12 Noviembre 2009
A raíz de un acontecimiento insolito que ha ocurrido en Puerto Rico hace una semana, y de las reacciones al mismo mucho más insólitas, una colega querida me ha enviado sus pensamientos sobre el hecho y a dichas reacciones. Tengo un terrible defecto; gusto de compartir, sin que nadie me lo pida, lo que amo y disfruto en lo que respecta aquello que me suscite los sentimientos más profundos de humanismo y de arte. La carta que sigue, es portadora de todo ello. Que la disfruten. Hacen falta más mujeres como ésta en nuestro país. Bella, te quiero y te admiro.
Querido; aqui te envio mi despotrique.
Casualmente leí un primer comentario a la noticia de la donación por parte del médico Eduardo Ibarra de unos terrenos. Y digo casualmente y digo la verdad. Intentando tener más información a una nota de prensa demasiado breve; claro, no hubo puñaladas, ni corrió la sangre, ni ningún cuñando disparó a la hijastra, ni hubo tragedias, de estas nuestras de cada día que cada día vemos con mayor indiferencia, que merecieran mas allá de 3 párrafos (una de las posibles causas a la des-sensibilización de la que voy a hablar en esta nota que pretende ser una manera de canalizar mi frustración, mi dolor y mi indignación ante lo que he leído).
Primero son los comentarios de la gente acerca de los dominicanos: nuestros hermanos caribeños, nuestros parientes raciales, históricos, culturales; nuestros vecinos, separados por 20 minutos de mar!: para nosotros, camino a una vacaciones baratas que pagamos con dolares arrebatados a la dignidad; para ellos camino a una suerte comprometida con el dolor, una esperanza arrebatada a la realidad...
Se les llama: gentuza, monos, vagos, vividores, asquerosos, desgraciados, embusteros...y tantos otros descalificativos e insultos que me niego a repetir. Desprecio racial por parte de puertorriqueños, igualmente mulatos, mestizos, mezclados bajo un sustrato de intensa africanidad!!!! Es increíble. Eso se puede entender de un estadounidense, cuyos antepasados ingleses sonaron con un país blanco para gente blanca (aunque cause y provoque el mismo desprecio al planteamiento), pero de un boricua!, si a la mas blanquísima guaynabita le rascan un poco la piel, le sale la abuela "escondía en la cocina, por esj negra de a velda".
Si esos comentarios acerca de la vagancia y la vividera de los dominicanos, los hubiera escrito un cubano, para quienes el orgullo va por delante de la tentación de "vivir del cuento mongo", seria igual de deleznable, pero al menos le podríamos reconocer cierta altura moral e histórica. Pero nosotros, que abrazamos tanto la jaiberia!!!!, que la defendemos hasta comprometer nuestra integridad física, cangear la inteligencia y resolver nuestro destino nacional!!!! Me parece increíble. Que falta de introspección y cuanta poca vergüenza!
Por otro lado, aun contemplando la posibilidad de que fuera cierto y tuviésemos crédito histórico para juzgar y condenar todo lo que se ha juzgado y condenado con tanta contundencia, me pregunto: donde está la caridad, la compasión, la solidaridad que tanto alardea este país tomado por los fundamentalistas religiosos? En donde ubicamos el amor al necesitado, al infeliz, al "hermano pequeño" del que hablaba Cristo? (el verdadero para quienes creen en él, el simbólico para quienes creemos en la idea). O es que alguien piensa que una mujer, por ejemplo, que se ata su bebe a la teta y, con lo puesto y poco mas, se lanza en la madrugada a sortear el mar, el destino y la suerte, lo hace por "espíritu aventurero y vividora? O que el hombre que ve partir a su mujer y su hijo, o que le acompaña en esa lotería, que tiene más números a nombre de muerte que de la vida, lo hace por vago y listo? En qué momento esa gente que se ha expresado, por que causas, justificada por que experiencia, empezó a pensar así? O donde estaban que no los sabia, o donde estaba yo que no contaba con que en mi país: mestizo, salvaje casi, jaiba, medio descalzo y analfabeto hasta hace dos días, hubiese gente pensando de esa terriblemente dolorosa manera?
He buscado unos versos de Julia de Burgos que no recordaba con exactitud:
Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser el siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia
Recuerdo también una palabras bíblicas: que sea depositarioa mi alma de la injusticia y no del cometerla, que es lo mismo que decía, en tono más "popular" mi padre querido: "es mejor quedar como pendejo que como hijo de puta".
Pero eso no es lo peor, aunque en sí mismo es motivo para meterse debajo de la cama y esperar...o largarse a un desierto de hielo o arena, en donde el ser humano más próximo este inalcanzable a la voz y al tacto; o, por el contrario, correr y abrazarse a quien amas y pedir que la muerte llegue con la inmediatez y la contundencia necesarias para que ese abrazo pueda borrar la angustia de lo que se ha recién conocido...
Lo más doloroso es comprobar que el "dark side" arroja sus sombras sobre personas y personitas (como diría el eterno Benedetti) que deberían estar por encima de la majadera desconfianza en la humanidad. Siempre he sostenido que el verdadero peligro de la maldad no radica en el daño que te hace, sino en que te "obliga" a hacer; no en el dolor, la herida o la amputación de la inocencia que te asalta un dia y ya para siempre, sino en las heridas, los dolores o las manifestaciones de desconfianza que incorporas a tus actos y arrojas a los demás. Es doloroso y triste escuchar como tanta gente se ha expresado respecto al médico, quien lleva mas años en puerto Rico que en su país natal, por lo que ha sabido y que ha dado tantas pruebas de su compromiso social e ideológico con nuestra terrible realidad. Eso, viniendo de una persona que ejerce una profesión tan prestigiada (tal vez la mas) y con tantas posibilidades de riqueza y enajenación (incluso, justificadas por la naturaleza misma de su carrera), me parece más que un acto heroico, casi un milagro y un rayo de esperanza. Yo he conocido médicos que han deambulado por el mundo casi "con lo puesto", olvidando hasta comer y dormir, en favor de una labor ministerial que ocupa todas las horas de la existencia; médicos que jamás han visto su profesión como un camino hacia la riqueza, la fama o el protagonismo, sino como una labor mesiánica, samaritana, de absoluta entrega. Conocí y conviví (de la manera en que me lo permitió) a un medico que fue capaz, muchas veces, de caminar varios kilómetros en medio de un desierto terriblemente hostil, para cargar en su brazos a un anciano, acurrucarlo, y acompañarlo a morir. Lo he visto en medio de la madrugada llorar de impotencia por no poder hacer más, después de haber hecho muchísimo más que lo que hacen todos los médicos juntos de cualquier hospital importante. Porque es que, como él decía. "hay tanto y tanto por hacer siempre, que parece que el diablo te burla y por cada uno que atiendes el toca a diez....". Lo he sabido, además, esperar neciamente horas y horas frente al a puerta de un hospital para reclamar la donación de sabanas destinadas a la basura y repartirlas entre sus amistades para lavarlas, desinfectarlas y "suavizarlas". Lo he visto doblarlas luego con un inmenso amor y entregárselas a su gente del Aiyun. Eso, solo a manera de ejemplo. Y cada uno, como dice Hector, hace lo que puede o debe desde su trinchera. Este médico mexicano-puertorriqueño (me jode lo de la acentuación de su nacionalidad, como si la bondad o la maldad dependieran de una bandera o un certificado de nacimiento) ha tenido un gesto que hay que aceptar con generosidad porque hay que ser noble para dar y para recibir. La desconfianza, el presuponer agendas escondidas o segundas intenciones, el sospechar de un beneficio particular enmascarado de bondad, el pensar que esa donación es un alarde de poder, el expresar recelo y hasta burla ante su gesto humanitario desvela que nuestro país ha sufrido una profunda laceración en su sensibilidad y un irreparable ataque a los valores cristianos (en el más noble sentido de la palabra, y desvinculado de la pandereta fundamentalista mariana y protestante). De un adorable compañero de trabajo aprendí una lección académico- existencial. Harry Nieves me dijo un día, después de confesarme un secreto personal dolorosísimo, que creyera siempre en lo que los estudiantes me dijeran; es mejor, me dijo, tragarse 99 mentiras y ser justo con uno que diga la verdad, darle la oportunidad que puede ser la diferencia entre su hundimiento o su salvación. Y así lo hago. Si mienten, ellos con ellos mismos se acuestan y si no les remuerde la conciencia, en la des-sensibilización que les carcome el alma cada día llevan su castigo. Yo prefiero creer que Eduardo Ibarra, mis estudiantes, mis hijos, mis amigos, la gente que amo y me ama, me dicen la verdad. Porque, supongamos por un segundo que, en este caso, el gesto realmente es de entrega y desprendimiento: pueden, estas personas que desconfían de su transparencia, imaginar, por un instante, el profundo dolor, el desgarro, el llanto desgarrador que debe aflorar en el alma de esta persona, de su familia, de quienes lo conocen. Esa condena me parece inmerecida: tanto para él como para quienes la esgrimen. No hagamos de verdugos sin la prueba de culpabilidad! Eso de afilar la navaja de la guillotina constantemente en espera de una cabeza, me perece un gesto que este pueblo no merece, sobretodo habiendo tantas cabezas de culpables exhibiendo su maldad impunemente. Ver enemigos por doquier, incluso en los actos estéticamente puros, es una deformación que no merece este país, ni mucho menos merecen las personas que se van formando y en cuyas manos va a recaer el relevo de esta sociedad tan corrompida. No puede enfrentarse ese reto y esa responsabilidad con tanta hostilidad, cinismo y desconfianza. Tal vez porque he tenido a mi alrededor siempre mucha más gente buena que mala, tal vez porque insisto, tenaz o neciamente, en descartar la desesperanza como opción, quizás porque pertenezco a una generación que tuvo el honor de tener algunos maestros que fueron referentes de un norte honesto, incorruptible y tenaz, o quizás porque mi personal mecanismo de defensa es "defender la alegría" a toda costa, me ha revolcado el corazón la reacción de mucha gente buena, valiosa e informada: simplemente, no se lo merecen, no nos lo merecemos....Yo, al menos, reclamo para mi el derecho a no merecerlo y a procurar, para mi higiene mental, un pais mas limpio de espiritu y de palabra...
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22 Septiembre 2009
Mayo de 09
Por Héctor Sepúlveda**
Crítica a la crítica
"¿Por qué es tan difícil que los periodistas nos entiendan cuando hablamos del periodismo? ¿Por qué no podemos escribir nada acerca de esa profesión sin tener que justificarno?... ¿Por qué quienes detentan casi un monopolio de la difusión masiva de la información no toleran el análisis de los mecanismos que rigen la producción de la información y, menos aun, la difusión de la menor información al respecto?...¿Quién negó jamás que hubiera eminentes periodistas más bien del lado de los periodistas de encuesta y de investigación que de los editorialistas o animadores?...¿Por qué los más sensibles e íntegros de los periodistas, inquietos por la imagen real e ideal del periodismo, defienden al conjunto de la profesión y por lo tanto a los más indefendibles...de sus colegas?"
Las interrogantes anteriores no son mías, aunque hubiera querido. Pierre Bourdieu, reflexionó de esa manera entre los ensayos que recogen su último trabajo que nos llega traducido como, Pensamiento y acción (2002). En dicho texto, entre otras cosas, hace una crítica visceral del periodismo de su país, Francia, especialmente el del espectáculo televisivo y sus desencuentros con el trabajo de los intelectuales, como él mismo. Para Bourdieu, el periodismo se analiza más desde la posición del mediador, del periodista, que de las condiciones mercantiles de la producción de las industrias mediáticas y culturales. El periodismo aparece como un 'campo', esto es, como un universo con autonomía, cuyo capital simbólico, su identidad profesional, le reviste de una ética y una función social que no se corresponde con la conducta de la propia práctica profesional.
No parecen estas reflexiones de Bourdieu muy ajenas a las que se pueden hacer sobre el periodismo en otros países, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, me interesa reflexionar sobre los desafíos que se le presenta a la prensa en particular, y a la comunicación social en general, en estos tiempos en que todo lo sólido parece desvanecerse en el aire (Bergman 2004), en lo que respecta a su contribución para construir una mejor sociedad, léase su carácter utópico. Cuando hablamos de lo sólido nos referimos a las luchas materiales que hay que dar, más allá de las simbólicas, para construir y patentar la participación auténtica de los sujetos sociales en la diversidad de la sociedad que se ufana de ser pluralista, como la puertorriqueña.
Así pues, si hacemos un ejercicio parecido al de Bourdieu, hay espacio para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo dialoga la comunicación hoy en PR con su propio trabajo y con otros campos?¿Qué puede esperar el pueblo perceptor del trabajo de los comunicadores sociales en su lucha cotidiana contra los vendavales de las políticas oficiales de exclusión, discriminación y vasallaje? ¿Cuál es la expectativa que tienen los consumidores mediáticos de su representación a través del trabajo de la información, aún proviniendo dicho trabajo del espacio privado? Y, por último, ¿Cuál es la utopía, que se propone desde el espacio del pensamiento mediacional una vez se expide la crítica del déficit, de las fallas?
Hoy lo comunicacional parece diluirse en otros campos y el mayor desafío, tanto para los profesionales como por los intelectuales mediáticos, parece ser el de distinguirlo y rescatarlo. Bourdieu (1990) diría que el sociólogo es sociólogo porque lo es y no sólo porque hace sociología. De la misma manera todo el que hace comunicación no es comunicador ni menos comunicólogo. Es necesario el entrenamiento y compromiso con la investigación en la disciplina para merecer uno u otro título. Y más aún con la agenda de fiscalización del poder producto de una investigación responsable. Heriberto Muraro (1988) le añadía a la comunicación, el compromiso con la agenda de cambio y la construcción de utopías. Pero no sólo se trata de la reconstrucción de las utopías de otros tiempos, sino las que aparentemente emergen desde la convocatoria cultural. El desafío grande que se le presenta al comunicador social va por ahí: contribuir con la producción de sus textos a elevar el nivel cultural de sus públicos, apartar la paja del trigo y no caer en la chapuza o chapucería- como dicen en Borinquen- del relato vulgar, "light", fácil y sensacionalista. Es decir, ofrecer a sus públicos vías alternas de educación y liberación cultural (Fernand Terrou., 1971) en su negociación con lo comercial y pedestre. Me refiero, claro, a la prensa y la comunicación en general como parte de la industria de la cultura.
Si algo detona desde el 9-11 es la urgencia de la inclusión de las culturas discriminadas, vejadas y olvidadas en la convocatoria consensual de la democracia planetaria.
Otro desafío utópico que hay que enfrentar- aunque en verdad, siempre estuvo ahí- es detener las fuerzas que atentan a favor de lo que Mattelart (2008) llama "reducción de la democracia". Un patriota estadounidense del siglo 18, Jefferson, llegó a decir, "prefiero un país sin gobierno a uno sin periódicos". Pareciera que lo que implicó fue que la democracia es un ejercicio, una práctica cotidiana y ciudadana y no una forma de gobierno. Es decir, la democracia hace a los gobiernos y no a la inversa. No puede ser dirigida sino vivida y compartida. Es la comunicación la ficha más importante en ese juego gramsciano porque es la que principalmente se encargará de vigilar, denunciar y contribuir a enjuiciar a esas fuerzas que impulsan la agenda de la reducción de la democracia. Y en lo que nos compete, hacer lo propio con esos poderes capacitados de mucha estupidez política que se confabulan con sus pares de cristiana estupidez para adelantar engendros tales como la discriminación de género y la exclusión y marginación de los sectores más pobres de la convocatoria social (Sepúlveda, 2005).
Y había que decirlo:
"no puede haber diversidad cultural sin diversidad mediática. Mas, no puede haber políticas culturales sin políticas de comunicación. Y recíprocamente" (Mattelart, 2008)
Por ello es obvio el desafío para los comunicadores sociales en su negociación con el poder; investigar la diversidad cultural del país, fomentar su respeto e inclusión y abogar y presionar desde las luchas materiales y simbólicas para que el poder haga lo propio.
La mirada del otro
Hay académicos de otros saberes que subestiman el trabajo de la comunicación mediática en nuestra democracia, tanto en su forma como en su contenido. Sobre todo el del periodismo comercial, que no pocas veces se autoerige como representante de la opinión pública, léase del pueblo. Esto no es nuevo. Muchos de estos académicos no pueden entender la aparente contradicción que reside en representar lo público desde lo privado (Recuérdese aquí la polémica del exgobernador Rosselló con Danilo Arbilla, éste último directivo de una asociación de dueños de periódicos, en la que, lamentablemente el gobernador anexionista le ganó la polémica, meramente con gritarle que era él el auténtico representante del pueblo y no la prensa del país. Argumento este último que defendía Arbilla). He ahí uno de los grandes desafíos privilegiosos de la prensa y la comunicación social en nuestras democracias- aunque sean éstas coloniales- vigilar y aprovechar las oportunidades que se presenten para asumir la representación popular, aunque sus intereses los dicte el capital privado. Para ello, a mi juicio, se necesitan tres ingredientes por lo menos e inseparables; la honestidad, la capacidad y la valentía. La primera, para no caer e los peligros del relato por encargo o la corrupción del pensamiento. La segunda, porque la investigación para develar el misterio requiere la competencia o formación que trascienda la mera curiosidad. Y la valentía, porque los objetos o personajes investigados muchas veces vienen armados con todo el poder.
Combatientes mediáticos en la colonialidad
Recuerdo en este espacio de capacidad, honestidad y valentía mediáticas a aquellos comunicadores sociales más emblemáticamente ejemplares de PR: Evaristo Izcoa Díaz, Nemesio Canales, Juan Antonio Corretjer, César Andréu Iglesias, Néstor Concepción, y el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez.
Izcoa Díaz fue el primer periodista puertorriqueño encarcelado y vejado, tanto por el régimen colonial español como por el estadounidense, prácticamente por el mismo delito; publicar en su periódico editoriales que condenaban la colonialidad de uno y otro régimen. Al día siguiente de la invasión de la marina de guerra estadounidense a Borinquen publica en su periódico, La Bomba, el editorial, ¿Bandidos o soldados?, el cual le costó un tiempo detrás de los barrotes (Picó 1988).
Canales es el primer periodista puertorriqueño formado en los EEUU que viene al país a combinar su carrera de abogado con la práctica del periodismo durante el primer cuarto del siglo 20 en PR. Origina un estilo único en el periodismo puertorriqueño que mezcla magistralmente lo popular (coloquial) con lo culto, mediante unas dosis de humor e ironía que, a la fecha de hoy, no ha podido ser igualado en la prensa escrita puertorriqueña. Además, es también el primer periodista que hace profesión de fe comunista en la prensa, en pleno régimen estadounidense durante el periodo mencionado. Su texto más emblemático, Paliques, recoge las primeras columnas cultas, humorísticas y populares del periodismo puertorriqueño.
Juan Antonio Corretjer, antes de erigirse como poeta nacional por los sectores más alertas puertorriqueños, fue militante y dirigente nacionalista y socialista. Fue también editorialista en la prensa comercial y fundador de quincenarios, donde desde sus profundas reflexiones históricas, sociales y culturales marcó a toda una generación de las luchas estudiantiles de los años 60 y 70 en PR.
Andréu Iglesias, es quizás el mejor discípulo o seguidor del poeta. Desde uno de los mejores periódicos puertorriqueños de la segunda mitad del siglo xx, El Imparcial, origina el periodismo literario puertorriqueño, primero que los que comúnmente se le adjudica tal movimiento. Novelista premiado por la primera institución cultural puertorriqueña, El Ateneo, desarrolló una columna de alta lectoría popular y en la que se atrevió a fiscalizar implacablemente al gobierno de más poder y sin oposición significativa en la colonia; el gobierno de LMM. Además fue organizador y delegado sindical y fundador del Partido Comunista Puertorriqueño (PCP). Su texto, Cosas de Aquí, todavía no constituye texto obligado en los cursos de periodismo en ninguno de los currículos de comunicación en PR, lamentablemente.
Ernesto Concepción es el primer periodista encarcelado por la modernidad política puertorriqueña en los años 70. Sólo porque se negó a revelar la fuente de una información que publicó y que involucraba al gobierno anexionista de turno. Por lo tanto es el primer ejemplo de lo que sería la valentía de la comunicación frente al poder político anexionista en PR.
Finalmente, el dúo de Tomás Stella y Manny Suárez representan quizás el primer ejemplo de un trabajo periodístico colectivo sobresaliente de la prensa en PR. La mejor investigación periodística que ha realizado esa profesión en PR y muy difícil de igualar. La misma probó, fuera de toda duda razonable para el pueblo, que el gobierno anexionista, capitaneado por Carlos Romero Barceló, conspiró, tramó y ejecutó el entrampamiento y asesinato de dos jóvenes independentistas en un monte de la sierra puertorriqueña. Lamentablemente su brillante investigación no produjo el resultado final que todos esperaban: el enjuiciamiento y condena del personaje principal de la infamia, el gobernador anexionista mencionado, quien todavía transita impune por nuestras calles y le regalan espacio en los medios cuando quiere. Pero si probó esta investigación que los discípulos anexionistas del poder colonial estadounidense han aprendido más de sus chapuzas que de sus ejemplaridades.
Empresa mediática y colonialidad
En el caso de la empresa y su prédica, muchas veces comodín, de representar al pueblo, no parece haber otra salida de interpretación que el forcejeo que se daría entre poder y poder. Es decir, más allá de la responsabilidad individual del comunicador, la empresa también puede asumir ese espacio de representación toda vez que el poder político se aleja del cumplimiento de su proyecto electoral y sea denunciado por la prensa y, de esa manera, se puede erigir en la voz de las mayorías defraudadas. Creo que fue el maestro Martín Barbero que hablaba de aprovechar esos "intersticios de representación" de parte de las mediaciones.
Existe una justificación universal popularizada de los errores que reza; "nadie es perfecto". Pero también hay errores muy costosos. Y si suceden en el trabajo comunicacional, todavía peor. Siempre he sostenido- y perdón a mis estudiantes por la necedad- que trabajar con la información no es un trabajo cualquiera, y mucho menos desde la colonialidad.
Digitalidad y Ubicuidad: la resurrección del autor
Hoy el comunicador social en general, y el que trabaja con la información en particular, se enfrenta al desafío más seductor, pero también más delicado. Mediante las tecnologías digitales se convierte sin querer en representante transcultural. Pues la internacionalización de los textos comunicacionales se produce casi gratuita y obligadamente en el escenario preludiado por McLuhan (1967). El desafío no es otro que escribir para un nuevo sujeto seducido por un mundo en que se prima lo audiovisual, lo hipertextual y lo multidimensional o convergente. Y no resulta de poca importancia la representación cultural que se le presenta al comunicador de cada entorno y espacio nacional. Pero para los comunicadores puertorriqueños resulta doble el desafío, dada la esquizofrenia en el debate de nuestra identidad nacional.
Hoy asistimos también a una especie de paradoja barthesiana (1977), a la resurrección del autor. Ya el comunicador social no cabalga solitario por las vigilancias e interpretaciones de la realidad. Las tecnologías digitales permiten al lector conectado o al transeúnte digital transformarse en autor, escritor, mostrador, interpretador e interlocutor con la realidad misma que le rodea, sin esperar que el profesional de la comunicación le cuente algo o nada. El ciudadano se convierte en autor de sus propios textos participando espontánea y momentáneamente en el ciberespacio bloguero. Se convierte también en vigilante del orden social y cultural con su tecnología móvil en el bolsillo, la que desenfunda para denunciar, grabar e intervenir desde el lugar mismo de los hechos. Ya traspasó aquello del periodista con fichas de teléfono de Eco, como también se le ha escabullido a la vigilancia exclusiva del Hermano Grande, de Orwell. Es decir, el estado moderno no tiene la exclusividad de la vigilancia de sus ciudadanos, sino que sabe que estos lo vigilan igual o de forma más efectiva, por lo menos en las democracias supuestamente más abiertas. Y en las que no el ciudadano se las arregla para vigilar e informar desde la clandestinidad, de lo que hace o deja de hacer el poder.
Camino a la utopía
Pero a pesar de todo lo anterior el desafío utópico final no parece ser muy difícil. Lo hemos señalado en otras fuentes: transformar la información en comunicación, con el fin de- como apunta Mattelart- "producir un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión (en este caso de acción social y cultural) de la sociedad".
Colonialidad y comunicación son antinomias. La primera implica dominación y vasallaje mientras que la segunda se refiere a compartir en comunidad. De ahí que en Puerto Rico, para los comunicadores sociales que se respetan se trata de un mestizaje que incomoda. Comunicar para compartir y no para dirigir o dominar sería la utopía a perseguir.
No hacerlo sería dirigirnos "hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación de los derechos"(Mattelart, 2008).
Referencias
Andréu Iglesias, C. (1975). Cosas de aquí : una visión de la década del '60 en Puerto Rico. San Juan: Atenea.
ASPPRO. César Andréu, Iglesias. Periodismo vital. San Juan: Casa de Periodistas.
Barthes. R.(1977). Image-Music-Text. London: Fontana Press
Bourdieu, P. (1990). Sociología y cultura. México: Grijalbo.
Bourdieu, P. (2002). Pensamiento y acción. Buenos Aires: Libros del zorzal
Canales N. R. (1974). Paliques. Barcelona: Vosgos, S.A.
Martín Barbero, J. (2000). Los géneros mediáticos y la identidad cultural de los pueblos. En Cultura y Medios de Comunicación .III Congreso Internacional. Universidad Pontificia de Salamanca. pp.,105-126.
Mattelart A.(Marzo, 2008). El pluralismo de la prensa : imperativo o utopia ?. Conferencia Magistral. IV Jornadas José Rafael Echevarría. Bayamón: UPR
McLuan, M. y Fiore, Q. (1971). Guerra y paz en la aldea global. Barcelona: Ediciones Martínez Roca,
Muraro, H. ( Ed. ). ( 1977 ). La comunicación de masas. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
Picó, F. (1987). 1898. La guerra después de la guerra. Río Piedras: Huracan
Sepúlveda, H. (2003). Bajo asedio. Comunicación y exclusión en residenciales públicos de San Juan. San Juan: tal cual.
Sepúlveda, H. (2005). Suaves dominaciones. Críticas y utopías de los medios en Puerto Rico. San Juan: Plaza Mayor.
** El Dr. Sepúlveda es Catedrático e investigador y autor de Comunicación y Literatura en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
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13 Abril 2009
23 de marzo de 09
Aníbal y las brujas
Aquella máxima albizuísta de "o yankis o puertorriqueños" vuelve a emerger en el escenario político borincano.
El viernes 19 de marzo de los corrientes, un ex gobernador colonial acusado y procesado por el gobierno estadounidense en esta ínsula barataria fue declarado NO CULPABLE (veredicto que ha manufacturado su sistema jurídico) en casi una decena de cargos de corrupción que se le imputaban, junto a una de sus principales ayudantes, quien también fue exonerada en todos los cargos.
Como era de esperarse durante casi un mes del proceso judicial, el veredicto por unanimidad del jurado ha sido un acontecimiento no de poca monta. Y como todo en el país el hecho soporta, al menos, tres maneras de mirarlo. Dije "al menos", pero soporta una cuarta; la mía.
Primeramente, los correligionarios de Aníbal Acevedo Vilá, sobre todo las mujeres y los pocos que le fueron siempre fiel, creyeron de igual manera en su inocencia. Estos festejan ahora y esperan que su líder retome las riendas del liderato de su agrupación política y lo consideran el único que puede llevar al partido a una nueva victoria en el 2012, basada lógicamente en el gran rancho que le tendió el gobierno federal y sus cipayos en la pasada contienda electoral. Consideran los amigos de Aníbal que, a partir de este veredicto, no son pocos los que se han arrepentido de haber votado por el niño de mandad, de "ve corre y dile" de los Federales y el gran capital en Puerto Rico. Sobre todo cuando en apenas dos meses que lleva dicho nuevo gobierno en el poder lo que ha hecho es implantar un régimen de pánico e inestabilidad emocional a miles de familias que esperan el despido de sus trabajos, como una de las medidas de ahorro y austeridad en el gasto público, según los banqueros y corporacionistas asesores de la entrante administración. Muchos de los alcaldes del partido de Aníbal y algunos de los líderes secundarios que se mostraron ambivalentes durante todo el proceso, entran ahora en una especie de aturdimiento y confusión. Pues aparentemente se habían preparado para un resultado adverso y esperaban entrar en una nueva etapa partidaria de escoger al nuevo líder que borrara todo el pasado y emprendiera un camino distinto al que Aníbal había trazado hacia la soberanía. Concepto que, ni Aníbal ni ninguno de los que como él creen, nunca han definido como la ciencia política clásica dispone. No son pocas las divergencias que han surgido entre los mismos correligionarios- y hasta trifulcas de callejón- desde la misma noche de la celebración del acontecimiento, debidas precisamente a acusaciones de traición e infidelidades entre ellos y ellas. De otro lado- pero de lo mismo- el discurso o las declaraciones que ofreció Aníbal a sus huestes la noche de su absolución no tenían nada de aquella famosa frase de McArthur ,"I shall retun". Dio un discurso de presbítero y hombre de familia en lugar de uno de combate y utopía. El tiempo dirá lo que nos espera de este líder autonómico de nuevo cuño.
La mirada asimilista es siempre la misma. Pero hoy parece que la estupidez fascistoide con la que se ha cobijado, desde el romerato hasta la fecha, parece profundizar su antipatía en el pueblo honesto y noble que confió en ella en las elecciones pasadas. Una y otra vez estos despersonalizados esgrimen su retórica fascista en contra de todo lo que mostremos distinto al que consideran su gran nación: USA. Han salido al ruedo a decir lo que todos los que le conocemos esperábamos que dijeran :que el jurado se equivocó, que Aníbal salió no culpable, pero no inocente, que sigue siendo un corrupto, que debe enfrentar cargos en la jurisdicción "local", etc., etc, etc,. Resulta interesante destacar que su nuevo líder habló la misma noche de las absoluciones y dijo que había que respetar dicho veredicto anunciado por 12 buenos puertorriqueños. Interesante, porque un abogado analista de televisión y radio ha dicho de él , algo así como que " el Sr. Fortuño es como un pitcher de bola monga pero que poncha mucho". Luego de que este nuevo líder asimilista hiciera las declaraciones aquellas fue que salieron sus líderes secundarios a vociferar lo antes señalado. Esa ha sido la trayectoria del gobierno de turno en lo que lleva de mandato: decir algo tenue "alante", y luego bajar con las diatribas y las reales intenciones.
Los pipiolos no salen de su asombro. Son un manojo de contradicciones. No les interesa las opiniones ni la injerencia del Tribunal Federal en PR pero, por lo bajito, esperaban que Aníbal saliera trasquilado del proceso. Fueron los oposicionistas más encarnizados que tuvo el gobierno de AAV y no dijeron ni esta boca es mía cuando los federales se ensañaron contra el joven líder autonomista. En todo caso juntaron hombros con las acusaciones que se le hacían y extendían las mismas a todo ese partido colonial del PPD. El odio que sienten hacia dicho partido es tanto que siempre le adjudican que los puertorriqueños sean más estadistas hoy que ayer, pero nunca que los pipiolos voten por tal partido. Ahora que el azar parece que les abofetea nuevamente, vuelven a sus interminables cantinfladas, disfrazadas de albizuismos, para mantener seducidos a los pocos jóvenes que ciegamente siguen a este partido, condenado a ser una leyenda más en la épica legalizada- por tal chiquita- que nos caracteriza.
Personalmente pienso que Aníbal Acevedo Vilá ha sentado un precedente histórico y debido a ello también pienso que no tiene que aventurarse a sumar ninguno más. Aunque si el valor no se le ha acabado, se le ha presentado la oportunidad de su vida para ser el político más exitoso de nuestra historia. Me refiero a que ningún político de su envergadura había retado jamás al gobierno imperial y le haya ganado la partida de la manera más humillante para dicho gobierno. Con toda la brillantez que le caracterizó, ALbizu Campos lo enfrentó en 1937, pero fracasó. Además Albizu era el revolucionario latinoamericano más importante de su tiempo. NO era ni colonizado ni mucho menos gobernador por permiso y consentimiento colonial. He ahí, el inmenso valor de la victoria de AAV. Le ganó a sus amos en su propio campo de batalla.
A este neopolítico nuestro se le ha presentado la mejor oportunidad para dar el golpe de gracia a la relación colonial que ha arrastrado a PR a la debacle socioeconómica que nos ahoga hoy. De logar lo que ningún político ha logrado. Es hora de que se deje de hablar de soberanía de forma retórica y se abrace a ese escudo. Eso, si todavía cuenta con el valor que no le faltó en su primera y reciente victoria. AAV ha vencido a las brujas, pero como dice el poeta:
Logramaos vencer las brujas
pero nos falta la última batalla,
la batalla con el dragón
Por qué no nos rompemos en brazos y metrallas
para esa última batalla.
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21 Enero 2009
Ayer tomó posesión el primer presidente mestizo de los EEUU. Mestizo porque, como se sabe, no es descendiente directo de africanos sino de mujer blanca y hombre oriundo de Kenya. De entrada hay que establecerlo para que no me cuenten entre la manada que piensa y dice que el Sr. Barack Hussein Obama es negro. Es tan mestizo como todos los caribeños. De hecho, además de su lengua materna, el inglés, la otra que mejor domina es el español. Además nació en una de las islas del Hawaii. Es por ende y además, isleño. De todo eso se desprenden o pueden desprenderse muchos argumentos consensuales como también contradictorios. El primero es el hecho de que la inmensa mayoría de la gente que simpatiza con este personaje ha construido una inmensa ilusión de que el estado de entropía o desorden que causaron los pasados 8 años bajo el busherato ha de cambiar radicalmente tan pronto este señor se siente en la llamada oficina ovalada de la Casa Blanca. Se dejan guiar por el acontecimiento o fenómeno Obama. Esto es, al parecer nos asomamos a nuevos tiempos, causados por una nueva, inesperada e inaudita situación. El sueño de Martin Luther King- quien sí era negro de verdad- se ha hecho realidad. Por lo menos hasta ayer. El hecho de ser negro, además de inteligentísimo comparado con el asno de Bush, no da que esperar otra cosa.
Hay que dejar claro lo siguiente. El Sr. Obama ha sido electo, o por lo menos ha dejado ser electo, por el gran capital estadounidense para que administre la potencia capitalista más salvaje de la historia. Ni el género ni el color de la piel tiene relación directa con la utopía social. En África también ha habido presidentes negros e inteligentes, quienes han terminado como corruptos dictadores o peores gobernantes, al igual que en nuestro Caribe. Piénsese, por ejemplo, en los Duvaliers, educados en la capital de la cultura, Francia.
Resumo para no cansar. Lo importante no es el color de la piel ni la etnia de la cual se provenga, sino el compromiso y la lucha que se da y se sostiene por la utopía social, la igualdad y la felicidad de las mayorías explotadas y desventajadas. Y eso es lo que hay que esperar que haga o demuestre nuestro nuevo personaje. De eso es de lo que se trata.
P.D. Hostos dijo una vez "Se desilusiona el que se ilusiona".
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21 Enero 2009
17 Abril 2008
Definitivamente, Amilcar Tirado, Pedro Juan Soto y José Miguel Agrelot, en una especie de Santísima Trinidad, nos han dado la cinta cinematográfica más boricua de la segunda mitad del siglo XX; El cuento del gallo pelón (1961). Los tres, podríamos decir, son relevo de otros tantos que le antecedieron en esos mismos haberes; Amilcar, de Llorens- quien fue nuestro primer cineasta y poeta nacional; Soto, de Marqués- quien carga la Víspera del Hombre en La Carreta de la identidad; y Agrelot, de nuestro primer comediante y actor de cine, Ramón Ortiz del Rivero, el gran Diplo. La División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) no pudo reunir a un mejor junte para regalarnos esta cinta de hace 47 años.
Hablar de cada uno de los primeros no es el objeto de estas notas, sino destellar la borinqueñidad - o puertorriqueñidad, si se quiere, aunque parezca un concepto comodín- y algunas periferias que encontramos en la cinta que hemos disfrutado.
Precisamente esa pragmática esquiva, quimérica para algunos y cotidiana para muchos, que se llama puertorriqueñidad es el corazón del rollo de esta cinta. Esa identidad que entra y sale de lo local para enraizarse en lo nacional y negociar con lo foráneo que nos viene de afuera- perdón por la redundancia- (la tecnología); esos acentos que nadie emite excepto los que han nacido, crecido y desarrollado en la boricuidad; esa suspicacia enmascarada del jíbaro llorenstorresiano del “unju”; esa picaresca que nos viene de las maldades clandestinas del cimarrón; esas formas en que lo político infame es a la larga descubierto por la suspicacia de la curiosidad bondadosa borincana; en fin, parece que nuestro guionista- Soto- no pudo escribir alejado de lo que caracterizó a su generación; mostrar, ventear y patentizar la identidad puertorriqueña en todos los textos y discursos posibles.
Vimos en la cinta que la identidad no se amenaza por el afecto a la tecnología foránea sino que su consolidación puede darse el lujo de consumir y negociar con ella. Es decir la identidad atraviesa ideologías tecnológicas, sin inmutarse. Porque siempre se carga en la mochila, cuando se desterritorializa y viaja hacia lo global desde lo local. Y además, por aquello de la difusión cultural y porque hoy todas las culturas precian mucho sus hibrideces. Sin embargo, no es la tecnología foránea la que amenaza la paz y la convivencia de la civilidad sino la política de mala leña- Cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia-.Lo que nos impulsa a ubicar el sentido de esta cinta en los tiempos que corren. Es decir, su temporalidad está hoy más vigente que nunca.
Nos recuerda además la cinta a una borinqueña sin igual, Doña Margó, madre de nuestro cantor cimarrón, Ismael Rivera y su plena contextual “Maqinolandera”, inspirada en las primeras máquinas de lavar que llegaron a PR, marca Olán según testimonios de la propia doña Margó.
La cinta también expone ese carácter utopista del borinqueño, el de querer traspasar situaciones difíciles con el afán del progreso. Ese progreso que a veces se enmascara con la ilusión y la apariencia. Y que más de las veces viene convoyado con las promesas de políticos baratos, que tanto abundan en nuestro suelo, para ilusionarnos y cogernos de bobos. Pero lo que esconden, casi siempre, son las tramoyas y las trampas para salirse con las suyas y dejarnos en la estocada.
Y hay que decirlo, es una cinta utopista. Es decir, que busca construir mejor la realidad. Aquello de que “hay que ir criando el pollo para cuando sea gallo”, dicho en par de ocasiones, implica también, además de su intrínseca denotación, un esperar para cuando llegue el momento; albergar siempre la esperanza de que si trabajamos hoy el futuro será mejor que el presente.
Y en esto del trabajo, también hay que decirlo; es una cinta hecha por trabajadores de la cultura (la DIVEDCO), la mejor corporación de cine que ha existido en PR hasta hoy, para una comunidad de trabajadores, como era Puerto Rico en el albor de la modernidad de los cincuenta. No nos debe extrañar por tanto ese acento tan propio de nuestra cultura popular; de nuestras culturas barriales. Y mucho más en los momentos en que PR comienza un verdadero movimiento de alfabetización de las masas, con la entronización de los medios.
A esta generación audiovisual-que ha devenido en digital- y que a veces se olvida de sus orígenes identitarios, nuestro Amilcar Tirado no pudo legarle mejor regalo. Vaya un aplauso a su memoria.
*Ponencia presentada en la celebración de la Semana de la Biblioteca en el Salón de Actos de la Escuela de Comunicación el 17 de abril de 2008.
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9 Abril 2008
“La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo;
la revolución pasa por las grandes masas; la
revolución la hacen los pueblos;
la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores”.
Dr. Salvador Allende- 1972
"Ellos van a buscar por aquí y van a tratar de meter miedo, atemorizar, a desfigurar. Bueno, esa es su tarea"
Hugo Chávez- Caracas, 15 de agosto de 2007
El 11 de septiembre de 1973 se produjo la tercera gran afrenta del siglo 20, siglo “de maldad insolente”, según Santos Discépolo, en “Cambalache”. La primera fue, obviamente, el genocidio judío de parte del padre ideológico de los que perpetraron las que vinieron después. La segunda; el bombardeo criminal y genocida de Hiroshima y Nagasaky por la nación, más democrática del mundo, según los defensores de la colonialidad puertorriqueña. La tercera- y la que nos ocupará parte de estas notas- se convoca cuando unos militares fascistas, derrocaron al primer gobierno constitucional socialista del planeta en Chile, e implantaron la dictadura más sangrienta en la historia de nuestro continente, en aquel país que había creado fama de ser “la suiza de América”, precisamente por su tradición democrática. Todavía existen madres chilenas de incurable insomnio, causado por la ansiedad de escuchar el toque a la puerta de sus hijos desaparecidos.
Pero la furtiva vida de aquel singular proceso popular no fue en vano. Su secuela desembocó el movimiento llamado “eurocomunismo”, en Portugal, Francia e Italia. La “guerra de los claveles” portuguesa, le señalaría a España, algún tiempo después, el camino largo y seductor- aunque complejo- de la democracia burguesa. Francisco Franco- que, en cierto sentido, fue maestro e inspirador del fascista Pinochet-, igual que el chileno, católico fanático y asesino de poetas e intelectuales, tenía sus días contados; más por la sentencia implacable del tiempo que por la militancia de un pueblo aterrorizado y reprimido.
Con Allende nació lo que se vino a llamar después, “la nueva izquierda”. Y, por tanto no es tan nueva; tiene casi 40 años. Su conducción enseñó que no sólo la dictadura del proletariado puede implantar el socialismo. Que los pueblos, cuando se deciden, buscan maneras nuevas y particulares para desembocar procesos de desarrollo. Que también pueden esperar con mucha paciencia y vigilia el descalabro, por su propio peso, de la ignominia, la traición y la infamia. La dictadura de bayonetas y asesinos duraría 17 años a golpes de incertidumbre, oscurantismo y división de la familia chilena. Hoy, y poco antes de morir el artífice de la infamia, el país parece encontrar el rumbo, precisamente conducido por una mujer heredera y desarrollada por aquella Unidad Popular.
Pero aquel proceso abortado también contó con una nueva propuesta mediática. Pues, en última instancia, todo proyecto político popular es por antonomasia un proyecto comunicacional. Auspiciados por la Universidad Católica varios investigadores se dieron a la tarea de impulsar propuestas para la democratización de los medios en el país. Su agenda no era otra que “devolverle el habla al pueblo”, según lo planteaba Armand Mattelart (1974), un belga nacionalizado chileno, quien junto a su compañera Michelle y otros colegas, apostaron al nuevo proceso socialista-democrático. En este también se inscribieron teóricos igual de importantes, como Oscar Massota, Ariel Dorfman, Valerio Fuenzalida, María Helena Hermosilla y otros. Su tesis principal fue que los medios eran parte consubstancial del capital monopolista, tanto nacional como extranjero en el país y había que reconceptuar, su agenda de producción como su dirección. Había que proveer en ese proyecto la participación auténtica y militante de los sindicatos relacionados y el pueblo consumidor de los mensajes o textos mediáticos. Allende siempre supo que la Unidad Popular que dirigía aglutinaba las mayorías paupérrimas y excluidas del proyecto democrático-burgués, que había sido manufacturado por los ricos dirigentes de la democracia cristiana y las agrupaciones de derecha que, tradicionalmente, se turnaban el poder político, económico, social y cultural chileno.
El movimiento mediático allendista también marcó la modernidad de la investigación comunicacional en América Latina y sus nuevos rumbos que de allí en adelante no abandonará jamás. Los investigadores latinoamericanos no se dejaron amedrentar por los fascistas- que parecían reproducirse como güimos en los países vecinos- y se concentraron en innovadoras investigaciones, pero sin olvidar que el detonante no fue otro que la marcha iniciada por el gobierno de la Unidad Popular.
El primer gran giro fue la reacción de los intelectuales marxistas a la afrenta del pinochetazo, como era de esperarse. Dicha óptica, heredera de aquella de Francfort, produjo miradas verdaderamente alertas y reflexivas ante una situación que amenazaba la convivencia y la hermandad latinoamericana. Dichas miradas se iniciaron desde la comunicación como saber y desde los medios, sus empresas y los públicos como objetos de estudio o su materia prima. Como disciplina, la Comunicación era pensada, a veces, como ciencia autónoma de las ciencias sociales, y otras, como disciplina híbrida que no podía prescindir de otros saberes, especialmente de la sociología, la política, la historia, la antropología y la economía. De la convocatoria de esos saberes surgieron textos emblemáticos antes, durante y después del gobierno de Allende, tales como: , Comunicación masiva y revolución socialista (1971); Para leer el Pato Donald (1972); Agresión desde el espacio. Cultura y napalm en la era de los satélites( 1972); Comunicación y cultura de masas (1972),Comprender la Comunicación (1978); La comunicación de masas en América Latina (1973); Periodismo y lucha de clases (1973); La cultura como empresa multinacional
( 1974); Superman y sus amigos del alma (1974); Neocapitalismo y comunicación de masas (1974); La comunicación masiva en el proceso de liberación (1975); América Latina en la encrucijada telemática (1983), y otros tantos que no podemos mencionar por falta de espacio.
La mayoría de los títulos de estos textos sugieren elocuentemente su contenido y dan cuenta de que los medios son extensiones del poder político y económico, por lo que, generalmente, abandonan su funciones naturales en un sistema democrático, como son la crítica, la expresión plural y ejercer de contrapeso o contrapoder social. Por encima del poder político, es el poder económico quien influye de manera decisiva en la agenda de los medios. Sus tesis también constituyen una denuncia del avance de las empresas privadas en el dominio del especio público, con efectos sobre la libertad de expresión, pero también en la degradación de la oferta cultural y mediática. En primera y última instancia posicionan a los medios de comunicación social en los ‘brazos ejecutores’ del sistema económico.
En los EEUU los intelectuales no se hicieron ni se han hecho esperar. Las calderas estaban ardiendo desde el lastre macartista de los 50 y los disturbios raciales de los 60, junto con la militancia exitosa de los pigmeos gigantes y justicieros de Vietnam. Los pensadores, como siempre, se dividieron entre “apocalípticos e integrados” (Eco, 1968). Sin embargo, los primeros- influidos por aquellos de Frakfurt- a la vez que denunciaban la catástrofe casi irremediable que difundían los textos mediáticos, también dejaban ver los intersticios por donde se podía colar el cambio social. Su propuesta intelectual se traducía en rescatar los medios de comunicación de manos de los especuladores del gusto y la cultura, y ponerlos al servicio de las mayorías excluidas de dichos medios, pero por ellos seducida hasta la enajenación.
Voces como Noam Chomsky, Howard Zinn, Herbert Schiller, y otros no menos importantes, investigan y reflexionan hasta la saciedad sobre el gran protagonismo de los medios y las corporaciones dueñas en la disfunción y construcción de ideologías para falsear la realidad y la historia. Schiller, por ejemplo, planteó que el país que es dueño de las empresas comunicacionales es también dueño del poder. Su texto de Comunicación de masas e imperialismo yanqui (1969,) constituye el primer acercamiento importante de la economía política de la comunicación en ese país. Chomsky, divide su cátedra de lingüística en el MIT con su militancia, sus investigaciones de comunicación y su peregrinaje internacional denunciando las tramoyas ocultas del poder estadounidense que engañan y manipulan, con los medios como sus principales aliados. Sus trabajos sobre el ocultamiento de la verdad de lo sucedido en Vietnam de parte del poder militar estadounidense y la complicidad de los medios en esa agenda constituyen la primera gran denuncia crítica de un intelectual sobre dicho conflicto. Lo repite luego y como intelectual invitado del gobierno sandinista a comienzos de los 80’s. Su texto, On Power and Ideology. The Managua Lectures (1987), reúne las conferencias que ofreció en la Universidad de Managua sobre dicho proceso y su asedio por el imperialismo estadounidense. Una de sus obras emblemáticas, Ilusiones necesarias (1992), es una obligada para cualquier lector que desee iniciarse en el estudio de la massmediación y sus relaciones con la geopolítica. Zinn, por su parte, escribe, La otra historia de los Estados Unidos (1980, 1999), que constituye el primer texto de esa disciplina pensado desde la utopía y que condena los desmanes del poder desde la colonización hasta la modernidad del imperio. Promueve - al igual que su compatriota- con su propia militancia en las calles la desobediencia civil. Su tesis es sencilla “sólo el pueblo organizado salva al pueblo”. Las leyes y el aparato del poder estatal- continúa- están hechos por los especuladores y mentirosos para su propio beneficio. Su visión y metodología de la historia va a producir muchos adeptos y PR no va a ser la excepción. Quizás su mayor aportación está en aquello que ha planteado P. Bourdieu (2002), en su último libro: el intelectual tiene el desafío de poner sus investigaciones en la militancia popular en las calles y en los escenarios excluidos por el poder.
Toda esta agenda de investigación y militancia intelectual han desembocado en brisas de primavera. La semilla que se regó en buena tierra ha empezado a dar excelentes frutos. El fantasma del socialismo esta vez no recorre por Europa sino por Nuestra América. Al viejo Marx no le dio tiempo suficiente para visitar el nuevo continente, pero sí produjo discípulos como liebres. Castro, Allende y Chávez son los apellidos que se atreven a sobresalir, y por ahí se asoman otros. Nicaragua y El Salvador tuvieron sus 15 minutos de fama, pero parece que la izquierda allí no estuvo tan consolidada como para emprender nuevos caminos democráticos y parece que ambos pueblos han vuelto al pasado neoliberal.
La nueva izquierda se ha reproducido como pólvora en la pradera y tiene a los señores del gran capital muy ansiosos. Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Ecuador se atreven aceptar el desafío del sistema electoral burgués tradicional y se han salido con la suya, no sin el asombro o el espanto de los que siempre dominaron las urnas y la suerte.
El tren del fantasma de Allende parece que se ha estacionado en la zona septentrional del Sur, y es Venezuela la que parece dictar las nuevas pautas basadas en su memoria. El viejo chileno no pudo consolidar su proyecto cultural mediático por las razones que todos sabemos pero sí implantó las bases para su desarrollo más de treinta años después. Hoy con el apoderamiento de la nueva izquierda latinoamericana dicho proyecto parece que empieza a caminar no sin algunos obstáculos. Los mismos provienen de los dueños del gran capital corporacionista mediático y los que siempre han creído que los medios surgieron como empresas mercantiles y así deben permanecer.
Nos referimos a la reciente crisis surgida entre el gobierno venezolano, dirigido por su Presidente Chávez, y la corporación RCTV (Radio Caracas Televisión).
Veamos algunas instancias del asunto.
El 24 de mayo de este año leemos en Aporrea. com, la red cibernética oficial del gobierno de Venezuela, lo siguiente:
“La campaña desestabilizadora que ya se desprende desde varios medios de comunicación para tergiversar la naturaleza constitucional de la decisión de no renovar la concesión a RCTV no tiene fundamentación, dijo el ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información, William Lara.
La campaña mediática para tergiversar una decisión soberana carece de cualquier argumento sólido, pues pretende cuestionar la administración del Estado en las áreas estratégicas, tal y como lo establece el texto constitucional, áreas que son pertinentes al mantenimiento de nuestra soberanía nacional; los que critican la decisión de RCTV son los mismos que critican las políticas de integración latinoamericana que ha impulsado exitosamente el Gobierno bolivariano”.
Estamos siempre de acuerdo con la libertad de expresión pero más con el derecho a la comunicación. Y sobre todo con el de aquellas grandes mayorías a quienes en un momento dado secuestraron la voz y que ahora alguien del poder en Venezuela intenta reivindicar por encima de los que estando en minoría, pero también en el poder en el pasado, conculcaron siempre. Y, al parecer, de eso se trata todo este asunto de la no renovación del permiso de la emisora RCTV, y a la que el gobierno de Chávez acusa de golpista. No tengo la menor duda de que si el Presidente de Venezuela hace un referéndum para tomar la última decisión, ganaría la no renovación, aplastantemente. Entonces de lo que se trata aquí es de sopesar cómo es visto el derecho a la libertad de expresión vs. el derecho a la comunicación de y por los grupos populares quienes, por primera vez, sienten que realmente son tomados en cuenta y participan en las decisiones gubernamentales que les afectan. ¿Cuántas veces RCTV hizo valer el derecho a la comunicación de la inmensa masa de pobres venezolanos en lugar de liar sus esperanzas con la oligarquía golpista y fracasada?
Un segundo factor a considerar es que cuando el señor Bush hace barbaridades y asesina en nombre de la democracia esos mismos medios de comunicación, que dicen operar por la libertad de expresión, hacen mutis y no condenan a este esperpento de la política estadounidense. Entonces, ¿qué clase de democracia defienden e impulsan estas mismas corporaciones mediáticas?.
Basados en la utopía allendista, en la de la revolución cubana- secuela de la soviética- y en la realidad puertorriqueña pensamos que el Presidente Chávez tiene tres alternativas ante el escenario que se le presenta, y que no deja de ser crucial.
En primer camino que se le muestra al Sr. Presidente es copiar la utopía tradicional socialista, emanada del modelo soviético abortado. En esta tiene que conculcar derechos a la minoría burguesa mediante una especie de dictadura de las clases populares. Aunque el vocablo “dictadura” suene anacrónico para muchos intelectuales de moda, son los mismos que suelen olvidar que la democracia burguesa no viene a ser otra cosa que la dictadura de la clase dueña del capital, pero con nombre eufemista, y que otorga derechos con cadena larga. Y sobre todo, estos intelectuales también gustan olvidar que los hijos de las mayorías nunca llegan a ser intelectuales, como ellos, porque no logran el privilegio del acceso a la mejor educación que pueden comprar sólo las clases acomodadas. No obstante, reconocemos que hablar de dictadura siempre fue antipático y mucho más si se ejerce o se pretende. Y también si se copia del pasado que no le ha sido nada beneficioso. Por ello, este primer camino no es recomendable para nuestro presidente Chávez.
Hay también una segunda vía un tanto cínica que se me ocurre y que el Presidente Chávez debe pensarla para que, por lo menos, la sume a su defensa contra sus atacadores. Es la vía que han construido y fomentado el poder estadounidense en la colonialidad democrática puertorriqueña, aunque suene contrasentido. En nuestro país no existe soberanía nacional sobre los medios y no hay ningún medio de radio ni de televisión que pueda ser propiedad de la izquierda puertorriqueña, debido a que es Washington el que otorga las licencias. No existe una agencia de prensa nacional que relate-con estilo propio- a nuestros hermanos internacionales los pareceres sobre la realidad que experimentamos y los sueños que profesamos, a pesar de la romántica Comisión McBride de mediados de los 70. Nuestros medios dependen de los conglomerados informáticos estadounidenses para que el mundo sepa algo de nosotros. A todo esto, el Congreso estadounidense ha abalado un aparato electoral donde el espacio que se ha asegurado a la izquierda criolla es de sólo un 5% a lo sumo. Esa es la democracia que los EEUU fomentan en Puerto Rico y la que busca que todos los países de la periferia caribeña y latinoamericana imiten. El Sr. Chávez pudiera hacer algo similar, renovar el permiso de esta emisora golpista pero que se asegure que no tenga más del 5% de espacio de participación en la vida llanera. Tal y como se hace con la disidencia en la democracia puertorriqueña, tanto mediática como política.
El tercer camino a ensayar no es otro que continuar la construcción del “hombre nuevo” cheguevariano, que Allende iniciara con tan mala suerte y contra todos los designios. Agenda que tiene que incluir nuevas formas de democracia participativa y popular en donde el pueblo, tenga voz y voto, no cada cuatro años sino cotidianamente. Para dicha construcción tiene también que vigilar las amenazas y afrentas que continuamente recibirá de los que, aunque en minoría, inevitablemente se sentirán ofendidos. También debe tener en cuenta los derechos adquiridos de todos bajo la democracia burguesa, pero que tanto las mayorías como las minorías disfrutan. En otras palabras el desafío para el Presidente sería sumar y no restar derechos de nadie, ni de clases ni de grupos, a la misma vez que construye el socialismo del siglo XXI. Lo de vigilar a los dueños del capital lo decimos en serio. Allende pagó muy caro su descuido. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) le advirtió con mucha suspicacia las tramoyas que la derecha chilena planificaban para el cuartelazo, junto a su principal aliado mediático, diario El Mercurio, y las agencias de inteligencia y corporaciones estadounidenses como la CIA y la ITT. Ello está harto documentado en aquel proceso. Sin embargo, Allende no se dejó llevar por los advertencias, confió demasiado en la buena fé de su pueblo, pero que lo dejó solo en la “hora de los hornos”.
El Sr. Presidente Chávez, en la crisis mediática que le han construido las fuerzas derechistas de su país tiene para escoger sólo uno de los tres caminos señalados. El primero no es muy recomendable debido, principalmente a los riesgos de repetir los errores del pasado y a que es un terreno muy minado por la disidencia intelectual tradicional. El segundo, de democracia “a la puertorriqueña”, aunque es un camino sembrado de cinismo, y aunque no podemos negar que todavía no ha sido factor suficiente para desembocar una guerra civil entre los puertorriqueños y que, además, ha creado la ilusión generalizada- y necesaria- en esta población de que se vive en una verdadera democracia, tampoco es recomendable por el hecho de que estaría copiando un modelo de sus propios enemigos..
Por tanto, el camino que debe transitar nuestro querido presidente, a mi juicio, es obvio. El que abra nuevos senderos y conduzca a reconciliar y concienciar a aquellos bolivarianos que perdieron el rumbo. El desafío no es otro que empezar a construir y fomentar nuevas participaciones de los que nunca participaron y resemantizar aquellas que se arrogaron siempre las clases que ostentaban el poder. Y cuando digo “resemantizar” me refiero a que no debe conculcar derechos adquiridos de sus enemigos para que no pase por el mote de dictadorzuelo que le han querido adjudicar. Se trata más bien de dejar que también participen, pero que sepan bien claro que no tienen el poder y que están siendo vigilados para que no conspiren en contra de las mayorías ni de sus consensos.
Sabemos muy bien que por ese tercer camino el Sr. Presidente parece coquetear. Ha empezado a ensayar participaciones populares nuevas allí donde nunca las hubo. Sin embargo, la historia ha dado visos de querer repetirse. Le advertimos que no baje la guardia y se empeñe en cuidar militarmente su trasero para que no se repita el pinochetazo- que ya una vez han intentado- pero también vigilando de no dejarse seducir o emborrachase demasiado con los cantos de sirena del poder absoluto.
Suerte, Sr. Presidente.
Referencias
Chomsky, Noam (1987). On Power and Ideology. The Managua Lectures. Boston: South End Press.
Chomsky, Noam (1992). Ilusiones necesarias. Control de pensamiento en las sociedades democráticas. Madrid: Prodhufi,
Dorfman, Armand y Manuel Jofré (1974). Superman y sus amigos del alma. Buenos Aires: Galerna
Dr. Salvador Allende. (2 diciembre de 1972). Discurso,Universidad de Guadalajara, México. Disponible en red: http://www.abacq.net/imagineria/discur5.htm.
Eco, Umberto (1969). Apocalípticos e Integrados ante la cultura de masas. Barcelona: Lumen.
Kaplún, Mario (1973). La comunicación de masas en América Latina. Bogotá: Asociación de Publicaciones Educativas.
Mattealrt, Armand (1973). La comunicación masiva en el proceso de liberación. México: Siglo XXI.
Mattealrt, Armand y Ariel Dorfman (1972;). Para leer al Pato Donald. Valparaíso: Ediciones Universitarias.
Mattealrt, Armand, Patricio Biedma y Santiago Funes (1971). Comunicación masiva y revolución socialista. México: Diógenes.
Mattealrt, Armand. (1972). Agresión desde el espacio. Cultura y napalm en la era de los satélites. México: Siglo XXI,
Mattealrt, Armand. (1974). La cultura como empresa multinacional. México: Era.
Mattealrt, Armand., Ariel Dorfman y otros. [1973?]. Imperialismos y medios masivos de comunicación. México: Quinto Sol.
Mattelart, Armand y Héctor Schmucler. (1983) América Latina en la encrucijada telemática. Buenos Aires: Paidós. México DF: Diógenes.
Mattelart, Armand. (1974) La comunicación masiva en el proceso de liberación. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.
Muraro, Heriberto (1974). Neocapitalismo y comunicación de masa. Buenos Aires: editorial Universitaria.
Pasquali, Antonio. (1963). Comunicación y cultura de masas. Caracas: Monte Avila
Pasquali, Antonio. (1978). Comprender la Comunicación. Caracas: Monte Avila.
Schiller, Herbert I. (1969, 1976). Comunicación de masas e imperialismo yanqui. Barcelona: G. Gili.
Silva, Ludovico, (1971). Teoría y práctica de la ideología. México: Nuestro Tiempo.
Taufic, Camilo. (1971). Periodismo y lucha de clases. La información como forma de poder político,Santiago: Nueva Imagen.
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9 Abril 2008
Buenos Días a todos y todas. Gracias por regalarnos un poco de su tiempo para escucharnos. Espero que no se arrepientan. Bienvenido nuevamente el Dr. Mattelart a Borinquen. Nos sentimos muy honrados con su visita por tanto tiempo deseada por quienes le conocemos desde los 70´s del siglo pasado.
He titulado mis cortas reflexiones a raíz de lo magistralmente expuesto por el compañero Mattelart como;
Prensa y periodistas. La incómoda utopía de todos los días*
“¿Por qué es tan difícil que los periodistas nos entiendan cuando hablamos del periodismo? ¿Por qué no podemos escribir nada acerca de esa profesión sin tener que justificarnos…?... ¿Por qué quienes detentan casi un monopolio de la difusión masiva de la información no toleran el análisis de los mecanismos que rigen la producción de la información y, menos aun, la difusión de la menor información al respecto?...¿Quién negó jamás que hubiera eminentes periodistas más bien del lado de los periodistas de encuesta y de investigación que de los editorialistas o animadores?…¿Por qué los más sensibles e íntegros de los periodistas, inquietos por la imagen real e ideal del periodismo, defienden al conjunto de la profesión y por lo tanto a los más indefendibles…de sus colegas?”
Las interrogantes anteriores no son mías, aunque hubiera querido. Pertenecen a un conciudadano de nuestro invitado magistral. Pierre Bourdieu, reflexionó de esa manera en su último trabajo que nos llega traducido como, Pensamiento y acción (2002). En dicho texto, entre otras cosas, hace una crítica visceral del periodismo de su país, Francia, especialmente el del espectáculo televisivo y sus desencuentros con los intelectuales y su trabajo, como él mismo. Para Bourdieu, el periodismo se analiza más desde la posición del mediador, del periodista, que de las condiciones mercantiles de la producción de las industrias mediáticas y culturales. El periodismo aparece como un 'campo', esto es, como un universo con autonomía, cuyo capital simbólico, su identidad profesional, le reviste de una ética y una función social que no se corresponde con la conducta de la propia práctica profesional.
No parecen estas reflexiones de Bourdieu muy ajenas a las que se pueden hacer sobre el periodismo en otros países, incluyendo Puerto Rico. Sin embargo, y en función con lo expuesto por el Dr. Mattelart, me interesa reflexionar sobre los desafíos que se le presenta a la prensa en estos tiempos en que todo lo sólido parece desvanecerse en el aire, en lo que respecta a su contribución para construir una mejor sociedad, léase su carácter utópico. Cuando hablamos de lo sólido nos referimos a las luchas materiales que hay que dar para construir y patentar la participación auténtica de los sujetos sociales en la diversidad de la sociedad que busca ser pluralista.
Así pues, si hacemos un ejercicio parecido al de Bourdieu, y sopesando las reflexiones del colega Mattelart, hay espacio para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo dialoga hoy en PR la prensa con su propio trabajo y con otros campos?¿Qué puede esperar el pueblo receptor del trabajo de los comunicadores sociales en su lucha cotidiana contra los vendavales de las políticas oficiales de exclusión, discriminación y vasallaje? ¿Cuál es la expectativa que tienen los consumidores mediáticos de su representación a través del trabajo de la prensa, aún proviniendo dicho trabajo del espacio privado?, y, por último, ¿Cuál es la utopía, que se propone desde el espacio del pensamiento mediacional una vez se expide la crítica del déficit, de las fallas?
Hoy lo comunicacional parece diluirse en otros campos y el mayor desafío, tanto para los profesionales como por los intelectuales mediáticos, parece ser el distinguirlo y rescatarlo. Bourdieu diría que el sociólogo es sociólogo porque lo es y no sólo porque hace sociología. De la misma manera todo el que hace comunicación no es comunicador ni menos comunicólogo. Es necesario el entrenamiento y compromiso con la investigación en la disciplina para merecer el título. Heriberto Muraro le añadía el compromiso con la agenda de cambió y la construcción de utopías. Pero no sólo se trata de la reconstrucción de las utopías de otros tiempos, sino las que aparentemente emergen desde la convocatoria cultural. El desafío grande que se le presenta al comunicador social va por ahí: contribuir con la producción de sus textos a elevar el nivel cultural de sus públicos, apartar la paja del trigo y no caer en la chapucería del relato vulgar, “Light”, fácil y sensacionalista. Es decir, ofrecer a sus públicos vías alternas de educación y liberación cultural (Fernand Terrou., 1971) en su negociación con lo comercial y pedestre. Me refiero, claro, a la prensa como parte de la industria de la cultura.
Si algo detona desde el 9-11 es la urgencia de la inclusión de las culturas discriminadas y olvidadas en la convocatoria consensual de la democracia planetaria.
Otro desafío utópico que hay que enfrentar- aunque en verdad, siempre estuvo ahí- es detener las fuerzas que atentan a favor de lo que Mattelart llama “reducción de la democracia”. Un patriota estadounidense del siglo 18 llegó a decir, “prefiero un país sin gobierno a uno sin periódicos”. Pareciera que lo que implicó fue que la democracia es un ejercicio, una práctica cotidiana y no una forma de gobierno. Es decir, la democracia hace los gobiernos y no a la inversa. No puede ser dirigida sino vivida y compartida. Es la comunicación la ficha más importante en ese juego gramsciano porque es la que principalmente se encargará de vigilar, denunciar y contribuir a enjuiciar a esas fuerzas que impulsan la agenda de la reducción de la democracia. Y en lo que nos compete, hacer lo propio con esos poderes capacitados de mucha estupidez política que se confabulan con sus pares de cristiana estupidez para adelantar engendros tales como la Resolución 99.
Y había que decirlo, y el Dr. Mattelart lo ha dicho con suma claridad:
“no puede haber diversidad cultural sin diversidad mediática. Mas, no puede haber políticas culturales sin políticas de comunicación. Y recíprocamente”.
Por ello es obvio el desafío para los comunicadores sociales en su negociación con el poder; investigar la diversidad cultural del país, fomentar su respeto e inclusión y abogar porque el poder haga lo propio.
Hay académicos de otros saberes que subestiman el trabajo de la prensa en nuestra democracia, tanto en su forma como en su contenido. Sobre todo el del periodismo comercial, que no pocas veces se autoerige como representante de la opinión pública. Muchos de ellos no pueden entender la aparente contradicción que reside en representar lo público desde lo privado (recuérdese aquí la polémica del exgobernador Rosselló con Danilo Arbilla, éste último directivo de una asociación de dueños de periódicos). He ahí uno de los grandes desafíos privilegiosos de la prensa en nuestras democracias- aunque sean éstas coloniales- vigilar y aprovechar las oportunidades que se presenten para asumir la representación popular, aunque sus intereses los dicte el capital privado. Para ello, a mi juicio se necesitan tres ingredientes por lo menos e inseparables; la honestidad, la capacidad y la valentía. Recuerdo en este espacio a Evaristo Izcoa Díaz, Nemesio Canales, Juan Antonio Corretjer, César Andréu Iglesias, Néstor Concepción, Tomás Stella y Manny Suárez. En el caso de la empresa, no parece haber otra salida que el forcejeo que se daría entre poder y poder. Es decir, más allá de la responsabilidad individual del periodista, la empresa también puede asumir ese espacio de representación toda vez que el poder político se aleja del cumplimiento de su proyecto electoral y sea denunciado por la prensa y darle voz a las mayorías defraudadas. Creo que fue el maestro Martín Barbero que hablaba de aprovechar esos “intersticios de representación” de parte de la comunicación.
Existe una justificación universal popularizada de los errores que reza; “nadie es perfecto”. Pero también hay errores muy costosos. Y si suceden en el trabajo comunicacional, todavía peor. Siempre he sostenido- y perdón a mis estudiantes por la necedad- que trabajar con la información no es un trabajo cualquiera, y mucho menos desde la colonialidad. El desafío utópico final no parece ser muy difícil. Lo hemos señalado en otras fuentes: transformar la información en comunicación, con el fin de, como apunta Mattelart “producir un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión (en este caso de acción social y cultural) de la sociedad
No hacerlo sería, concluye el Maestro que nos visita, dirigirnos “hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación de los derechos”.
Muchas gracias.
* Ponencia presentada el 6 de marzo de 08 con motivo de IV Jornada José Rafael Echevarría del recinto de Bayamón de la UPR, como reacción a la Conferencia Magistral del Dr. Armand Mattelart.
servido por torriente
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