para que la obra saliera a la luz casi cincuenta años después de la muerte de Marx., o sea, en los años 30 de nuestro siglo. Lo cierto es que en dicha obra, Marx adjudica características negativas al concepto y plantea que el mismo es una “falsa conciencia” de la realidad que la clase dominante , en el modo de producción capitalista, impone a las clases trabajadoras.
De manera que hasta aquí el debate sobre la ideología se centra, como hemos visto, en la concepción sobre la realidad. Este enfoque marxista y a veces marxiano del concepto es el que dividirá el pensamiento social a partir del siglo 19 hasta prácticamente finales de los años 70 de nuestro siglo.
Marx va a contraponer el pensamiento ideológico que proviene del idealista al pensamiento materialista o ciéntífico que a su vez emana del pensamiento utópico. De manera que para el joven Marx, la producción epistemológica de la filosofía de la Alemania del siglo pasado era una de tipo ideológica y reaccionaria que solo se preocupaba por interpretar la realidad y no de transformarla como él decía debía ser.
Tenemos entonces que para Marx el pensamiento ideológico se encarga de mantener el estado de situación conforme a las clases que ostentan el poder. Lo hacen falseando la realidad y acomodándola a su modo o construyendo una interpretaciòn “ ad hoc” de la misma . El aparato jurídico-político , educativo y religioso es parte de esa “superestructura” ideológica que, según Marx, sostiene la estructura económica del modo de producción capitalista. Frente a esto, como decíamos hace unos momentos, Marx plantea el pensamiento materialista dialéctico mediante el cual sostiene que es la realidad la que determina la conciencia de los hombres y no al revés, como planteaba la dialéctica platónica y hegeliana. Es decir, la dialéctica marxista no es otra cosa que plantear una tesis, estudiar y cuestionar todos sus ángulos y facetas, incluso sus contradicciones o antítesis y luego de tal proceso producir una síntesis o una idea nueva y mejor. Mediante el pensamiento materialista el hombre ve en la acción social el principio y fin de las cosas . Lo contrario al idealista que sostiene que siempre hay una fuerza mayor suprahumana o providencial que ordena el universo. o la sociedad. (De ahí la famosa “mano invisible” de Adam Smith ). Esto fue precisamente lo que ocupó la vida de Marx siempre : el estudio profundo del capitalismo desde su cuna la Inglaterra del siglo 19 , el descubrimiento de sus contradicciones y el planteaminento de una alternativa mejor; el socialismo cintífico.
Esta visión de Marx ha sido interpretada de diversas maneras, desde entonces, y ha suscitado un debate muy intenso entre “marxistas, marxólogos y marxianos” como decía Ludovico Silva en Venezuela. Sin embargo, muchas veces contradictorio y dañino a la mejor interpretación de la realidad social. De toda esta producción se recuerda a los pensadores nucleados en la Escuela de Francfurt de la Alemania de la posguerra. Fugitivos todos del terror nazi, diseminaron su pensamiento por Europa y América y su inluencia todavía permea el pensamiento social y comunicológico, aunque en menos cuantía que hace veinte años. Su planteamiento medular no es otro que la todopoderosa ideología del sistema de producción capitalista , que de forma “unidimensional”- al decir, de Marcuse - controla y somete a las masas trabajadoras a sus designios de clase. Para dichos pensadores no había ninguna alternativa de mejorar su standard de vida dentro del sistema capitalista. Por tanto, no había otra salida que dirigirlos a volcar el sistema “patas arriba” y construir un nuevo sistema basado en la planificación ciéntífica de las riquezas erradicando la ideología que subyace en el sistema de clases.
Sin embargo, antes de la fama de la Escuela de Francfurt se produjeron algunos trabajos teóricos que se mantuvieron en cierto sentido dormidos o quiza pasaron desapercibidos en todo este debate sobre la ideología. Uno de estos es la obra de 1929, Ideología y Utopía de Karl Mannheim. Este autor, quizá porque fue un renegado del marxismo no se le ha dado la importancia que su pensamiento merece, precisamente en lo que a tales conceptos se refiere. En su obra cumbre, Mannheim resalta la importancia de los dos tipos de pensamiento para la sociología del conocimiento. Llega a plantear la diversidad polisémica del concepto ideología y su relación y contradicción con el de la utopía. Me parece que dicha obra es importante por dos razones: En primer lugar, es quizás la primera obra sobre el pensamiento social que se atreve a romper los moldes del recetario marxista tradicional sin caer en lo superficial y , en segundo lugar, intenta ubicar el pensamiento utópico y el ideológico como las dos caras de la misma moneda. Es decir, como producto social del hombre.
Resulta curioso que la producción teórica de lo que se ha llamado la segunda generación francfurtiana como que hace un acopio del trabajo de Mannheim y se lanza a reflexionar y en cierto sentido a revisar todo el trabajo teórico de la primera. Esto lo vemos bastante claro en los trabajos de Raymond Williams (1981) y en los de Jurgen Habermas (1984). El primero, en su trabajo sobre Sociología de la Comunicación y del arte plantea que el quehacer cultural del hombre es producto tanto de esa concepción idealista como materialista del mismo hombre, y por tanto no debe verse como visiones contradictorias sino complementarias, o por lo menos, integrativas.
Otro autor que recién ha sido descubierto a pesar de que su producción también surgió en los años 20 ha sido Antonio Gramsci. Este, al contrario de Mannheim, no fue un renegado del marxismo sino quizás el interpretador más brillante de todos los que tuvo el pensador alemán. Sus Cuadernos de la cárcel son quizás el legado marxista más importante de nuestra época. En Gramsci, el debate sobre la ideología reviste aspectos muy importantes en nuestra sociedad moderna. El establece que no se trata de “la bota sobre la cucaracha “ - como decía Martín Barbero - tal y como planteaban los de Francfurt, sino de una hegemonía que se establece por unas clases con el consentimiento de otras. Y que dicha hegemonía se construye y deconstruye cotidianamente y, precisamente, más en el campo ideológico que en otro renglón. Por tanto el terreno ideológico es uno muy fértil para que las masas impulsen cambios en la estructura de poder en la sociedad. En otras palabras, lo que se establece es una especie de negociación entre las clases hegemónicas en el terreno ideológico por prevalecer .
Es en este sentido que pensamos la comunicación. Es decir, como una utopía - al decir de Habermas- pero que se dá como una negociación en el terreno ideológico entre las clases hegemónicas y populares por prevalecer. O mejor, una negociación entre la producción y el consumo de los productos culturales de la comunicación.
Por todo lo anterior, es mejor decir que la penetración ideológica no es sólo de los medios a nosotros. Es decir, no es unidimensional, sino bidimensional o, mejor transdimensional en el mejor sentido de lo que significa una negociación. Claro, no somos incautos. El poder es en íltima instancia lo que va a decidir hasta que grado lo popular penetra a lo hegemónico. Sin embargo, esto siempre lo dictará el criterio mercantil . Esto es , si lo popular gusta y se vende, será lo que prevalecerá sobre la oferta hegemónica y viceversa.
Conclusiones
1. Si pensáramos como el joven Marx tendríamos que concluir que el pensamiento ideológico ha triunfado sobre la Utopía materialista a juzgar por lo que nos dice la realidad de los 90.
2 Sin embargo, tendríamos que concluir también que dicha utopía nunca lo fue, por lo menos en términos científicos. Sino que de lo que realmente se trataba era una ideología que cayó por sus propias características no científicas. Pues no se trata de dirigir al hombre desde arriba sino de llamarlo para compartir el gobierno y el poder con él.
3. La ideología y la utopía no son categorías reduccionistas ni contradictorias del pensamiento sino amplias y complementarias en las que se da un forcejeo de las diferentes clases en nuestra sociedad. Dicho forcejeo implica una comunicación o negociación entre los que ostentan el poder y aquellos que lo regatean.

Referencias

Arias, Dolores y otros (1987). Síntesis histórica de la humanidad. Madrid: Alhambra.

Mcquail, Denis (1991) Introducción a la comunicación de masas. Barcelona. Paidós.)

Mannheim, Karl (1966), Ideología y utopía. Aguilar, Madrid.

Marx, Carlos y Federico Engels. (1974) Ideología alemana, Tesis sobre Feuerbach, Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Cultura popular. México.

Sarup, Madan . ( 1978 ) Marxism and Education Routledge & Kegan Paul. London

Silva, Ludovico (1976) Anti-manual para marxistas, marxólogos y marxianos. Monte Avila, Caracas

Silva, Ludovico. (1981). Teoría y práctica de la ideología Nuestro Tiempo. México

*Ponencia presentada en el II Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudiantes de Comunicación Social en el CORA de la UPR el 29 julio de 1992.

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27 de octubre de 2005

La comunicación de los amos.
______________________ Por Héctor Sepúlveda*
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A la memoria del Comandante Filiberto. Un combatiente imprescindible

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“Merece la pena destacarse el fenómeno norteamericano de los institutos fabricantes de ideología. Los poderes en la sombraque suministran ideas a las elites políticas, los llamados < > (tanque de ideas) son institutos de investigación financiados por multinacionales que fabrican ideología de que crean la atmósfera intelectual favorable a ciertas políticas. Se trata de instituciones con enorme poder intelectualen cuestiones sociopolíticas, económicas y culturales que se traduce en un prestigio considerable en la política práctica, de modo que sus dicteamenes acaban imponiéndose…Su instrumento son, además de los partidos y las instituciones estatales, los medios de masas a quienes proporcionan los informes necesarios para adoptar lineas editorials o, simplemente, publicar material inédito, ya que producen regularmente artículos para diarios y revistas líderes de opinion”. (José Luis Sánchez Noriega 2002. Crítica de la seducción mediática. P.,87)
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Hay intelectuales que se afanan y ufanan en investigar o historiar la verticalidad de la comunicación. O lo que es lo mismo, de importanciar la vida y obra de los amos, del poder, de la manipulación. Ello lo anteponen y sobreponen a la investigación del protagonisno de las culturas populares en la vida cotidiana de los pueblos. Aunque algunos de ellos lo plantean de forma irónica, y como para molestarnos, siempre nos dejan algún espacio para la sospecha.

No es mi intención en estas notas polemizar con estos colegas, ni mucho menos. Creo firmemente que en nuestra sociedad- preciada de ser pluralista- hay gente, que como Martí, hemos echado la suerte con los pobres de la tierra y otra que prefiere lo contrario. Y no faltaba más. Sería muy aburrido que todos y todas tuviéramos la misma capacidad o anduviéramos por los mismos derroteros. Pero sí es necesario aclarar entuertos y, al menos, exponer cómo se ha leido esta mirada comunicacional desde los amos, es decir, desde las empresas y corporaciones de comunicación..

Desde antes de la formación de la ciudad-estado griega, prerrequisito de la República moderna, el poder socioeconómico y cultural repartió a sus anchas. Privatizó los espacios y propiedades comunes y se apropió de lo que antes era patrimonio de todos y de nadie. Se dio así el surgimiento de la propiedad privada sobre la propiedad común y la imposición de las formas de vida de los amos dominadores sobre los que perdieron en la contienda, ya por su buena fe o por su desventajada defensa. Se estableció de esa forma el primer sistema social: el esclavismo. Lo que antes se compartía entre todos en el clan o el la tribu, ahora con la consolidación del poder, se imponía desde arriba. De esa manera la comunicación se trastocó en información; en una imposición de formas ideológicas, y, por tanto, culturales. La comunidad se convirtió en ciudad-estado regida por unos pocos desde arriba hacia los muchos de abajo. Tal fue el origen de la democracia de la república griega, y desde donde se mira en los sistemas educativos occidentals para que entendamos y difundamos el concepto.

Aquél también fue el origen de la aparición de las antinomias o dualidades contradictorias que combaten en toda sociedad de clases. Es decir, las democracias de las sociedades pluralistas o clasistas, se han montado sobre una base contradictoria.; en la antinomia fundacional de dominador-dominado. Sobre esta es la que se monta la antinomia que nos ocupará en lo que sigue: comuinicación vs. Información.

Desde ese mismo origen la dualidad se ha extendido como magma de volcán a la investigación de la comunicación. Dichos conceptos, muchas veces, no solo combaten sino que coexisten, negocian y, en la escasez de las veces, comparten.

Se parte de la premisa de que comunicación no es información ni ésta es comunicación. Precisamente porque sus orígenes son distintos y contrapuestos, aunque, en cierto sentido, con mutualidades necesarias. Algo similar a la arbitrariedad del sigo, la que se monta sobre su necesariedad.

De lo anterior se desprende que investigar acerca del poder es investigar a los que verticalizan la comunicación y la trastocan en información; en imposición de formas ideológicas, como se ha dicho arriba. Sin embargo, en este espacio investigativo caben al menos tres formas de hacerlo, a saber,: de manera apologética, de forma crítica y de manera dialógica o gramsciana.

Los intelectuales que comienzan a investigar en el campo comunicacional lo hicieron de manera panegírica o apologética, precisamente porque es el poder de la industria quien primero los convoca. Entonces surge la Escuela Informacional Estadounidense. De mirada conservadora, neoliberal, y vertical estos investigadores destacan las bodades y la labor de mecenas de la empresa. Parte de la relación natural de la dualidad del paradigama emisor-receptor y no de su relación de poder. Ni mucho menos de las intenciones manipulativas de sus proyectos comunicativos. Se posicionan en su casi absoluto poder y sus intenciones para mirar a la sociedad, a las masas. Y conciben a éstas precisamente como eso; masas amorfas,y acéfalas dispersas en el tiempo y el espacio a quienes hay que ofrecerles todos los mundos posibles de entretenimiento y diversion para que se mantengan contentas y no conspiren en su contra. Son las investigaciones que sostienen que sin el poder de la empresa no hay producción cultural mediática y, por ende, no puede haber consumo ni apropiación de parte de los perceptores-consumidores.

Estas miradas empresariales y conservadoras son las que todavía desbordan en el mundo comunicacional. Y ahora más que nunca cuando a comienzos de los 90’s la economía de mercado parece haberle dado la estocada final a la utopía socialista, por lo menos hasta la fecha. Se destacan en este lugar de mirada vertical- al decir del maestro A Mattelart- los estudios de mercado hasta las investigaciones del periodismo empresarial (véase los llamados “shopper” de nuestros periódicos más importantes, en los que 3/4 partes de ellos o más están dedicadas a la venta de anuncios) que informa y vende más de lo que comunica. Es la comunicación de los amos convoyada con el capitalismo global que impera todavía en el imaginario de los perceptores y muchos de los profesionales e intelectuales del mundo comunicacional. Y es con sus apologistas, con quienes el sistema de mercado prefiere negociar ofreciéndoles sus mejores prebendas para posicionarse major cada día en los imaginarios de la sociedad civil. Es esa comunicación de los amos la que ordena el sistema y dicta lo ético y lo estético del orden social en los países donde reinan las mercancías.

Las otras dos miradas, la critica y la dialógica, van siempre a la saga de la empresarial. Estas dos increpan constantemente a aquella y ayudan al surgimiento de la alteridad; la utopia que busca la construcción de la felicidad colectiva. Dichas miradas están a la expectativa de otros intelectuales de la comunicología y profesionales de los medios para que las posicionen como protagonistas y guías de la cultura mediática en Puerto Rico y así comenzar a construir nuevos mundos de veradera participación democrática.

Penélope todavía está esperando en el andén.

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*El Dr. Sepúlveda es Catedrático en la Escuela de Comunicación de la UPR
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Ensayo num 2
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31 de agosto de 2005
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La identidad comunicacional
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“Puede decirse, de manera rotunda e inequívoca, que las sociedades más avanzadas tienen en común una creciente valoración de la información. Esto no es una moda, sino la consecuencia de la importancia cada vez mayor de la gestión de la información para abordar de forma precisa multitud de temas técnicos, económicos y sociales…La vieja idea de que la información es poder se hace así realidad de una forma explícita”. Antonio Lucas Marín (2000).
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“Lo que intentamos plantear es que mientras la comunicación siga siendo pensada como algo superestructural no habrá manera de romper con el espacio de la estructura y el sistema y por tanto no sera posible concebir su inserción multidimensional y plurideterminada en el modo de producción, ni mucho menos en una formación social concreta”. (J. Martín Barbero, 1987)
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Hace cerca de tres décadas me tropecé con un texto magistral: Comunicación de masiva: discurso y poder, de un tal J. Martín B. Yo acababa de completar un bachillerato en Sociología y Antropología y aquellas reflexiones no me resultaban muy agenas. A pesar de que el autor transitaba también por los terrenos de la semiótica y la lingüística, lo hacía de una forma no tan compleja como para que un joven aficionado a la literatura como yo lo pudiese entender. Fue para mí una lectura emblemática y seminal que marcó mi vida y mi futuro para siempre, para bien o para mal. Me señaló el camino que debía seguir, más bien porque me insufló la pasión académica que en la ocasión me faltaba, tanto que me inspiró a hacer estudios graduados en Comunicación.
Entonces vinieron otros textos y autores no menos importantes, con otras ópticas y perspectives que ampliaron la propia y me apasionaron todavía más por el saber comunicacional.
En Puerto Rico, lamentablemente, todavía no se tiene conciencia verdadera, incluso en la academia, de la importancia que reviiste la investigación de la comunicación en la sociedad informacional (Castels, 1997; Mattelart, 2003). Se cree erróneamente que el campo se restringe a la mercadería de productos, buenos y malos, que venden las empresas del periódico, la tv, la radio y el cine. Poco se sospecha que a algunos le interesa, en cambio, introducirse en las tramas de las intenciones de los dueños de la industria, la economía política que reviste, la construcción y manipulación de sus discursos y, sobre todo, en el análisis y crítica del ejercicio de su enorme poder. Al punto de que algunos de esos investigadores e intelectuales han añadido el concepto de “democracia mediática”, como la fundamentación superestructural e imaginaria de la sociedad informacional. Es ése el orden del discurso actual. La metáfora que se me ocurre sería la de una moneda con esos dos lados. Su borde, el tercer lado sobre el cual se balancea, no es otro que los retazos de la modernidad; de lo que queda de la utopia que la construyó. Me refiero a que la sociedad actual – a la que no pocos le llaman posmoderna- se configura en la sociedad informacional y su antifaz, la democracia mediática. Un nuevo tipo de democracia en la que los ciudadanos son dependientes de la tecnología informacional y sus secuelas.
La cultura del simulacro, de la que hablaba Baudrillard (1993), hoy se materializa en los imaginarios ciudadanos. El fetiche de la mercancía, del que hablaba Marx, está constitutido hoy por la información, su producción, distribución, consumo, apropiación, manipulación y su poder.
Puede dichos escenarios sean sólo aparentes y todo se reduzca al espejismo de nuevas caras que nos muestran las mismas crisis cíclicas del capitalismo postindustrial (Berman, 2002). O como se ha dicho: “La condición posmoderna suele significar..la exasperación de las contradicciones de la modernidad” (García Canclini, www.unesco.org/issj/rics153/canclinispa.html). Sin embargo, parece ser que la prótesis cibernética informacional es quien dicta las pautas del orden y del poder que demanda una nueva articulación e interpretación de aquellos conceptos tradicionales de la lucha de clases y la explotación del trabajo.
Todo lo anterior constituye el escenario ontológico, a mi modo de ver, del saber comunicacional. Los académicos que están llamados a colaborar en su protagonización son los comunicólogos. Estos son los intelectuales que investigan, analizan y reflexionan- algunos también enseñan- en dicho saber, no sólo con el objetivo de exponer críticas sino también para enderezar entuertos y aclarar incertidumbres causadas por la manipulación de la información de parte de los poderes públicos y privados. De esa manera ayudan a construir utopías de cambio social y calidad de vida al ciudadano común de la sociedad civil con el fin de lograr que la democracia no siga siendo un simulacro mediático.
Los comunicadores sociales• son los ayudantes de esas investigaciones. Le añaden su talento para su divulgación, interpretación y educación popular. Deben añadirle perfiles investigativos que se le escapan a la academia o que no están necesariamente ligados a los intereses de ésta pero sí a los del ciudadano común que busca educarse con dichas interpretaciones. Su labor debe ser la de
relatar, escribir o mostrar siempre la verdad y la estética de los textos mediáticos pero respaldada por la investigación responsable, por no decir científica. Y deben hacerlo revestidos de mucho valor y con la independencia necesaria como para diferenciarse de las interpretaciones y visión de mundo de sus jefes, los empresarios. No se trata de entrar en contradicción con el que prove el salario sino simplemente que diferencien sus respectivas miradas y espacios de ver. Esa valentía evitará que se estanquen en la etapa más primitiva del trabjador de los medios; la de simple informador. El desafío del comunicador es no hacerse cómplice de la información. Esto es, no hacerse cómplice del que impone las formas; los empresarios, la corporación. Es superarse hacia la comunicación, que no es otra cosa que compartir y develar toda la información investigada para construir los entendidos de la verdad y encender las luces en la caverna de la incertidumbre ciudadana.
No suelo utilizar el concepto tradicional de periodista En América Latina está tomando mucho arraigo su sustitución por “comunicador social”. En su utopia gusto de llamarlos, “periodistólogos” o aquellos periodistas con el grado académico que investigan y reflexionan acerca de su saber y sus prácticas.
En Puerto Rico, escasean los comunicólogos, hacen crisis los comunicadores y abundan los informadores. Pocos de estos últimos se afanan por hacer entender y desvulgarizar el fenómeno de la comunicación. Para muestra, un botón. Cada cuatro años, y desde hace más de veinte, el poder politico embarra de incertidumbre al país. Los derrotados dicen que dejan las arcas públicas en buena salud y con superávit, mientras que los victoriosos dicen que las encuentran esquilmadas, en deficit millonario. Los informadores, en lugar de investigar el misterio, no hacen más que informar, hacerse eco de lo que ambos bandos confiesan. Contribuyen al ruido, a la disonancia y muchas veces hacen notiicia al sujeto que no lo merece. Los comunicadores no investigan lo suficiente y sólo interpretan y comparten el discurso de la crisis, y pocas veces llaman a la resistencia por aquello de rendir tributo a la vaca sagrada de la objetividad. Por otro lado, algunos comunicólogos interesados investigan y reflexionan el asunto pero su discurso se queda en las cuatro paredes de nuestros salones o se duerme en nuestras bibliotecas ya que no se nos ha reconocido el protagonismo social que deberíamos tener en esta democracia informacional. Y el país nunca se entera de la “verdadera verdad”. Y si los comunicadores no hacen su trabajo como debieran, jamás se va a enterar.
Las tempestades que sufre Puerto Rico hoy son producto de los vientos que han sembrado estas mentiras de los poderes que se alternan en la colonialidad. He ahí la increible ignorancia e ingenuidad en la que se funda nuestra democracia mediática. Los comunicadores sociales tienen, sino toda, mucha de la responsabilidad en dicha incertidumbre. No hacen investigaciones enjundiosas, publican más los entendidos del empresario que los suyos o los que su formación académica les exige. De esa manera la mayoría de ellos y ellas se convierte en mera informadora. No se trata de sobrestimar a los periodistas- como me advertía un colega en cierta ocasión- sino de que se conciencen de que trabajar con la información y con la educación popular cotidiana no debe ser tarea de un profesional cualquiera.
Ya Noam Chomsky (1992) nos lo había advertido en Ilusiones necesarias; la llamada libertad de prensa no es más que una nube de humo que echa a volar el empresario para que sea, primero atacada por algunos y luego defendida por liberales (columnistas, intelectuales, periodistas, etc,.). Pero en realidad lo que esconde detrás de dicha nube es la libertad de empresa, su gallinita de los huevos dorados, que obstruye y entorpece el derecho a la comunicación. No se puede defender dicho derecho solo con informar, sino con comunicar y compartir. Esto es, atreverse a interpretar y a opinar de manera ilustrada con el fin de educar a los perceptores que no buscan otra cosa cuando se exponen a la información; compartir el espacio de publicación del que se es dueño con la disidencia para fortalecer la democracia. Esa debe ser la resemantización de la tan cacareada y mal enseñada objetividad. Esta no debe esgrimirse al margen del combate contra la incertidumbra. Es decir, el desafío, puesto en forma más clara, es el de defender el derecho a la comuniación de todos en contraposición a la libertad de información de unos pocos. De eso se trata.
El maestro Jesús Martín Barbero nos visitó hace ya algunos 15 años en la Escuela de Comunicación. Vino a insuflarnos mucha preocupación por todos estos asuntos. Desde entonces, algunos no hemos dejado de preocuparnos.

Bibliografía disponible
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22 de agosto de 2005

Comentario Radial- Dr. Héctor Sepúlveda _______________

Cuado el gran utopista inglés, George Orwell, publicó su famosa novela en 1948, quizás jamás pensó que la idea de invertir esa fecha para titular su obra maestra fuera de tanto acierto. Aunque la vigilancia social de parte de los poderes del estado no era tan patente en 1984, sí parece ser demasiado avasallante, atrevida y contradictoria a la luz de este nuevo siglo que despunta.

La sociedad autoregulada nos suena a un concepto hermoso emanado de la sociología urbana, pero como concepto al fin arrastra unas connotaciones contradictorias y a veces inexplicables, propias de la sociedad posmoderna que sufrimos y, hasta la fecha, toleramos. La autorregulación social, producto del capitalismo salvaje de los países del G-8, llega a la sociedad borincana, como secuela, no faltaba más, de nuestra madrastra del Norte. Hoy por hoy EEUU es la sociedad más vigilada, pero también más paranoica, producto del merecido que otorgaron los muchachos de Bin Laden al gobierno más estúpido y sanguinario que haya pasado por dicha nación, dirigido por el señor Walker Bush. Sus discípulos del patio, faltos de valentia, no hacen otra cosa que cargarles las maletas a este señor en lo que respecta a incorporar algunas medidas de su seguridad obsesiva. La más reciente es la implantación de las cámaras de seguridad en los residenciales públicos de más incidencia criminal de nuestro país.

Manuel Castells y otros investigadores no menos importantes han teorizado sobre la sociedad posmoderna basada en la compra, venta, y manipulación de la información como la nueva mercancía. Pero no sólo en la que basa dicha sociedad todos sus bienes y servicios, sino también en la que basa su seguridad, paz y tranquilidad. Algo parecido es el argumento en el que se fundamenta la vigilancia electrónica en las grandes ciudades . La nueva usanza nos viene del legado de Rudolph Giuliani y sus proyectos para atajar la alta criminalidad en la ciudad niuyorkina.

Pero como siempre, la vigilancia no es para los poderosos, sino para los grupos marginados e indigentes que por tener gran abundancia de escasez, siempre resultan ser los sospechosos de la criminalidad y el desorden social. He ahí la gran falla de este sistema de vigilancia electrónica que el poder politico ha implantado ya en estas zonas marginales de nuestra sociedad.

No pretendo tapar el cielo con la mano. Es cierto que muchos de nuestros residenciales son escenarios del crimen, pero también es cierto que muchos de los politicos que hemos sufrido y tolerado, banqueros y corporacionistas que esquilman la riqueza del pueblo también lo han sido y otros, lo continuan siendo. Campean hoy por su irrespeto y a nadie se le ha ocurrido poner cámaras en sus oficinas o en la ruta de sus paseos cotidianos para vigilarlos y registrar sus conspiraciones en contra del pueblo trabajador..

Para el poder político de turno las clases marginadas y pobres son a las que hay que vigilar porque son las que cometen crímenes vergonzosos, mientras que los poderosos incurren en faltas
administrativas.

Por tanto, hagamos un ejercicio sencillo y una reflexión. Pensemos por un momento si el asunto fuera a la inversa. Si en cada hogar de nuestros compatriotas marginados hubiera cámaras que registraran cada movimiento cotidiano de los manipuladores del poder político y económico de nuestro país,¿no tendríamos acaso un mejor país…?
En fin, de lo que se trata es de la utopia democrática: O nos vigilamos todos o no vigilamos a nadie.
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Para Radio Universidad de Puerto Rico les habló el Dr. Héctor Sepúlveda catedrático de la Escuela de Comunicación
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19 de abril de 2006
Comentario radial
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El 10 de abril de los corrientes salió publicada en la prensa una nota política que relataba la supuesta baja de la incidencia criminal en algunas zonas del país. Según la nota, los residenciales de Las Gladiolas y Arístides Chavier de Ponce son dos de dichas zonas. La causa, de acuerdo a un ejecutivo cibernético del gobierno de turno no es otra que la vigilancia electrónica que ha venido posicionándose en las áreas mencionadas.

El siguiente párrafo del relato periodístico nos recuerda la famosa metáfora del Panóptico, del no menos famoso pensador francés, Michael Foucault:
”Siempre hay dos operadores por turno de ocho horas que en todo momento están siendo vigilados por un agente de la policía. Éste, a su vez, es supervisado por un inspector de la Policía y todos están siendo constantemente observados por cuatro cámaras de seguridad, ubicadas dentro del centro de mando“. Y todos ellos vigilan, claro está, a los ciudadanos civiles que entran y salen, a pie o en sus autos, de dichas zonas.

Si acaso los de mi generación que leimos a George Orwell en nuesta adolescencia creímos que exageraba, resulta ahora que no solo no exageraba , sino que se quedó pequeño en su agenda de pitoniso del futuro, desde su época de mediados del siglo pasado. Resulta ahora que surge la necesidad del Estado de vigilar a todos sus ciudadanos, excepto a aquellos que lo rigen, los que hacen las leyes. Y para salvaguardar los derechos civiles, según la nota, hay que sofisticar la vigilancia de aquellos que los reclaman

Obviamente es una declaración política o a lo sumo una ingenuidad decir que gracias a la vigilancia eléctrónicia el crimen ha disminuido. Lo politico se cae de la mata pero resulta ingenuo creer, reitero, que los maldadosos dejan de delinquir por la simpleza de que son vigilados con mejor tecnología. Hace tiempo los profesionales del crimen reinventaron mil maneras de burlar la vigilancia, del mismo modo que cuando las fuerzas del orden han creido haber descubierto el arma más sofisticada para detener el crimen, éste ya le hubo madrugado con una arma mucho más poderosa.

Es decir, si fuéramos a creer que el crimen se ha disminuido, aunque sea en las zonas que menciona el parte de prensa, tendríamos también que albergar siempre la sospecha de que no es así, precisamente por esa capacidad profesional del criminal en Puerto Rico que parece estar a la vanguardia de nuestra atrasada y corrupta criminología. Y de de lo segundo la misma policía puede dar fé, sobre todo en los tiempos oscuros de Alejo Maldonado y del romerato.
Por otro lado, el mismo Superintendente de la Policía decía unos días después de la publicación de la nota de marras, que incluso durante la semanana santa el crimen campeó por su irrespeto.

Pienso que lo que realmente ha sucedido es que los criminales empiezan a operar fuera del panóptico, porque sencillamente lo descubrieron, o a lo sumo, han tomado una treguita en lo que neutralizan la manera de ser vigilados.
Reza el refrán popular: “El que hace la ley hace la trampa“. Elevando eso a un nivel más teórico pienso: al que hay que vigilar no es a quien sufre la ley, sino al que la construye“.

Para radio universidad de Puerto Rico, les habló el profesor Héctor Sepúlveda de la Facultad de Comunicación
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Lucha universitaria: Urgen nuevas estrategias
por Dr. Héctor Sepúlveda- Catedrático Friday, Apr. 29, 2005 at 11:18 AM

Lucha universitaria: Urgen nuevas estrategias para nuevas utopías- Dr. Héctor Sepúlveda- Catedrático de la Escuela de Comunicación, UPR

Ivan Ilich pensaba y exponía a finales de los años 60 del siglo XX que la universidad era la fábrica por excelencia de producción, difusión y articulación del conocimiento, y por tanto del pensamiento. De ahí que Jaime Benítez, quien se contaba entre sus discípulos, se inventara aquél atributo feliz de que "la universidad era una casa de estudios". Sin embargo el viejo Benitez no siempre fue fiel a sus principios y terminó enlodándose en la política de corral después que ordenara la entrada de la policía a su casa de estudios,con resultados nefastos aquél 11 de marzo de 19971. Dicha fecha marcó para siempre la entrada triunfal de Benítez al gran salón de los traidores del pensamiento académico del país y al cesto de la basura de la historia. Se posicionó así por lo menos para los jóvenes de izquierda que entonces luchábamos por el imaginario de la utopía. Aún así Benítez sigue siendo, para muchos, el mejor Presidente- o por lo menos, el menos malo- que ha tenido nuestro Primer Centro Docente.

Los vientos de aquellos procesos universitarios de los 70- que en realidad comienzan con los del 48, cuando las autoridades universitarias, lideradas por el mismo Benitez, le impiden la entrada al Dr. Albizu Campos para hablar ante una asamblea estudiantil, y luego se repiten en la famosa huelga de 1981- trajeron las tempestades que hoy azotan la UPR. Desde entonces la Universidad del Estado parece gobernarse más por decreto que por una genuina comunicación con la comunidad universitaria, El concepto nos viene del latín "comunicare", que significa compartir significados. Benítez y el proyecto cultural de su partido, si bien introdujeron la universidad en la modernidad académica, se olvidaron de que la llamada libertad de cátedra no se riñe con la comunicación sino que la complementa y la perfecciona. Por eso no compartieron el poder sino que se lo guardaron para ejercerlo y administrarlo como los dueños de finca privada.

El proyecto académico del otro partido que se turna la gerencia de la colonialidad en PR parece haber sido ninguno y se ha limitado a repetir o torpedear lo que ha hecho su adversario. La llamada Junta de Síndicos que hoy administra el presupuesto de más de un billón de la UPR es uno de los engendros de dicho partido político, cuyos miembros se renombran cada cuatro años y no parecen diferenciarse en nada, no importa qué partido los haya nombrado. Prueba de ello es la llamada Certificación 70- 2005, que hoy ha causado tanto descontento en la comunidad universitaria y, particularmente, en aquellos estudiantes que saben que su misión en la universidad no es sólo estudiar sino luchar por dejar a sus descendientes un centro de estudios mucho mejor del que ellos encontraron, que a su vez es mejor que la que sus padres tuvieron que mejorar con su lucha y sacrificio en los 70. Parece irónico que sea el Presidente de la institución quien defienda de manera intransigente la mencionada certificación y sus verdaderos autores. Basa dicha defensa en su compromiso de construir una universidad de inclusión y excelencia (El NUevo Día 27 de abril de 2005, p., 85). Su argumentación principal de defensa nos lanza a pensar en el imaginario populista que relata aquello de que "lo barato sale caro". También nos lanza a lamentar que académicos respetados de otros tiempos hayan sucumbido a la moda epistemológica de la ingobernabilidad del espacio público y la rendición ante las formas de administración dictadas por el neoliberalismo y la globalización "imaginada".

Esa sinonimia que hace el señor Presidente de que la calidad cuesta y lo barato pare necesariamente lo mediocre se riñen con lo mejor de las didácticas socráticas y cristianas. Lo que no dice el Señor Presidente es de dónde salen los altos sueldos de los ejecutivos universitarios.En este renglón hay margen para pensar en aquello de que Puerto Rico es quizás el único país del mundo donde los funcionarios del poder, después que aceptan con mcuho sacrificio un puesto en el espacio público, resulta que salen de allí millonarios. Entonces cabe preguntar, ¿No será el costo de dicho sacrifico lo que se esconde detrás de las verdaderas iuntenciones de lo dispuesto en la notoria Ceertificación num. 70 ?. Lo que no dice el Señor Presidente es que los estudiantes pagan dos veces la Universidad; cuando rinden ellos o sus padres la contribucón y cuando se matriculan. Lo que no dice el señor Presidente es que los estudiantes huelguistas luchan por la utopía de socializar la riqueza de la educación para los muchos y eliminar la explotación del capital por unos pocos. Lo que no dice el Señor Presidente es cómo se puede pensar en la inclusión cerrando las puertas de la exclusión a los más pobres. Es cierto que muchos de los huelguistas poseen celulares y acuden regularmente a los pubs (García Ramis,El Nuevo Día 28 de abril. p. 85) pero ellos no son los más pobres sino que saben que otros jóvenes no pueden hacer ninguna de las dos cosas, ni mucho menos estudiar en la universidad pública. Lo que no dice el Señor Presidente es... y no voy a seguir para no ofender ni indignar.

Pero la búsqueda de la utopía educacional no me ha cegado ni tampoco me permite ser chauvinista. Si la Presidencia y la J de S han cometido el arror inicial, también los estudiantes han cometido una zafra de secundarios. El primer error de éstos fue decretar una huelga aventurera y a destiempo. Aventurera por lo espontánea y la no planificación de un llamado plan B o de contingencia. El mantener cerrados los portones del recinto principal por un tiempo no planificado ha genrado antipatía de muchos profesores y estudiantes que en el inicio del movimiento demostraron su respaldo. A destiempo porque los estudiantes líderes deben saber de una vez y por todas que las huelgas estudiantiles nunca se decretan en el semestre de las graduaciones, por razones obvias. Había que planificar un movimiento mucho mejor para agosto y probablemente su éxito hubiese estado asegurado. El plan de contingencia tenía que incluir la posibilidad de no conseguir de inmediato lo que se perseguía. Una vez demostrada la fuerza de los estudiantes en haber cerrado la universidad, me parece que había que pasar a otra etapa, la de domostrar al Presidente y a la J de S que los estudiantes no son sólo unos alborotosos ni mucho menos "turbas", sino jóvenes inermes que se lanzan a luchar teniendo poco que ganar y mucho que perder. Y, sobre todo, que son capaces de demostrar que pueden ser propuestarios y no solo contestatarios.

Otro error garrafal cometido por los estudiantes líderes es el haber caído en tácticas vulgares del sindicalismo tradicional. Eso de vejar, humillar y agredir a un académico por éste oponerse al movimiento no debe tener cabida en la Univesidad.

Comenzamos estas notas con una recordación de un emblemático filósofo de la educación superior, famoso en los años 60 y 70 del siglo pasado. En los tres conceptos citados y parafraseados por nosotros se esconde parte del desafío de los estudiantes de hoy; producción, difusión y articulación del pensamiento. El primero se refiere a la investigación científica y la cración artística. El segundo a la enseñanza y las publicaciones del conocimiento y el tercero a apropiación que hacemos todos y todas de dicho conocimiento para utilizarlos en nuestras cotidianidades. El univarsitario que transita por tales conceptos no caerá nunca en fanatismos vulgares ni mucho menos en emocionalismos fanáticos.

El desafío inicial que se le presenta a los estudiantes

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Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.

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