Es lo que he hecho prácticamente desde que era un niño, según mi madre. En este espacio he ubicado todo mi pensamiento comunicacional, tanto académico como literario, que no he publicado de forma impresa todavía; y sinsabores para mis alumnos.
El 24 de mayo leemos en Aporrea. com, la red cibernética oficial del gobierno de Venezuela, lo siguiente:
“La campaña desestabilizadora que ya se desprende desde varios medios de comunicación para tergiversar la naturaleza constitucional de la decisión de no renovar la concesión a RCTV no tiene fundamentación, dijo el ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Willian Lara.
«La campaña mediática para tergiversar una decisión soberana carece de cualquier argumento sólido, pues pretende cuestionar la administración del Estado en las áreas estratégicas, tal y como lo establece el texto constitucional, áreas que son pertinentes al mantenimiento de nuestra soberanía nacional; los que critican la decisión de RCTV son los mismos que critican las políticas de integración latinoamericana que ha impulsado exitosamente el Gobierno bolivariano», expresó Lara y termina la cita.
Como dijimos en un comentario anterior por Radio Universidad estamos siempre de acuerdo con la libertad de expresión pero más con el derecho a la comunicación. Y sobre todo con el de aquellas grandes mayorías a quienes en un momento dado secuestraron lavoz y que ahora alguien del poder en Venezuela intenta reivindicar por encima de los que estando en minoría, pero también en el poder en el pasado, conculcaron siempre. Y, al parecer, de eso se trata todo este asunto de la no renovación del permiso de la emisora RCTV, y a la que el gobierno de Chávez acusa de golpista. No tengo la menor duda de que si el Presidente de Venezuela hace un referéndum para tomar la última decisión, ganaría la no renovación, aplastantemente. Entonces de lo que se trata aquí es de sopesar cómo es visto el derecho a la libertad de expresión vs. el derecho a la comunicación de y por los grupos populares quienes, por primera vez, sienten que realmente son tomados en cuenta y participan en las decisiones gubernamentales que les afectan. ¿Cuántas veces RCTV hizo valer el derecho a la comunicación de la inmensa masa de pobres venezolanos en lugar de liar sus esperanzas con la oligarquía golpista y fracasada?
Un segundo factor a considerar es que cuando el señor Bush hace barbaridades y asesina en nombre de la democracia esos mismos medios de comunicación, que dicen operar por la libertad de expresión, hacen mutis y no condenan a este esperpento de la política estadounidense. Entonces, ¿qué clase de democracia defienden e impulsan estas mismas corporaciones mediáticas?.
Aun con todo lo expuesto, desde esta emisora cultural le digo y recomiendo al gobierno de Chavez- y se muy bien que la escuchan por la red.- que renueve el permiso de operación de RCTV basado en dos razones fundamentales. Primeramente, lo debe hacer para que no caiga en lo mismo que critica de la oligarquía. A veces pienso que es una trampa que le tiende ésta, precisamente para sacar partido de la supuesta dictadura a la cubana que le adjudica a Chavez. Si renueva el permiso, Chávez se crecería ante los creyentes en la verdadera democracia y echaría por el suelo el sambenito de dictador populista que le han ajudicado los oligarcas.
En segundo lugar, le recomiendo al Presidente que si lo va a hacer que lo haga copiando la democracia puertorriqueña, que para los afortuñados del patio es la vitrina de libertad del Caribe. En nuestro país no existe soberanía nacional sobre los medios y no hay ningún medio de radio ni de televisión propiedad de la izquierda puertorriqueña. Además, el Congreso estadounidense ha abalado un aparato electoral donde el espacio que se ha asegurado a la izquierda criolla es de sólo un 5% a lo sumo. Esa es la democracia que los EEUU fomentan en PR y la que busca que todos los países de la periferia caribeña y latinoamericana imiten. Le recomiendo pues al Sr. Chávez que renueve el permiso de esta emisora golpista pero que se asegure que no tenga más del 5% de espacio de participación en la vida llanera. Tal y como se hace con la disidencia en la democracia puertorriqueña.
Y, en última instancia, Sr. Presidente, porque cuando se tiene todo el poder no hay que temer demasiado.
Les habló el Dr. Héctor Sepúlveda, Catedrático de la EC de la Universidad de Puerto Rico.
Las incidencias en el sincretismo caribeño, casi siempre, se arriesgan a quedar fuera de cualquier análisis sociológico certero. Sobre todo en Puerto Rico, que parece una sociedad simple de una pequeña isla de apenas 3.8 millones de almas y de una extensión territorial donde no existen selvas ni desiertos, y donde las carreteras nos conducen a cualquiera de sus lugares. Sin embargo, y parafraseando a un colega de los 70´s, "somos chiquitos pero complejos".
Tómense por ejemplo los últimos acontecimentos, acaecidos en nuestro bendito país en los últimos dos años, a raíz de los pasados comicios electorales. Sucede que, de aquel tiempo a esta parte, en Puerto Rico ha nacido un nuevo mecías y ha reencarnado el Hijo de Dios, Jesucristo. Si se considera que ya contábamos desde los 40´s con una Diosa, la Mita, entonces nuestro país ha sido bendecido- como me han asegurado muchos hermanos caribeños- por los dioses. Así, en plural, significa que Puerto Rico es quizás el único país en el mundo que todavía practica el politeísmo. Dios- permítaseme ponerlo en mayúscula- es relatado en nuestro país por personalidades ambiguas, contradictorias, enfermas, delincuentes, obsesivas, esquizofrénicas, psicóticas, homofóbicos, pederastas, enfermos y desviados sexuales. Cada uno tiene a su propio Dios, de quien dicen es el verdadero y hay que adorarle. Entonces no hay otra alternativa que creer que hay muchos dioses o simplemente no hay ninguno.
El otro día una académica experta en la historia de la Iglesia en Puerto Rico me confesó que nuestro arzobispo era gay. Que ella conoce a su pareja y todo; un joven y esbelto sacerdote. No me tomó por sorpresa. Ya yo lo había sospechado desde su primera conferencia de prensa, a raíz de su nombramiento desde una diócesis desconocida, allá en Texas. En la ocasión, apareció en la tele con sus cejas impecablemente afeitadas y acicaladas.
No es ningún secreto que la homosexualidad siempre ha existido en la vida religiosa, por muchas y variadas razones. Suele ser maravillosa sublimación para "bregar"con los pecados de la carne. También surge como mecanismo compensatorio y como una gran excusa para no tener que lidiar con una sacramento antipático como el matrimonio, "como Dios manda". No soy homofóbico. Pero lo que realmente molesta es que una vez estos altos jerarcas dejan saber la práctica de su preferencia sexual, no tengan el valor suficiente para ofrecerle a su grey una interpretación distinta de la persona de Cristo y su paso por la vida, como tal parece que tienen.
Lo anterior viene al caso porque el Cristo reencarnado de Ponce viene a abonar al caos interpretativo de Dios una nueva y aberrante modalidad. No sólo es un Cristo, extecato, exmujeriego, poseedor de lujosas mansiones y automóviles, cuentas de banco y pare Ud. de contar, sino que predica aquel famoso eslogan de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, en Los hermanos Karamasov, "todo está permitido". Incluso la fornicación, porque Dios es infinitamente bueno y lo permite igualmente todo. Este neoCristo no parece estar muy lejos de la interpretación que hacen de las Escrituras, por lo bajito, algunos jerarcas de la iglesia oficial. La única diferencia es que este esperpéntico personaje es, lamentablemente, más sincero que aquellos.
Hago toda esta reflexión a comienzos de la temporada navideña de este año del Señor de 2006. Quizás por todo lo expuesto es que en Puerto Rico no pasa lo que pasa en cualquier otro lugar y sólo es posible lo inaudito.
Escribo hoy 28 de noviembre a la una de la tarde. Me he quedado un poco anonadado al pasar por el lado de los estudiantes que están casi terminando un mural en una de las paredes sur del teatro, recién inaugurado el pasado 15 de septiembre, aquí en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.
Todos recordamos que un día después, los estudiantes utopistas del nuevo siglo, lograron detener la función de gala del Presidente y sus invitados especiales. La razón para la protesta estudiantil de entonces fue que la gala no era otra cosa que el regalo que le hacía el mandamás de nuestro primer centro docente a sus amigotes con quienes comenzaría un exitoso camino hacia la rehabilitación del teatro mediante la privatización "a plazos cómodos", según los estudiantes.
El encontronazo del momento, como siempre, tuvo defensores y detractores en el espacio público y mediático. Claro, fueron más los condenadores que los defensores. De mi parte, como ex estudiante utopista, obviamente los defendí, pero privadamente, porque esta vez nadie en los medios, como otras veces, se interesó por consultarme. Además escribí mi posición y la he publicado en este blog en la categoría de "ensayos y ponencias", con uno titulado "A propósito de la toma del teatro...".
Una de las noticias de primera plana de uno de los periódicos de hoy es que la Rectora está a punto de decidir la suerte de los estudiantes "revoltosos" a raíz del informe que le hizo entrega un examinador del caso que ella misma designó al respecto. El clamor civil construido por la famosa "opinión pública" de la prensa comercial parece abogar por la suspensión sumaria de dichos estudiantes y sabe Dios si indefinida. Yo, como Senador Académco y exestudiante utopista- reitero-
daré la batalla, junto a otros compañeros, para que no sea así.
Pero el motivo de mi escrito no es relatar lo que todo el mundo sabe y espera en Puerto Rico, alrededor de este asunto, tan repetido en nuestra historia académica. Lo que me motiva principalmente es algo relacionado a lo que apunto en el primer párrafo; el anonadamiento que experimenté cuando pasé por frente de los estudinates pintores. Estos tienen una carpa improvisada que les ha servido de refugio vigilante y temporero mientras trabajan en su obra. Allí mantienen sus neveritas de bebidas y comestibles y también un tocadiscompactos que mantienen a todo volumen, mientras trabajan. Lo que me sorprendió fue que, a diferencia de mi generación estudiantil protestataria que escuchábamos a Viglietti, Zitarrosa, Silvio, Serrat, Yupanqui, mientras embarrábamos graffitis, los colegas de este nuevo siglo, tenían nada más y nada menos que a Eddy Santiago entonando desgargantado, "Aquel viejo motel".
Mi nombre literario es Héctor Torriente. Soy esencialmente poeta, narrador y ensayista. Me gano la vida con mi nombre de pila como catedrático de la Universidad de Puerto Rico y como tal he publicado dos libros de ensayos sobre críticas y utopías de la Comunicación. Me gusta la comunicación como disciplina del saber, precisamente porque la literatura es comunicación. Ambas son mis mayores pasiones. Si deseas alguno de mis libros, incluso de los que he publicado en forma impresa, contáctame en amigos y te lo puedo proveer.